sábado, 28 de febrero de 2015

Diminuto error... {Perdiendo la promesa}





Es de madrugada, me bebo un café y pensaba irme a dormir cuando recordé mi lectura devocional en el libro de Números; leo la historia de Moisés y es increíble la forma en la que Dios lo usaba y hablaba a él.


Seguramente habrás leído o escuchado acerca de la tierra prometida y de cómo es que ninguno de los que salieron de Egipto logró entrar, todos murieron en el desierto durante los 40 años de su peregrinar; incluso su libertador Moisés no entró, vio de lejos el lugar por el cual había estado esperando tanto tiempo, ese lugar en el cual habría de entrar triunfante y respaldado por Dios. Años atrás oraba a Dios pidiendo misericordia para el pueblo y Dios le escuchaba, pero él tuvo un diminuto error que le costó la entrada al lugar que se le había prometido.


Y habló Jehová a Moisés aquel mismo día, diciendo:
 Sube a este monte de Abarim, al monte Nebo, situado en la tierra de Moab
que está frente a Jericó, y mira la tierra de Canaán,
que yo doy por heredad a los hijos de Israel;
 y muere en el monte al cual subes, y sé unido a tu pueblo,
así como murió Aarón tu hermano en el monte Hor, y fue unido a su pueblo;
 por cuanto pecasteis contra mí en medio de los hijos de Israel
en las aguas de Meriba de Cades, en el desierto de Zin;
porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel.
 Verás, por tanto, delante de ti la tierra; mas no entrarás allá,
 la tierra que doy a los hijos de Israel.


Números 32:48-52


Y es que se nos ha hecho fácil poner una escala al pecado cuando en realidad no es así, por ejemplo, se nos hace fácil decir “mentiras piadosas” y las maquillamos diciendo que es por guardarle el testimonio a alguien más y yo me pregunto ¿por qué he de mentir para cubrir el pecado de alguien más?, se nos hace fácil creer que el desahogarnos en familia no es pecado, cuando en realidad es chisme y murmuración, se nos hace fácil guardarnos el cambio de nuestro esposo sin avisarle, cuando en realidad es robo; se nos hace fácil comparar a nuestro esposo con el de nuestra amiga, cuando podríamos estar adulterando con nuestra mente y corazón; se nos hace fácil emitir juicio contra alguien solo porque no actúa igual que nosotros y con ello podríamos matar su testimonio y ser piedra de tropiezo para alguien más. Ya no se trata de nosotros sino que, deberíamos preguntarnos ¿lo que estoy haciendo glorifica a Dios? ¿Me acerca a Él? ¿Mi actitud lo santifica?


Podríamos seguir dando ejemplos y considerarlos “pequeños pecados” cuando con Dios todos los pecados son iguales; en la misma lista del asesino y el adúltero, está el celoso y el envidioso, no hay escalas del pecado, una mentirilla piadosa es mentira y es pecado.


Y manifiestas son las obras de la carne, que son:
adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos,
iras, contiendas, disensiones, herejías,
 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;
acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes,
que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Gálatas 5:19-21



Lo hemos leído, y sin embargo muchas seguimos actuando igual, mintiendo, en chismes, en contiendas, celos, etc. sin percibir la consecuencia de manera inmediata; es decir, decimos una mentira “piadosa” y no nos cae un rayo del cielo y pareciera ser que no pasa nada y entonces la siguiente ocasión se nos hará más fácil mentir y por lo tanto pecar.


¿Realmente no pasa nada?


Si bien vivimos bajo la Gracia de Dios por medio de Cristo, eso no es una licencia para pecar, he conocido personas que llegaron a aconsejarme que si pecaba bueno, Dios entendía mi debilidad y que no importaba mucho, que solo por la noche antes de dormir me pusiera a cuentas con Él y asunto resuelto. Y mientras leía la historia de Moisés me acordé de eso, de los pequeños errores que pueden ser clave para que no entremos a esa tierra prometida, para que no conquistemos metas, no alcancemos sueños y sinceramente me hizo ir con Dios y pedir perdón por ello.


Y habló Jehová a Moisés, diciendo:
Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano,
y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua,
y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias.
Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó.
 Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña,
 y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?
 Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces;
y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias.
 Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí,
para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto,
no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.


Números 20:7-12


Lo leo y pienso

… Moisés escuchó claramente la indicación de Jehová
…No creyó
…Actuó en sus fuerzas
…Desobedeció
…Hizo su propia voluntad
…Un diminuto error


Y ¿cuántas veces actuamos así nosotras? ¿Y si esos pequeños errores están deteniendo que entremos a nuestra tierra prometida? ¿Qué tal que las horas que paso en el chisme están deteniendo la bendición que espero? ¿Y si mi actitud de indiferencia con mi esposo está deteniendo mi entrada a esa tierra de plenitud marital? ¿Y si las mentiras piadosas para guardar el testimonio de alguien está deteniendo mi florecer espiritual?... Diminutos errores que pueden costarnos la entrada a esa tierra donde fluye leche y miel.


Mujer, que no se quede en reflexión, necesitamos ¡acción!

¿Qué pequeños errores tendrás que dejar atrás?




Renovada en Su Gracia




Karla

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