viernes, 23 de mayo de 2014

CUIDANDO EL REBAÑO






El papel de la mujer en la sociedad ha ido cambiando con el paso del tiempo, anteriormente la mujer estaba dedicada 100% al hogar, a cuidar y velar por los hijos y estar al pendiente de las necesidades del varón y del hogar en si.


Conforme han pasado los años, se han dado más oportunidades a la mujer en el ámbito escolar, laboral y ministerial, etc., con movimientos como el de la igualdad de género y la liberación femenina la mujer ha cambiado el hogar por una oficina.


Tenemos la capacidad para hacerlo, hay mujeres que estudian, trabajan y aparte son líderes de hogar o esposas y madres; podemos hacerlo y, modestia aparte, lo hacemos bien.


Se levanta aun de noche
Y da comida a su familia
Y ración a sus criadas.
Considera la heredad, y la compra,
Y planta viña del fruto de sus manos.
 Ciñe de fuerza sus lomos,
Y esfuerza sus brazos.
Ve que van bien sus negocios;
Su lámpara no se apaga de noche.
Aplica su mano al huso,
Y sus manos a la rueca.
Alarga su mano al pobre,
Y extiende sus manos al menesteroso.
No tiene temor de la nieve por su familia,
Porque toda su familia está vestida de ropas dobles.

Proverbios 31: 15-21


Sin embargo, aunque podemos ser la mujer maravilla y hacer mil cosas al mismo tiempo llega un momento en el que debemos detenernos. Tal vez estés pensando “Karla ¿detenerme? No, no puedo dejar de trabajar ni de ver a mis hijos ni nada de ello” pero déjame te cuento que es necesario parar un poco, detenerte en toda esa rutina de corre, corre, respirar y analizar para mejorar.


Llega el momento en que debes tomar la mano de tu varón, verse a los ojos y observar que hay dentro de tu hogar que debas cuidar más… claro, tus hijos…


“Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas,
Y mira con cuidado por tus rebaños”

Proverbios 27:23


Nuestro principal ministerio es la familia que Dios nos ha dado, todo lo demás que tenemos es una añadidura para que vivamos bien, de acuerdo a nuestra propias metas; pero después de cuidar nuestra vida espiritual donde Cristo es el centro de nuestra vida y nuestro matrimonio, están nuestros hijos, esos niños, niñas, jóvenes, adultos que Dios nos ha prestado y nos ha encomendado para instruirlos en su camino.


“Instruye al niño en su camino,
Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”

Proverbios 22:6




¿Qué estamos haciendo como matrimonio para cumplir ese mandato?


Tuve la dicha de crecer en un rancho donde habían muchas ovejas, mi padre un hombre sabio de quien aún sigo aprendiendo era el encargado de cuidarlas, recuerdo como cuidaba de ese rebaño como si fueran suyas, apartaba las ovejas grandes de las pequeñas para que no les quitaran la comida a las más indefensas, las vacunaba, les daba vitaminas y en el tiempo de reproducción unía a las ovejas para procrear, después de ello las “guardaba” para que en el momento de parir fuera sin complicaciones.


Sabía perfectamente cuantos machos tenía, cuántas hembras, cuántas de ellas estaban preñadas, cuántos cabritos les nacían, color, sexo, etc. Y les tenía tanto cuidado porque:



Primero  él entregaba cuentas a su patrón y no podía dar un dato erróneo.

Segundo del cuidado que mi papá le diera a cada cría, dependía si fructificarían en un futuro

Tercero mi papá estaba dedicado a ellas todo el tiempo pues eran su responsabilidad.


¿Cómo lo lograba? Observando, pasando tiempo con ellas en el corral, asesorándose con veterinarios y siendo diligente. No recuerdo que alguna vez dijera que había olvidado vacunarlas, de hecho, su secreto era una pequeña agenda dónde anotaba lo que debía hacer por fecha, y si había algún incidente lo anotaba también.


