sábado, 13 de diciembre de 2014

Matrimonio Blindado





La gran mayoría nos casamos pensando, deseando y estando convencidos de que será para siempre.


Estas últimas semanas he sabido de tantos matrimonios que están pasando por problemas, distanciamientos, pensamientos de divorcio, rupturas, etc. y eso me duele mucho, pues en un tiempo pasé por lo mismo y es dolorosísimo ese sentimiento de descorazonamiento y de que se acaba el amor. Es horrible.


Dios es bueno y restaura lo que se derribó, siempre y cuando al menos una persona esté interesada en construir nuevamente sobre las ruinas. Tal vez no esté totalmente derribado, pero una pequeña cuarteadura en el cimiento puede ser fatal, una pared que comienza a debilitarse puede ser el comienzo de un inminente derrumbe, por eso antes de que eso suceda, actuemos.


En el mundo de la farándula es común escuchar acerca de “los contratos pre-nupciales” para asegurar su matrimonio poniendo reglas y acuerdos delante de un juez, si alguno de ellos es quebrantado, el matrimonio se disuelve y el infractor tendrá que pagar una fuerte suma monetaria, perderá bienes y en ocasiones la patria potestad de los hijos si acaso existieran.



Qué tristeza el querer conservar un matrimonio para no perder los bienes materiales. No creo que haga falta construir un muro de protección al matrimonio basándose en el amor a las pertenencias pues tarde o temprano caerán, ya que el cimiento debería estar en Jesucristo y el muro hecho a base de amor, de oración y de manos unidas para sostenerlo.


Pero eso lo sabemos tú y yo que conocemos de Dios y le tenemos un temor reverente y agradecemos por su piedad y misericordia para con nuestro matrimonio; por eso enseñemos a aquellos que están batallando en su lecho, y animémosle a seguir firmes; y aún si nuestro matrimonio es el que está siendo derrumbado pongamos manos a la obra.


Reconozcamos que está cayendo.

Nuestro amado Dios conoce nuestro corazón, gracias a Dios por ello porque de otra manera muchos quedaríamos sin respuesta de su parte al guardarlo todo para nosotros mismos.

“me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo.
No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera.”

Nehemías 2:2


No es bueno cegarnos ante una realidad, ni tampoco es bueno tratar de ocultarlo pensando que el tiempo curará las heridas. No, las heridas las cura Dios no el tiempo, y creo que si la casa está derribada ya no podemos fingir que todo está bien.



Y dije al rey: Para siempre viva el rey.
¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad,
 casa de los sepulcros de mis padres, está desierta,
y sus puertas consumidas por el fuego?

Nehemías 2:3



Decisión

Como mujeres ya vimos que está mal nuestro matrimonio, ya lo reconocimos delante de Dios, anhelamos verlo levantado otra vez, así que decidamos actuar.


“y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti,
 envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres,
y la reedificaré.”

Nehemías 2:5



Planificación

Listo, ya decidimos ¿y ahora? ¿Qué haremos? Es bueno que tengamos tiempo establecido para estar a solas con Dios, para llenarnos de  Él y de su consejo, un guerrero no sale a la batalla sin entrenar, sin conocer lo que el enemigo hace, sin conocer sus fortalezas (propias y del enemigo) así que es tiempo de orar específicamente por nuestro matrimonio, por guardar y proteger el pacto que hicimos con Dios y de rescatar lo que perdimos en oración, en ayuno, en lectura de su Palabra; no podemos divagar más tiempo.



“Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo.  Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá;  y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.”

Nehemías 2:6-8




Guarda silencio en el secreto de Jehová

No hay necesidad de gritar a los cuatro vientos que lucharemos para reconstruir, recuerda que todo lo que pedimos en secreto de oración, nuestro Dios lo recompensa en  público, trabaja en el secreto de Jehová en oración, en derramar tu corazón a Él.

“me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo,
 y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto
en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo,
excepto la única en que yo cabalgaba.”


Nehemías 2:12




¿Qué está mal?

Hagamos un recuento de los daños… tú y yo sabemos que es lo que ha hecho caer la primer pared, sabemos en qué hemos fallado, reconozcamos que hemos contribuido en derribarlo, con nuestras actitudes, nuestros miedos, nuestra falta de compromiso, por cambiar el orden divino, por no esperar la respuesta de Dios y actuar precipitadamente en algo, por no orar, por no velar por nuestro hogar, por creer que todo estaba bien y no interceder por nuestro esposo cuando debería ser una prioridad para nosotras, pues ellos, son la cabeza del hogar.


“Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego.  Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba.  Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví.”


Nehemías 2:13-15




¡Manos a la obra!

El matrimonio es un equipo bien formado con Dios, tu esposo y tú, es tiempo de hablar con él, dejar toda rencilla, todo mal entendido, todo enojo, todo eso que los separa para reedificar su matrimonio juntos.


“Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos,
que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego;
venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén,
y no estemos más en oprobio.”


Nehemías 2:18




“A palabras necias, oídos sordos”

Siempre habrá alguien que no cree en tu matrimonio, dime si has escuchado voces de otros diciéndote:



¿ya para qué?
¿perdonarás su infidelidad?
¿permitirás que te siga humillando?
¿y él cuándo pensó en ti?
¿segura que quieres seguir con él?
Como si valiera la pena…
Anda, perdónalo para que te vuelva a hacer lo mismo
Y cosas por el estilo.



¿Las has escuchado? Por favor mujer… no hagas caso a las voces de los incrédulos, ni de los que juzgan sin saber; sólo tú, tu esposo y Dios saben la realidad de lo que sucede dentro del hogar, y si has dispuesto tu corazón a reconstruir, se han perdonado, se aman y están convencidos de seguir adelante, cierra tus oídos a esas voces y escucha la voz del Espíritu Santo recordándote que todas las cosas ayudan a bien a los que amamos a Dios.



“Pero oyéndolo Sabalar hormonita y Tobías el siervo amonita,
les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel. Pero cuando lo oyeron Sabalar hormonita, Tobías el siervo amonita, y Gesten el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey?”


Nehemías 2:10,19




Matrimonio blindado

Levántense, edifiquen, reconstruyan sobre el cimiento que es Jesucristo, levanten paredes en amor, comprensión, perdón, cariño, respeto, honra, sujeción, fe, paciencia, esperanza, etc. Alrededor de tu hogar, de tu matrimonio, de tu familia y por favor mujer, cuiden que nada mueva los cimientos otra vez. Antes de que un muro caiga, denle mantenimiento en comunión entre ambos con Dios, en oración, súplica y sobre todo amor.


“Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos,
él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos,
porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.”


Nehemías 2: 20





{ORACIÓN}

Padre en el nombre de Jesús, gracias por darme las herramientas necesarias para reedificar mi matrimonio, gracias por poner en mi corazón el deseo de construir un nuevo hogar cimentado en tu palabra, en tu presencia, gracias amado Dios por creer en mi matrimonio y no permitir que se disolviera. Perdóname  por no haber valorado el pacto que hice en el altar, pero hoy con mi corazón en la mano te pido que bendigas nuestra unión una vez más y que me permitas cuidarlo, regarlo con amor y dedicación como el primer día que me uní a mi esposo. Pongo en tus manos mi hogar pidiéndote que no te apartes nunca de él y que tu amor y tu presencia estén con nosotros todos los días que nos permitas estar en esta tierra, en nombre de Jesús, amén.


Dios Bendiga tu matrimonio mujer…


Renovada en su gracia



Karla




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