martes, 15 de julio de 2014

Sin tiempo {para orar}…





Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá.

Miqueas 7:7



Éstos últimos días en los que mis hijos no asisten a clases, tengo menos tiempo para mí que en días de colegio, por eso es que casi no publico en el blog, pero trataré de estar lo más cercana posible para no dejar de lado este lugar en el que me comunico contigo.


Mi esposo dice que soy exagerada en cuanto a la limpieza, siempre estoy viendo que puedo limpiar, que hay que lavar, los pisos deben estar limpios, la ropa sucia en su lugar… y nunca estoy conforme, lo sé, y de pronto veo el “closet” de mis hijos y veo una revolución en él y sinceramente doy la vuelta porque sé que si comienzo a acomodar algo, me seguiré y puedo estar horas ahí o hasta que la desesperación sea tanta que estalle en llanto o esté de mal humor.


Un día normal para mi comienza desde temprano en la mañana, en ocasiones antes de que los niños despierten para poder tener oportunidad de hacer limpieza y lavar la ropa antes de tener que servir el desayuno y poderme sentar tranquilamente a beber mi café y leer mi Biblia.

Analizaba esa parte de mí, en la cual dejé que los afanes de mi día estuvieran absorbiendo mi tiempo devocional, no era posible que mientras estaba orando pensara que necesito subir las sillas a la mesa para cuando tenga que barrer y regresar a la oración. ¿Te ha pasado?


Con niños en casa es más difícil encontrar un tiempo libre para hacer un devocional completo, leer o escribir pues la palabra “mami” es la que se oye más número de veces durante el día y la concentración disminuye.


Justo cuando te sientas tranquilamente a hacer “tus cosas” ellos necesitan más de ti…

…mami, ¿me das leche?
…mami ¿tienes galletas?
…mami ¿Por qué no puedo decir verre? (verde)
…mami ¿salimos?
…mami…mami…mami…
…y el inevitable llanto por querer ver una caricatura que ya terminó…


Y viene el tiempo de hacer de comer,  de lavar los trastos, salir al parque, dormir al bebé, preparar la ducha para los más grandes, bañarlos, merienda, recibir al esposo, darle de cenar, lavar los trastes… y ves el reloj y son mínimo las 10:00 p.m. ¿y mi tiempo?


En ocasiones me frustro mucho por ese hecho, mi amado esposo me pregunta si todo está bien, la verdad no, no lo está pero me hago la fuerte… y no lo está porque no encuentro un momento de intimidad con Dios, tal vez todo es falta de poner prioridades en mi día y comenzarlo de la mano de Dios y no esperar hasta en la noche que todo está en quietud.


Me he acostumbrado a orar por las noches en las vacaciones, me he acostumbrado a entrar en oración y lectura de la Palabra cuando hay quietud en mi hogar, sin embargo, hacerlo por las noches no es algo que me guste puesto que tengo la sensación de que algo me faltó durante el día.


Me aterra pensar que pudiera estar cayendo en los afanes como lo hacía Marta.


Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea;
y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.
Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual,
sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo:
Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.
 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.
 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte,
la cual no le será quitada.

Lucas 10:38-42


Siempre es buen tiempo para cambiar, para mejorar y en lo personal anhelo cambiar ese estilo en mi vida devocional, para que antes de encontrarme conmigo misma frente un espejo por las mañanas me haya encontrado con mi Señor en oración.


Cada persona tiene sus tiempos ya establecidos y es respetable el horario en el que decidan orar, pero ¿sabes? Creo que el día será mucho mejor si tan solo lo buscamos a Él primero, de mañana, cuando estamos más frescos, sin cansancio, sin todas las presiones del día, un buen tiempo para meternos de lleno en oración con Dios y hablar tranquilamente con Él.


Podría ser que estemos fallando en la oración y que se limiten a solo dar gracias por los alimentos o una oración rápida mientras conducimos el auto, pero para tener una buena relación con Dios es necesario estar en comunión con Él, sólo así tendremos una vida cómo él desea que la tengamos, sólo así tendremos nuestro hogar, nuestros hijos, nuestra relación con otros siendo de bendición.


Su Palabra nos muestra cómo es que a través de la oración protegía ciudades, levantaba muertos, cambiaba corazones, derribaba fortalezas… sólo con la oración de alguien dispuesto a escucharle y actuar.


Oremos, meditemos en su Palabra al final del día sólo en ella encontramos consuelo, respuestas, ánimo, y aliento…


Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.

Josué 1:8





Dedicada a Servirle


Karla 



1 comentario:

  1. A mi me pasa parecido, por un lado la bebe me deja poco tiempo y por otro lado me cuesta montón pasar un tiempo considerable en oración, o estoy orando y mi pensamiento va y vuelve a los quehaceres.
    Pero supongo que cada día es una oportunidad para mejorar.

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