Me gusta pensar que a eso se refería el proverbista cuando nos insta a mirar nuestro rebaño y ser diligentes en el estado de nuestras ovejas. Cada uno de nuestros hijos tiene una identidad propia, una forma de ser que lo diferencia del mundo, date cuenta si tienes más de 2 hijos o hermanos, aunque procedemos de los mismos genes, somos totalmente distintos, tal vez tengamos parecido físico o hasta actitudes que denotan que somos hermanos, pero ninguno es igual al otro, cada quien vive su propia vida, esa es parte de la grandeza de Dios quien nos ha hecho a Su imagen y con su identidad.


¿Realmente conocemos el estado de nuestros hijos?

Me encantaría pensar que si porque tengo comunión con ellos, porque son pequeños aún y porque les hemos dado la confianza de hablar con nosotros, pero ¿qué pasa si ellos no se comunican con nosotros? O ¿qué pasa si nos ocultan algunas cosas? No siempre conocemos a fondo a nuestros hijos, debemos estar muy alerta a cualquier cambio en su actitud, en su forma de hablar, en su forma de vestir, en la forma en la que hablan con sus amigos, con sus hermanos, en cómo son consigo mismos, qué es lo que ven, lo que escuchan, con quienes se relacionan cuando no estamos presentes, cómo se expresan de nosotros, en fin, la lista puede continuar. Tal vez sea un poco excesivo lo que te comento, pero en la actualidad se requiere que les prestemos más atención porque no solamente ha habido cambios tecnológicos sino que desafortunadamente se han perdido de vista valores, a muchos padres ya no les interesa la disciplina, y cada vez están más lejos de sus hijos, prefieren suplir las necesidades afectivas que tienen con tecnología aunque pierdan la comunión con sus hijos.


Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas.


¿Cuántos hijos tienes? Si tienes más de dos sabrás que no podemos tratarlos de la misma manera porque tienen características diferentes, así que usando el ejemplo de mi padre veamos qué podemos hacer para estar más al pendiente de lo que pasa con ellos.


1.     Obsérvalos.- dentro y fuera de casa, sean chicos o sean adolescentes es bueno conocer su actitud, es maravilloso pensar que ellos son de igual forma en todos lugares, y si lo es así ¡qué bendición! Pero si es lo contrario entonces tenemos que actuar, orar, hablar con ellos e indagar porque su actitud es diferente a la que muestra en el hogar, tal vez hayan cosas que desconocemos y ese puede ser un buen punto de partida para mejorar.


2.     Sepáralos.-  no me refiero a una separación física sino a “separar” tiempo para cada uno de ellos en específico. Te darás cuenta de cómo es que ellos se abren contigo cuando les das esa pauta de confianza, ese tiempo que tal vez sea de una hora diaria con cada uno o si tus actividades no lo permiten, cada día libre dedicarle un tiempo específico individualmente puede hacer la diferencia. Mi relación crece con mi hijo mayor el día que dedico un tiempo solo a él, puedes invitarlo a tomar café, a ver las nubes en el pasto, una película, no se… pero tomate un tiempo para ellos.


3.     Hazte su amiga.- que ellos sepan que pueden confiar en ti, que no solo te vean como la que pone reglas, la que manda, la que disciplina sino que vean en ti a la mujer que daría su vida para que ellos estén bien, un voto de confianza donde antes de correr a contarle a alguien más sus dudas o miedos corran contigo porque saben que el mejor consejo se lo darás tú sin hacerlos sentir culpables, sino apoyados.


4.     Escúchalos.- pero realmente hazlo, no solo los oigas, pon atención a lo que dicen y cómo lo dicen, por lo regular conoces cómo se comportan y sabes su estado de ánimo, pero no está por demás escuchar a detalle su plática, tal vez sean conversaciones muchas veces que no tengan trascendencia para ti como adulto, pero ellos pueden estar abriendo su corazón contigo, no pierdas la oportunidad de estar en el momento preciso para escucharlo.


