miércoles, 12 de marzo de 2014

Su Reino en mi hogar



Aplicando los Salmos en mi matrimonio



Un pacto no se puede romper y mucho menos cuando en dicho pacto está Dios incluido.


¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido diciendo: Rompamos sus ligaduras y echemos de nosotros sus cuerdas.”

Salmo 2:1-3


Cuando nos casamos hicimos un pacto con Dios, aceptamos “términos y condiciones” para formar un hogar donde nuestro Dios sería el centro, y haríamos todo lo posible por siempre mantener a salvo nuestro matrimonio; eso lo dijimos ante el altar: “En la salud y en la enfermedad; en la riqueza y en la pobreza…”


Entonces, ¿Por qué muchas ocasiones preferimos huir? Es tanto el enojo o la frustración que podemos llegar a pensar que todo estaría mejor si disolviéramos el matrimonio.


“Fue un error”, “Tenemos incompatibilidad de caracteres”, “Lo que me hizo es imperdonable” y otras razones que podrían ser válidas desde el punto de vista terrenal, porque para Dios no hay imposibles, y eso que a nuestros ojos no tiene remedio, a los ojos de Dios es sólo una forma más de conocerse en pareja y practicar lo que alguna vez nos prometimos en el altar.



“El que mora en los cielos se reirá: El Señor se burlará de ellos, luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira. Pero yo he puesto mi rey sobre Sión, mi santo monte.”

Salmo 2:4-6



¿Por qué hacer enfadar a Dios? Cuando nos casamos lo hacemos con la mentalidad y la convicción de que será “para toda la vida” por eso es que hacemos un pacto ante Dios en el altar, pues confiamos en que Él nos sustentará y nos comprometemos a dar lo mejor de nosotros para que nuestra unión sea exitosa; uno no se casa pensando “si no funciona me divorcio”  porque entonces estaríamos dudando del poder de Dios para sacar a flore nuestro matrimonio en cualquier situación por difícil que parezca.



Nos casamos reconociendo que Jesús, su reino ha sido establecido en nuestro matrimonio, en nuestro hogar y no podemos (y no creo que queramos) disolver algo en lo que Él es el Rey y Señor, sería como desertar y decirle que ya no estaremos más a su lado en lo que prometimos el día de nuestra boda.



Esto no es para condenarnos por si acaso nos ha sucedido anteriormente, sino que es para hacer un alto, analizar la situación y ver de qué manera junto con Dios podemos salir adelante y hacer madurar nuestro matrimonio.



“Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme y te daré por herencia las naciones y como posesión tuya los confines de la tierra.”

Salmo 2:7-8



Publiquemos su decreto, somos sus hijas, pidámosle aquello que nos ha sido dado por heredad, un matrimonio próspero, un esposo temeroso de Dios, ser una esposa idónea y virtuosa,  una familia unida y que juntos le sirvamos a Dios.  No sé que más te haya dado nuestro Señor, pero agradezcamos por cada una de esas bendiciones y confiemos orando que el Señor es fiel para con nosotros y que si le pedimos nuestra heredad recibiremos eso y más… “hasta los confines de la tierra”



“Ahora pues, oh Reyes, sed prudentes, admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor. Honrad al hijo para que no se enoje y perezcáis en el camino, pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en Él confían.”

Salmo 2:10-12



Mujer… seamos sabias, te he compartido antes que nosotras somos de gran influencia en nuestro hogar ¡actuemos orando! Ganemos cualquier situación que pudiera salirse de control o de nuestras manos y entreguémosla a Dios en oración; seamos prudentes y actuemos antes, oremos para prevenir y no sólo para solucionar.


Démosle a Jesucristo el lugar que le corresponde en nuestra vida y en nuestro hoagr ¿Quién mejor que Él para darnos la victoria?


Confiémosle a Él nuestro matrimonio, nuestra vida, nuestro esposo y cedámosle el control, será de gran bendición… No te desanime  mujer, Dios es bueno…



Padre entregamos en tus manos nuestro matrimonio, nuestro hogar, nuestro amor conyugal, para que seas tú quien reine y gobierne nuestros corazones, hoy confiamos en ti y sabemos que tú harás lo mejor en nuestra unión, pues estás incluido en él desde el día que nos dimos el “si” frente a tu altar… gracias amado Dios, amén.




Dedicada a servirle





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