viernes, 23 de mayo de 2014

CUIDANDO EL REBAÑO






El papel de la mujer en la sociedad ha ido cambiando con el paso del tiempo, anteriormente la mujer estaba dedicada 100% al hogar, a cuidar y velar por los hijos y estar al pendiente de las necesidades del varón y del hogar en si.


Conforme han pasado los años, se han dado más oportunidades a la mujer en el ámbito escolar, laboral y ministerial, etc., con movimientos como el de la igualdad de género y la liberación femenina la mujer ha cambiado el hogar por una oficina.


Tenemos la capacidad para hacerlo, hay mujeres que estudian, trabajan y aparte son líderes de hogar o esposas y madres; podemos hacerlo y, modestia aparte, lo hacemos bien.


Se levanta aun de noche
Y da comida a su familia
Y ración a sus criadas.
Considera la heredad, y la compra,
Y planta viña del fruto de sus manos.
 Ciñe de fuerza sus lomos,
Y esfuerza sus brazos.
Ve que van bien sus negocios;
Su lámpara no se apaga de noche.
Aplica su mano al huso,
Y sus manos a la rueca.
Alarga su mano al pobre,
Y extiende sus manos al menesteroso.
No tiene temor de la nieve por su familia,
Porque toda su familia está vestida de ropas dobles.

Proverbios 31: 15-21


Sin embargo, aunque podemos ser la mujer maravilla y hacer mil cosas al mismo tiempo llega un momento en el que debemos detenernos. Tal vez estés pensando “Karla ¿detenerme? No, no puedo dejar de trabajar ni de ver a mis hijos ni nada de ello” pero déjame te cuento que es necesario parar un poco, detenerte en toda esa rutina de corre, corre, respirar y analizar para mejorar.


Llega el momento en que debes tomar la mano de tu varón, verse a los ojos y observar que hay dentro de tu hogar que debas cuidar más… claro, tus hijos…


“Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas,
Y mira con cuidado por tus rebaños”

Proverbios 27:23


Nuestro principal ministerio es la familia que Dios nos ha dado, todo lo demás que tenemos es una añadidura para que vivamos bien, de acuerdo a nuestra propias metas; pero después de cuidar nuestra vida espiritual donde Cristo es el centro de nuestra vida y nuestro matrimonio, están nuestros hijos, esos niños, niñas, jóvenes, adultos que Dios nos ha prestado y nos ha encomendado para instruirlos en su camino.


“Instruye al niño en su camino,
Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”

Proverbios 22:6




¿Qué estamos haciendo como matrimonio para cumplir ese mandato?


Tuve la dicha de crecer en un rancho donde habían muchas ovejas, mi padre un hombre sabio de quien aún sigo aprendiendo era el encargado de cuidarlas, recuerdo como cuidaba de ese rebaño como si fueran suyas, apartaba las ovejas grandes de las pequeñas para que no les quitaran la comida a las más indefensas, las vacunaba, les daba vitaminas y en el tiempo de reproducción unía a las ovejas para procrear, después de ello las “guardaba” para que en el momento de parir fuera sin complicaciones.


Sabía perfectamente cuantos machos tenía, cuántas hembras, cuántas de ellas estaban preñadas, cuántos cabritos les nacían, color, sexo, etc. Y les tenía tanto cuidado porque:



Primero  él entregaba cuentas a su patrón y no podía dar un dato erróneo.

Segundo del cuidado que mi papá le diera a cada cría, dependía si fructificarían en un futuro

Tercero mi papá estaba dedicado a ellas todo el tiempo pues eran su responsabilidad.


¿Cómo lo lograba? Observando, pasando tiempo con ellas en el corral, asesorándose con veterinarios y siendo diligente. No recuerdo que alguna vez dijera que había olvidado vacunarlas, de hecho, su secreto era una pequeña agenda dónde anotaba lo que debía hacer por fecha, y si había algún incidente lo anotaba también.


Me gusta pensar que a eso se refería el proverbista cuando nos insta a mirar nuestro rebaño y ser diligentes en el estado de nuestras ovejas. Cada uno de nuestros hijos tiene una identidad propia, una forma de ser que lo diferencia del mundo, date cuenta si tienes más de 2 hijos o hermanos, aunque procedemos de los mismos genes, somos totalmente distintos, tal vez tengamos parecido físico o hasta actitudes que denotan que somos hermanos, pero ninguno es igual al otro, cada quien vive su propia vida, esa es parte de la grandeza de Dios quien nos ha hecho a Su imagen y con su identidad.


¿Realmente conocemos el estado de nuestros hijos?

Me encantaría pensar que si porque tengo comunión con ellos, porque son pequeños aún y porque les hemos dado la confianza de hablar con nosotros, pero ¿qué pasa si ellos no se comunican con nosotros? O ¿qué pasa si nos ocultan algunas cosas? No siempre conocemos a fondo a nuestros hijos, debemos estar muy alerta a cualquier cambio en su actitud, en su forma de hablar, en su forma de vestir, en la forma en la que hablan con sus amigos, con sus hermanos, en cómo son consigo mismos, qué es lo que ven, lo que escuchan, con quienes se relacionan cuando no estamos presentes, cómo se expresan de nosotros, en fin, la lista puede continuar. Tal vez sea un poco excesivo lo que te comento, pero en la actualidad se requiere que les prestemos más atención porque no solamente ha habido cambios tecnológicos sino que desafortunadamente se han perdido de vista valores, a muchos padres ya no les interesa la disciplina, y cada vez están más lejos de sus hijos, prefieren suplir las necesidades afectivas que tienen con tecnología aunque pierdan la comunión con sus hijos.


Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas.


¿Cuántos hijos tienes? Si tienes más de dos sabrás que no podemos tratarlos de la misma manera porque tienen características diferentes, así que usando el ejemplo de mi padre veamos qué podemos hacer para estar más al pendiente de lo que pasa con ellos.


1.     Obsérvalos.- dentro y fuera de casa, sean chicos o sean adolescentes es bueno conocer su actitud, es maravilloso pensar que ellos son de igual forma en todos lugares, y si lo es así ¡qué bendición! Pero si es lo contrario entonces tenemos que actuar, orar, hablar con ellos e indagar porque su actitud es diferente a la que muestra en el hogar, tal vez hayan cosas que desconocemos y ese puede ser un buen punto de partida para mejorar.


2.     Sepáralos.-  no me refiero a una separación física sino a “separar” tiempo para cada uno de ellos en específico. Te darás cuenta de cómo es que ellos se abren contigo cuando les das esa pauta de confianza, ese tiempo que tal vez sea de una hora diaria con cada uno o si tus actividades no lo permiten, cada día libre dedicarle un tiempo específico individualmente puede hacer la diferencia. Mi relación crece con mi hijo mayor el día que dedico un tiempo solo a él, puedes invitarlo a tomar café, a ver las nubes en el pasto, una película, no se… pero tomate un tiempo para ellos.


3.     Hazte su amiga.- que ellos sepan que pueden confiar en ti, que no solo te vean como la que pone reglas, la que manda, la que disciplina sino que vean en ti a la mujer que daría su vida para que ellos estén bien, un voto de confianza donde antes de correr a contarle a alguien más sus dudas o miedos corran contigo porque saben que el mejor consejo se lo darás tú sin hacerlos sentir culpables, sino apoyados.


4.     Escúchalos.- pero realmente hazlo, no solo los oigas, pon atención a lo que dicen y cómo lo dicen, por lo regular conoces cómo se comportan y sabes su estado de ánimo, pero no está por demás escuchar a detalle su plática, tal vez sean conversaciones muchas veces que no tengan trascendencia para ti como adulto, pero ellos pueden estar abriendo su corazón contigo, no pierdas la oportunidad de estar en el momento preciso para escucharlo.


5.     Vive con ellos.- involúcrate en su vida, conoce sus gustos, sus temores, sus pasiones, sus sueños, sus motivos para crecer, su forma de ver la vida; juega con ellos, déjalos ser niños, que crezcan solos, que experimenten por si mismos pero de tu mano para cuando necesiten un impulso, concéntrate en que ellos estarán contigo un gran tiempo con el favor de Dios y que estás formando a un varón que será padre de familia, a una mujer que será madre de familia y que a su vez algún día serán el ejemplo para sus propios hijos, no pierdas la oportunidad de sembrar en sus corazones la Palabra de Dios.



Mi oración antes de hacer este estudio fue que nuestro Dios me diera una Palabra para que cada mujer creciera pero que primeramente me enseñara a mí, que me instruyera a mí, te confieso que durante el tiempo que llevo escribiéndote he tenido un nudo en la garganta porque mucho tiempo no apliqué lo que hoy te comparto, mucho tiempo me enfoqué tanto a mi profesión y a ser proveedora en mi hogar que perdí de vista lo que realmente importa: mis hijos.



No quiero decir que si trabajas dejes de hacerlo para dedicarte a tus hijos, sino que te des un tiempo tal vez mínimo para ti pero que te aseguro será de bendición para tus hijos. Cuidemos con diligencia a esos pequeños que Dios nos ha prestado, pues algún día entregaremos cuenta a nuestro creador de lo que hicimos con las ovejas que nos encargó.




{ORACIÓN}

Padre, en el nombre de Jesús nada como tu Palabra para refrescar mi alma, que bendición es contar con tu dirección para crecer día a día y aplicar lo aprendido. Hoy mi amado Señor te doy gracias por cada uno de los tesoros que me has encomendado cuide para ti el tiempo que tengas establecido, gracias por el corazón de cada uno de ellos, por su identidad, por hacerlos tan diferentes uno del otro, por cada alegría que me han dado, por cada berrinche que han hecho porque aprendo de tolerancia y paciencia, gracias por cada beso de amor que me dan porque sé que eres tú amándome a través de ellos, permíteme ser un modelo a seguir para ellos, instrúyeme como debo actuar para que ellos puedan confiar en que mis actitudes están basadas en tu Palabra y que son dignas de confianza. Perdóname Señor por el tiempo que enfoque mi mirada en otra dirección distinta a ellos, sólo te pido que me des la oportunidad de resarcir ese tiempo y que podamos estar en comunión todo el tiempo, bendícelos a cada uno con la bendición de Abraham, de Isaac y de Jacob y tenlos en el hueco de tu mano y bajo la sombra de tus alas pues creo en fe que habitamos a tu abrigo. Gracias, gracias, gracias amado Jesús por tu amor, tu confianza en mí como madre y por no dejarme ¡nunca! Te amo con cada átomo de mí ser. Amén.



Cuidemos el rebaño




Dedicada a Servirle



Karla




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