5.     Vive con ellos.- involúcrate en su vida, conoce sus gustos, sus temores, sus pasiones, sus sueños, sus motivos para crecer, su forma de ver la vida; juega con ellos, déjalos ser niños, que crezcan solos, que experimenten por si mismos pero de tu mano para cuando necesiten un impulso, concéntrate en que ellos estarán contigo un gran tiempo con el favor de Dios y que estás formando a un varón que será padre de familia, a una mujer que será madre de familia y que a su vez algún día serán el ejemplo para sus propios hijos, no pierdas la oportunidad de sembrar en sus corazones la Palabra de Dios.



Mi oración antes de hacer este estudio fue que nuestro Dios me diera una Palabra para que cada mujer creciera pero que primeramente me enseñara a mí, que me instruyera a mí, te confieso que durante el tiempo que llevo escribiéndote he tenido un nudo en la garganta porque mucho tiempo no apliqué lo que hoy te comparto, mucho tiempo me enfoqué tanto a mi profesión y a ser proveedora en mi hogar que perdí de vista lo que realmente importa: mis hijos.



No quiero decir que si trabajas dejes de hacerlo para dedicarte a tus hijos, sino que te des un tiempo tal vez mínimo para ti pero que te aseguro será de bendición para tus hijos. Cuidemos con diligencia a esos pequeños que Dios nos ha prestado, pues algún día entregaremos cuenta a nuestro creador de lo que hicimos con las ovejas que nos encargó.




{ORACIÓN}

Padre, en el nombre de Jesús nada como tu Palabra para refrescar mi alma, que bendición es contar con tu dirección para crecer día a día y aplicar lo aprendido. Hoy mi amado Señor te doy gracias por cada uno de los tesoros que me has encomendado cuide para ti el tiempo que tengas establecido, gracias por el corazón de cada uno de ellos, por su identidad, por hacerlos tan diferentes uno del otro, por cada alegría que me han dado, por cada berrinche que han hecho porque aprendo de tolerancia y paciencia, gracias por cada beso de amor que me dan porque sé que eres tú amándome a través de ellos, permíteme ser un modelo a seguir para ellos, instrúyeme como debo actuar para que ellos puedan confiar en que mis actitudes están basadas en tu Palabra y que son dignas de confianza. Perdóname Señor por el tiempo que enfoque mi mirada en otra dirección distinta a ellos, sólo te pido que me des la oportunidad de resarcir ese tiempo y que podamos estar en comunión todo el tiempo, bendícelos a cada uno con la bendición de Abraham, de Isaac y de Jacob y tenlos en el hueco de tu mano y bajo la sombra de tus alas pues creo en fe que habitamos a tu abrigo. Gracias, gracias, gracias amado Jesús por tu amor, tu confianza en mí como madre y por no dejarme ¡nunca! Te amo con cada átomo de mí ser. Amén.



Cuidemos el rebaño




Dedicada a Servirle



Karla




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Siendo Única

lunes, 19 de mayo de 2014

Siendo única






Anoche mientras bebía café con mi amado esposo y platicábamos acerca de lo que hemos hecho como pareja y como padres, llegamos a la conclusión de que aún nos falta mucho por aprender y mucho por enseñarle a nuestros hijos.


Hacíamos remembranza de nuestra vida cuando recién nos casamos y como es que hemos cambiado con el paso de los años y lo mismo cuando tuvimos nuestro primer bebé y ahora con el tercero y ¡no es lo mismo!


Hemos madurado sin duda, dejamos de “jugar a la casita” y terminamos nuestra novela para comenzar a escribir nuestra historia. Eso sólo lo pudimos experimentar hasta que decidimos los dos rendir nuestra vida a Dios, recién ahí comenzó todo a fluir como tenía que ser. Los roles de cada uno los tomamos muy en serio, nuestra vida devocional mejoró y comenzamos a vivir a la manera de Dios ¿cómo? Obedeciéndole, buscándole, tratando de hacer las cosas que le agradan, fallamos claro, pero confiamos en que si nos levantamos nuevamente podemos retomar lo ganado.


