viernes, 27 de diciembre de 2013

Sanando el Corazón


 
 
Hemos escuchado muchas veces que a alguien le “duele el corazón” y no en forma literal, sino que sienten un dolor tan grande en su ser y es algo que los lastima que lo relacionan con el corazón  porque creemos o le damos la interpretación de que es de donde “brotan” los sentimientos y no es así.

Nuestro corazón es un músculo en el cual, bueno viéndolo de otra manera, no podríamos vivir sin el, es el que se encarga de regular la presión sanguínea, quien bombea con ritmo preciso la sangre a todo nuestro cuerpo, la sangre que nos da vida también, pues  recordemos que dice (Lev 17:11 a) dice:
“porque la vida de la carne en la sangre está”… así que ese músculo es el centro de la vida. Cuando digo que sanemos nuestro corazón no tiene nada que ver con la forma corporal, nada de enfermedades en el cuerpo ni nada por el estilo. Es algo más interno, mas de dentro de cada uno de nosotros… deseo mencionar algunos versículos de la Biblia que hablen acerca del corazón de la forma en la que quiero mostrarlo.

Como es el centro de la vida de cualquier persona o cualquier creyente veamos que dice Pr 4:23

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de el mana la vida”

¿Para que guardo mi corazón? Para no ser lastimado, para mantenernos limpios para Dios, pero lo más importante es porque en nuestro corazón vive Jesucristo, ( Ef. 3:17a ) él vive en el, y me gusta pensar que debe estar limpio y sano para que Él viva en un lugar digno de un Rey.Es como nosotros, a nadie le gusta vivir en un hogar sucio, deteriorado y lleno de animales, a  nadie...
Han habido circunstancias que nos han lastimado, nos han herido, nos han hecho dudar de nosotros mismos, dudar de Dios, nos han hecho enojar y sentir rencor… todo eso nos ensucia el corazón, hace que nuestro corazón se contamine con sentimientos que no son de parte de Dios, que no nos edifican y que muy por el contrario del plan perfecto de Dios, nos separa de Él, como dice en el Salmo 24:3-4   “¿quién   subirá  al  monte  de  Jehová?    ¿y quién  estará  en  su  lugar   santo?            El limpio de manos y puro de corazón…  porque un corazón endurecido no busca con todo a Dios,  a veces un corazón dolido nos lleva a orar con fervor para su sanidad, el corazón endurecido nos aleja de Dios, no nos permite entrar a su presencia, y muchas veces lo sabemos, pero no hacemos nada para acelerar el proceso de sanidad y así entrar de nueva cuenta a la presencia de Dios.
Nuestro corazón, es el hogar de Jesucristo, Él habita en ese lugar, preguntémonos como está nuestro corazón el día de hoy, ¿está lo suficientemente pulcro para que nuestro rey viva en el cómodamente? ¿O aún tenemos que hacer limpieza en algunas áreas? Yo creo que aún tenemos lugares que limpiar, día a día hagamos limpieza de nuestro corazón, y controlemos la carne, para así poder vivir más conforme al espíritu y que nuestro corazón día a día se limpie.  2 Cor 7:1 dice: “ Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” . Si se puede hacer, tener un corazón limpio, lo creo en fe, porque la Biblia hace mención de varios de estos ejemplos.
Veamos por ejemplo que dice
 Mateo 5:8 “bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”

Así que creo que se puede lograr, si no, la Biblia no mencionaría la limpieza de corazón en los hombres, es una combinación con la santidad, la pureza de corazón. Limpiémoslo de toda suciedad que hayamos permitido entrar en él.
Si limpiamos nuestro corazón veremos a Dios, y estoy convencida de eso, he visto como  personas  que anhelan la pureza de corazón como les es más fácil entrar a la presencia de Dios, y tiene explicación bíblica como vemos en mateo 5:8 y Jer 24:7 dice:
“Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón”
Dios nos pide que nos entreguemos a él con todo nuestro corazón, y que mejor hacerlo con un corazón limpio, sano y santificado, un corazón conforme a su corazón, lleno de paz y limpio de toda maldad, sanemos nuestro corazón.

Como dije antes, un corazón dolido muchas veces busca de Dios con más fervor, un corazón endurecido por el dolor no lo hace así y un corazón sucio por las mismas circunstancias tampoco lo hace. La buena noticia es que Dios nos ha dado discernimiento, y sabemos cuando no estamos tan limpios como quisiéramos, solo tenemos que decidirnos a limpiarlo y actuar cuanto antes en ello, esto para no estar tanto tiempo lejos de Dios por esa causa, cuando estamos heridos o enojados o con rencor, no nos acercamos a Dios, y lo menciono porque alguna vez lo experimente y he escuchado varios testimonios acerca de eso, pero todo eso se podría evitar si tan solo aprendiéramos a guardar nuestro corazón y así mantenerlo limpio, sin raíces de amargura, o si ya permitimos “ensuciarlo” bueno también tenemos buenas noticias,(Sal 19:12) pues cuando reconocemos que sí,  que necesitamos una limpieza a nuestro corazón solo necesitamos hacer una cosa…
1.     Acercarnos a Dios y pedirle nos limpie de toda maldad. Él es fiel y sé que lo hará, solo volteemos a verle y pidámosle su limpieza y el lo hará.

Como dice en Salmo 51: 2 y 7
“Lávame   más  y  más  de  mi  maldad,  y  límpiame  de  mi  pecado.    Purifícame    con   hisopo,                 y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve”
Pidámosle limpieza y estemos dispuestos a mantener limpio nuestro corazón, nada mejor que tenerle a Jesús un lugar limpio donde habitar, después de todo Él es quien nos ha limpiado de toda maldad y nos ha rescatado y nos ha llevado a lugares celestiales, que sea para alabanza de su nombre y en forma de agradecimiento por lo que ha hecho por nosotros.

“en aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y la inmundicia”     Zac 13:1
“Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”     Ap 7:14
  

PUNTOS PARA RECORDAR:

a.     Reconocer si hemos permitido que se ensucie nuestro corazón

b.     Pedir perdón y perdonar a las personas o circunstancias que nos han lastimado.

c.     Orar a Dios para que sea Él quien lo limpie.

d.    Reconocer que por la sangre de Jesús hemos sido renovados.

e.     Discernir y guardar nuestro corazón para mantenerlo limpio.
 
 
Agradecida




 
 

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