miércoles, 29 de enero de 2014

¡Respira!



Mientras te escribo esto me encuentro en mi habitación con la t.v. al fondo pues mi amado esposo mira el futbol deseando que gane la selección, bebo mi café que se enfría más rápido de lo acostumbrado o tal vez es que me adentro tanto en lo que escribo que olvido beberlo de cuando en cuando, la tranquilidad en el hogar se percibe al no escuchar ningún ruido ajeno al de los comentaristas deportivos, la calle se encuentra vacía por el frío que se siente en la ciudad y mis hijos duermen plácidamente en la habitación de enfrente...

Pero en el día no es así, nada parecido a la tranquilidad que se vive en mi hogar después de las 9 p.m. mi día comienza muy temprano, las responsabilidades como esposa, madre y ama de casa parecieran no terminar nunca, y cuando por fin pienso que ya tendré un tiempo para mi, me doy cuenta que olvidé hacer algo y lo retomo nuevamente, para ese entonces ya debo preparar la comida, ir por los chicos al colegio, atender a mi esposo, tareas, juegos, ducha, preparar todo para la mañana siguiente, estrés porque no se duermen temprano y mi paciencia se agota y de pronto recuerdo respirar...

¡Respira! me digo una y otra vez para mis adentros, pues es eso o terminar frustrada llorando en las escaleras por la presión de querer hacer las cosas con excelencia y a la primera. 
¡Respira! No siempre es necesario hacer todo de manera impecable si no lo disfrutaste.
¡Respira! El hogar no se caerá porque no limpiaste lo suficiente hoy.
¡Respira! Tu esposo y tus hijos te aman aún cuando fallaste en el hogar hoy.
¡Respira! ¿De qué sirve afanarte con todo si no hay descanso que te llene?

¡Respira! en verdad respira... y ve lo privilegiada que eres al tener un hogar que limpiar
Respira y observa las paredes que tus hijos rayaron al crecer y jugar.
Respira y diviértete al ver a tu hijo danzar, correr, patinar de grande tal vez lo añorarás.
Respira y agradece a Dios por esos tiempos que hoy tienes y que no regresarán, vívelos ahora vívelos hoy, disfruta cada minuto, cada lugar en tu hogar, cada grito, cada travesura, cada demostración de amor lleno de inocencia de tus hijos...

Disfruta... Respira... Vive...

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

Tiempo de nacer, y tiempo de morir;
tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 
tiempo de matar, y tiempo de curar;
tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 
tiempo de llorar, y tiempo de reír; 
tiempo de endechar, y tiempo de bailar; 
tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; 
tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;
tiempo de buscar, y tiempo de perder;
tiempo de guardar, y tiempo de desechar; 
tiempo de romper, y tiempo de coser; 
tiempo de callar, y tiempo de hablar; 
tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; 
tiempo de guerra, y tiempo de paz.
¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?

Eclesiastés 3


Tomate un tiempo para ti, sólo para ti, es necesario, tu cuerpo, tu mente y tu familia te lo agradecerán, recarga pilas, ámate, consiéntete y ¡a vivir!


Agradecida Sirviendo

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