Y de pronto recuerdo como me comparaba con alguien más y pensaba cosas tales como:


·        “Caray, no soy tan buena esposa como ella”
·        Si tan sólo fuera tan buena mamá como ella”
·        “No creo poder ser buena amante con mi esposo”
·        “Me comportaré como ella se comporta con sus hijos”
·        “Me vestiré como ella para gustarle a mi esposo”
·        “Hablaré lo mismo que ella”
·        “Los llevaré al mismo colegio”
·        “Saldré los viernes con mis amigas para estar en onda”


Y cosas por el estilo, ¿Te ha pasado? ¿Has tenido pensamientos que te hacen dudar de la capacidad que tienes? Tranquila, no eres una súper mujer a la que todo debería salirle ben, somos humanas imperfectas y estamos todos los días aprendiendo a ser mejores, y si acaso has tenido pensamientos similares a esos, es porque probablemente estés “bajo ataque”



El enemigo de nuestra alma, el diablo, quiere matar, robar o destruir todo aquello que tenga que ver con nosotras y si puede matar nuestras expectativas, robarnos la paz haciéndonos dudar, o destruyendo la identidad que Dios nos ha dado, entonces él habrá ganado la batalla.



Pero hay una buena respuesta a sus ataques.

Primero: Nosotras hemos vencido por medio de la sangre de Cristo.

Segundo: tú tienes la identidad de Cristo, Él nos creó únicas a cada una, no pretendas vivir el matrimonio ni la vida de alguien más; cada una tenemos una identidad, un propósito único y una vida propia para vivirla de acuerdo a Dios.


Así que la próxima vez que venga a tu mente pensamientos de esa índole recuerda:



Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Filipenses 4:8


Lo que me he dado cuenta es que cada ataque contra mi o contra mi matrimonio, por lo regular es justo antes de tener alguna experiencia con Dios, algo bueno sucederá y ¡pum! Los ataques a mi mente vienen.


Lo importante amiga mía es que, si tú lo experimentas también ¡alabemos a Dios por ello! Porque entonces quiere decir que vamos bien; si el diablo tiene que atacarnos así para hacernos caer, entonces es por nuestro amor a Dios.


No te rindas, si ya lo identificaste entonces ¡manos a la obra! Cuando tengas esos ataques recuerda que Jesús ya venció, mantente alerta, firme y decidida para guerrear en oración por ti, por tu matrimonio, por tu rol de mamá y sal una vez más victoriosa en Jesús.



“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;  llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos."

1 Corintios 4:7-10


{RECUERDA}

1.      Soy única.
2.      Su vida no es la mía.
3.      Tengo todo para ser feliz.
4.      Soy una obra perfecta de Dios.
5.      Mi vida mejorará por gracia de Dios.
6.      Dios, mi esposo y yo trabajamos en conjunto.
7.      Soy de mi amado y el es mío, juntos nos apoyamos.
8.      Seré mejor mamá por el temor de Dios que hay en mí.
9.      No importan los pensamientos negativos, en mi mente estará todo lo que es digno de alabanza.
10. Dios sigue creyendo en mí.


TIP:

Haz una lista de esos ataques a tu mente o a tu matrimonio y ora para erradicarlos, sabiendo que con Jesús tenemos libertad.


