martes, 27 de enero de 2015

Mañana {postergando una bendición}






         Mañana…la gran mayoría de las personas en México tenemos la mala costumbre de dejar todo para el último momento, hay filas inmensas el último día de inscripción a los colegios, los bancos están a reventar el último día para pagar las cuotas de servicios, la pintura de la casa está incompleta porque decidimos pintarla… mañana.


         Hay un dicho que cita:

“No dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy”


Creo que lo sabemos pero no lo aplicamos en todos los casos, de hecho en lo espiritual lo hacemos también.

…Mañana oro
…Mañana leo mi Biblia
…Mañana evangelizo
…Mañana visitaré a mi vecino
…Mañana me congrego
…Mañana, mañana, mañana



Hace poco más de un año hacía mi devocional por las mañanas en la quietud de mi sala de estar; hubo una semana –una semana- que mientras oraba, veía a través de mi ventana a mi vecina de enfrente, una joven madre soltera de 30 años de edad y sabía que era la voz de Dios diciéndome: -sal, habla con ella, háblale de mi- y en repetidas ocasiones contesté: -es muy grosera conmigo, ¿qué tal que me le acerco y me cierra la puerta en la cara? Mañana voy…- pasaron 3 o 4 días y la misma petición… ve, háblale de mi… y decidí hacerlo, me levanté y salí a buscarla pero no la encontré, no estaba su carro y todo estaba en paz, así que pensé para mis adentros: -perfecto, ahora que regrese en la tarde con su hijito la visitaré-  y pasaron horas, pasó la noche y otro día y uno más; de repente desde la ventana de mi habitación una de esas noches vi que había flores en su puerta, pensé que algún enamorado había venido a visitarla sin encontrarla y no, cuando salí a preguntar por ella me informaron que había fallecido en un accidente de auto el día que salí por fin a buscarla para hablarle de Cristo. Lloré mucho tiempo, desobedecí la voz de Dios por postergarlo para mañana “por miedo al rechazo” lloré pensando que tal vez era la última oportunidad que Dios le estaba dando de arrepentirse y yo no fui a verla. Cuando lo platiqué con una amiga de ambas me dijo: -aunque le hubieras hablado de Dios, ella se hubiera muerto de todos modos- pues si, tal vez eso no habría cambiado el designio de Dios para su vida, pero si habría cambiado el lugar en el que moraría por la eternidad.


Fue un tiempo muy difícil para mí, me sentía muy mal y tuve que presentarme con Dios para pedirle perdón por todo lo ocurrido, por dejarlo para mañana.



Leyendo el libro del Éxodo me encuentro con el Faraón de Egipto, un hombre que no conocía a Dios pero si conocía de su poder al ver las grandes proezas y señales que hacía por rescatar a su Pueblo; llama mi atención el ver cómo es que Dios le daba día a día una oportunidad para arrepentirse y que cambiara su situación, sobre todo llama mi atención ver que él también postergo una bendición por dejarlo para “mañana”


Y dijo Moisés a Faraón: Dígnate indicarme cuándo debo orar por ti,
Por tus siervos y por tu pueblo, para que las ranas sean quitadas de ti
Y de tus casas, y que solamente queden en el río.
Y él dijo: Mañana. Y Moisés respondió: Se hará conforme a tu palabra,
Para que conozcas que no hay como Jehová nuestro Dios.

Éxodo 8:9-10


¿Por qué esperar una noche más, si Dios podía hacer el milagro en ese momento?
¿Cuántas veces hemos tenido la oportunidad de orar por algo, alguien o por nosotras y nuestras necesidades y esperamos “hasta mañana”?
¿Hemos adoptado una actitud de pasividad con Dios?
¿Hemos sido duras de corazón aún cuando vemos su poder manifestado en nosotras?


         No entiendo el por qué no pidió que se quitaran las ranas en ese preciso momento, por qué tuvo que esperar una noche más y dormir rodeado, infestado de ranas. ¿Qué fue lo que pasó? Y veo mi vida y entiendo que entramos en una zona de confort en la que nos acostumbramos a todo, sea bueno o malo, sea de bendición o no y cuando Dios llega y nos plantea cambiarlo nos cuesta dejarlo del todo.


         La vida con Dios no es sencilla, pero es lo mejor que podemos hacer, Él nos da las herramientas para cambiar nuestro vivir, Él cambia nuestro ser  desde dentro, nuestro entorno, sólo es cuestión de dejarnos guiar por Él, de atender su llamado y de estar listas para decir ¡Si, ahora haz de mi lo mejor! Cambia, quita, pon, da, corrige, instrúyeme en tu camino y dejo las ranas atrás, quita todo eso que está infestando mi hogar, mi vida y a los que me rodean y dame más de ti, llena mi corazón y mi vida con tu presencia, desarraiga todo aquello que esté infestando mi vida y que me impide ver tu bendición.


         Aprendamos de la vida de Faraón que al endurecer su corazón y postergar una noche más con todo lo que lo detenía y le hacía mal, en lugar de ceder el control a Dios y permitir que todo fuera de acuerdo a su voluntad, fue contraproducente pues, vinieron cosas más fuertes a su vida. No esperemos a que las cosas empeoren para darle a Dios lo mejor, para confiar en Él, escuchar su voz y hacer su voluntad.



“Oremos para prevenir, no sólo para solucionar”



Renovada en Su Gracia



Karla



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