jueves, 27 de noviembre de 2014

Libres para dar fruto






  
Cuando Mi querida Karla me invitó a escribir un artículo para esas bellas mujeres a quienes no se les ha concedido la bendición de abrazar hijos propios, muchos pensamientos vinieron a mi cabeza pensando primeramente, ¿cómo podría yo, una mujer que es madre de tres hijos, poder hablar a esos corazones de ustedes, especialmente si yo no he pasado por la misma situación? he estado orando al Señor preguntando ante Él, qué es lo que Él deseaba hablar a sus corazones. Y antes de hablarles, debo reconocer, me cuesta como hija de Dios separar mi pensamiento práctico, siempre tiendo a dar soluciones, doy respuestas rápidas. Pero no en esta ocasión, ahora he tenido que esperar a sentir la guía de Dios para poder hablarles con el respeto y el cuidado que cada una de ustedes se merecen. Y orando y planeando qué escribir una convicción ha venido a mi corazón, y se las comparto yendo directo al punto.


No importa la dificultad o situación por la cual pasemos, ante Dios no hay imposibles. No importa si somos mayores de edad o muy jóvenes, Él no hace acepción de personas, da su Espíritu sin medida a grandes como a chicos. Él es Dios que busca corazones que le crean, busca siervos como Caleb y Josué que aunque sus sentidos les hablan claramente de imposibilidad, saben mantenerse firmes y confiados en su Dios (Números 14:8-9) Busca Déboras que sepan levantarse en pie de guerra, abrir su boca y profetizar en fe contra toda circunstancia. (Jueces 4:4 y 5:7) Busca mujeres como Ana la mujer de Elcana, que sepan derramar su alma, clamar y esperar en Dios. (1a. Samuel 1:9-11)

        
Pero muchas podrían hablar de lo que es evidente, la edad ha pasado, no hay más una matriz, ¡no hay esposo! Es verdad, no podemos negar lo que es evidente, para algunas, los médicos han hablado, los estudios se han hecho y todo dicta tajantemente, no es posible la concepción. Pero por sobre todos esos hechos, diagnósticos, herencias, palabras en contra, aún prevalece la voluntad de nuestro Dios. Pero, ¿qué si su voluntad es no abrir matrices? ¿Qué si en su soberanía El no quiere rescatar? ¿Qué si todo lo humano posible se ha hecho y nada ha sucedido? ¿No podremos tomar de Él tanto lo bueno como lo malo? Incluso a quienes tenemos hijos, hay tantas áreas en las cuales Él decide no lo que a nuestro parecer es mejor o nos conviene más, sino lo que Él sabe es mejor, ¿por qué? porque es soberano, Él no es como los dioses del mundo, ante quienes se paran los hombres y hacen negociaciones, no podemos tratarle como uno de ellos, en vez de esto escojamos creerle, amarle, obedecerle, respetar y anteponer sus deseos a los nuestros.


A través de cada historia que leemos en las escrituras, podemos descubrir la respuesta de diferentes hombres y mujeres de Dios, ante distintas situaciones en sus vidas. Lo mismo ha habido quienes responden asombrosamente como José, que sobre toda la adversidad, la traición, la soledad e injusticia, ante tanta pregunta sin respuesta, supo seguir creyendo y confiando en el Dios que su padre Jacob le había mostrado desde su niñez. Guardó su corazón y ya todas conocemos la final exaltación de que fue objeto. Pero también hallamos a gentes que han cometido errores terribles, se han precipitado, se han amargado y perdido la presencia de Dios en sus vidas por decisiones equivocadas. Podemos recordar el caso del rey Saúl (1a. Samuel 13:13) quien mostró una falta de entendimiento al llamado de Dios sobre su vida. La palabra nos muestra el corazón obstinado y rebelde de éste rey, quien pareciera nunca haber permitido que Dios trabajara en su corazón y le conformara para cumplir la función que se le había dado. Podemos también hablar del rey Uzías, quien a pesar de que en su tiempo hizo grandes cosas para Dios, tuvo victorias tremendas y ganó gran reconocimiento, pero cuando ya era fuerte, se ensoberbeció, tuvo en poco el orden, la forma de Dios. Se creyó digno y merecedor de lo que a él no se le había concedido hacer. (2a Crónicas 26:16) Inclusive el mismo Moisés fue medido en su respuesta a Dios cuando le ordenó hablarle a la roca para sacar de ella aguas para el pueblo, pero este manso varón, enardecidamente golpeó dos veces esa peña que no era sino una representación y tipo de Jesús nuestra roca eterna de quien viene la vida para todos. ¿La consecuencia? No se le permitió entrar con el pueblo a la tierra prometida.


Hay un último pasaje que quiero dejarles para meditar Deuteronomio 18:1 y 2, y se los cito:


"Los sacerdotes levitas, es decir, toda la tribu de Leví, 
no tendrán parte ni heredad en Israel; 
de las ofrendas quemadas a Jehová y de la heredad de él comerán. 
No tendrán, pues, heredad entre sus hermanos; 
Jehová es su heredad, como él les ha dicho."


Si, leímos bien, a todas las tribus se les asignaron en heredad grandes extensiones de terreno, inclusive se agregó dentro de la repartición de esta herencia a los hijos de José, que no eran de las doce tribus originales. Pero se dio la orden muy clara que los levitas no recibirían una tierra como posesión. En la soberanía y voluntad de Dios, se les escogió de entre todos sus hermanos para ser quienes realizaran todos los oficios en el templo de Jehová, pero sin tierra propia y pienso yo, para que no se distrajeran en asuntos ajenos a la casa de Dios.


Oro al Señor junto a cada una de ustedes, rogando su gracia, su favor, orando que sus corazones sean ensanchados, su vista ampliada, que en el sitio de su tienda todo aquello que ha sido estructura firme, pero contrario a la verdad de la escritura, sea removido para que los planes y propósitos de nuestro Padre celestial se cumplan. Y puedan ser usadas como madres de multitudes, que sus vidas engendren hijos e hijas espirituales que honren el nombre del Señor. Que todo lo que les ha limitado sea quebrado en el nombre de Jesús, todo yugo de mentira que les hace pensarse menos valiosas se rompa para que caminen en la libertad de Cristo, y vivan la vida abundante que El conquistó para ustedes.


“Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz;
y levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto;
porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada,
ha dicho Jehová Ensancha el sitio de tu tienda,
y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas;
no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas”


Isaías 54:1-2



Sirviendo con gozo al Rey

  



     


Silvia Sánchez de Salazar







1 comentario:

  1. Preciosa!! Como siempre hermoso!!
    Gracias por compartir "desde el corazón de Sivia guiada por Dios "

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