{ORACIÓN}

Padre en el nombre de Jesús, gracias por esos ataques que me hacen dar cuenta de que mi amor por ti es mayor, gracias porque me das la capacidad de entender que todo ello es porque las cosas que estoy haciendo te agradan, sólo te pido que me des el discernimiento para identificar cuando son ataques que debo erradicar con oración y para diferenciar cuando es una mala conducta mía. Pongo delante de ti todos mis pensamientos negativos para que sean llevados cautivos a la obediencia en Cristo y yo pueda pensar todo lo bueno, todo lo puro, todo lo agradable y todo aquello que sea de alabanza, te pido me permitas renovar mi mente y reconocer que ya no soy yo quien vive sino Cristo en mi y que su mente es mi mente, en Cristo Jesús, amén.




Dedicada a Servirle

Karla


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La Armadura en el Matrimonio

jueves, 15 de mayo de 2014

La Armadura del Matrimonio





Qué tan grande es el peligro en el ámbito espiritual, que nuestro amado Padre nos ha otorgado una armadura y no cualquiera… ¡SU armadura!


Seguramente has leído Efesios 6:10-18



“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.
 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.  Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.  Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.  Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,  y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.  Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.  Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;  orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”

Efesios 6:10-18



En la antigüedad los varones de guerra usaban una armadura que se utilizaba para proteger el cuerpo del combatiente, era de suma importancia que ellos no la descuidaran puesto que era de vida o muerte el tenerla puesta o no.



La Palabra de Dios es clara cuando menciona que debemos estar alertas a las asechanzas del enemigo, y en un matrimonio pasa lo mismo, imagínate que bendición es el poder orar por cada parte del cuerpo de tu esposo (y el tuyo también) para cubrirlo en oración basándonos en la armadura de Dios, guardándolo y usándolo para darle gloria a Dios en cada momento.


Hay tantas cosas que nos enseñan o que nos recomiendan que hagamos para llevar un matrimonio feliz y pleno, o para tener contento al varón, y aunque muchos consejos son acertados, ninguno como la Palabra de Dios, la oración y el tener bien claro que nuestro matrimonio debe tener como centro a Jesucristo.



Que maravillosa oportunidad para orar por nuestro matrimonio, con la armadura de Dios, veamos en qué consiste, puesto que en Efesios 6 nos insta a ponernos la armadura para hacerle frente a las asechanzas del diablo, él nos ataca, oprime y quiere robar, destruir y matar (Juan 10:10) pasa lo mismo en nuestro matrimonio, así que hagamos uso de la armadura de Dios para protegernos en esta guerra.



El versículo 13 dice: “Tomad toda la armadura de Dios” es una orden.



1.    Yelmo de la Salvación

El yelmo es el casco que los guerreros usaban para proteger su cabeza y rostro. Es una parte esencial y de suma importancia tanto que no podemos dejarla nunca al descubierto pues analicemos: ¿Cuántas veces nos han llegado pensamientos negativos contra nuestro cónyuge? ¿Qué tanto batallamos con la mirada? ¿Prestamos oídos a las palabras negativas de otros? ¿Cómo es que le hablamos a nuestro cónyuge? ¿Realmente estamos sujetas a ellos?


Cuidemos nuestra cabeza, cuidemos sin dudar de nuestra salvación, no permitamos que nada nos haga dudar de que Cristo es quien nos ha dado la Salvación. Confiemos en esa salvación que libra de pecado, sana, guarda, restaura y del mismo modo no olvidemos que nuestro matrimonio es una “fotografía” del amor de Cristo en la cruz, un amor incondicional.


“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados;
el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isaías 53:5



“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;
porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia,
la cual es su cuerpo, y él es su Salvador

Efesios 5:22-23




2.    Coraza de Justicia

La coraza es la parte de la armadura que cubre el corazón y la espalda, así como los órganos internos.


La justicia viene de parte de Dios, ella nos hace libre de culpa; guardemos celosamente nuestro corazón, de él mana la vida (Prov. 4:23), cuidémoslo sabiendo que la justicia viene de parte de Dios y que hemos sido justificados por medio de la Sangre de Jesús y nos libra de pecado.


¿Realmente estamos seguros de que Jesús nos ha limpiado del pecado? ¿Amamos su obra redentora? ¿Amamos a nuestros esposos de la manera que Dios pide que amemos? Apoyemos a nuestro esposo para que él esté confiado en la justicia de Dios y que no dude que ya ha sido lavado y justificado.


“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo,
y no me acordaré de tus pecados.

Isaías 43:25




3.    Cinturón de la Verdad


La verdad en acción, la sinceridad, la honestidad, la buena fe.


El hablar verdad es lo que nos da credibilidad ante las demás personas, es lo que nos hace dormir tranquilos, confiados y sin temor a ser atacados injustamente, pero ¿Realmente hablamos la verdad en nuestro diario vivir? ¿Vivimos de acuerdo a las enseñanzas de Jesús? ¿Somos sinceras con nuestro esposo y no le mentimos? ¿Qué tanto le ocultas a tu esposo? Recuerda:


“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto,
todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre;
si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Filipenses 4:8




4.    Calzados con el evangelio de la Paz


El evangelio: las buenas nuevas de Jesús, su obra redentora.
La Paz: Ausencia de inquietud, violencia o guerra.


¿Qué tanto compartimos el evangelio con nuestro esposo? ¿En verdad la Paz reina en nuestro hogar? ¿Realmente las personas que nos rodean nos ven congruentes entre lo que decimos y hacemos?


“Vivan en armonía unos con otros. No sean tan orgullosos como para no disfrutar de la compañía de la gente común. ¡Y no piensen que lo saben todo!

Romanos 12:16 NTV

“Ahora, que el mismo Señor de paz les dé su paz en todo momento y en cada situación.
El Señor sea con todos ustedes.

2 Tesalonicenses 3:16




5.    Escudo de la Fe


Fe: La certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.


¿Realmente confiamos en que Dios actúa a nuestro favor con mi cónyuge? ¿En verdad creo que mi matrimonio será restaurado? ¿Qué tanto confío sin ver los cambios adecuados en mi esposo? ¿En verdad podré apagar todos esos ataques que vengan de parte del maligno contra mi matrimonio?


“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,
para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,  que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas,  para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,  a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso;  obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.”


1 Pedro 1:3-9




6.    Espada del Espíritu


La Palabra de Dios. Es increíble como la Palabra de Dios es la respuesta, enseña, alienta, exhorta, anima, reconforta. En cada duda, en cada miedo, cada anhelo, enojo, felicidad etc. Siempre he encontrado una palabra específica en el momento oportuno.


¿Vemos la Palabra de Dios como la guía para nuestro matrimonio? ¿Meditamos en ella para reforzar nuestra fe? ¿Qué tanto la atesoramos en nuestro corazón? ¿La compartimos con nuestro cónyuge para crecer ambos?



“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12




“Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado. Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová, para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová juró a tus padres;  para que él arroje a tus enemigos de delante de ti, como Jehová ha dicho.”

Deuteronomio 6:17-19




7.    Orando en todo el tiempo

Orar, suplicar, hablar con Dios, hacerlo partícipe de nuestro matrimonio, pedir por él, cubrirlo.


¿Adoramos a Dios por todo? ¿Le agradecemos en todo tiempo? ¿Oramos todos los días? ¿Imploramos el favor de Dios para nuestro matrimonio?



“¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”

Santiago 5:13,16




“Estad siempre gozosos.
Orad sin cesar.
 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios
para con vosotros en Cristo Jesús.

1 Tesalonicenses 5:16-18




Si Dios nos ha dado una armadura es porque estamos continuamente en guerra, pero alabado sea Dios que nos ha dado las armas necesarias para ganar, sólo necesitamos activarlas, usarlas y sobre todo creer que hemos vencido por medio de la Sangre del Cordero.


“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos,
 y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

Apocalipsis 12:11







No descuides tu armadura, revístete con ella y reviste tu matrimonio también.



Pelea la buena batalla de la Fe.




En Su Gracia






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