viernes, 20 de marzo de 2015

De tal palo, tal astilla {Siguiendo el ejemplo de Dios}





Tengo dos preguntas en mi mente…

¿Realmente actúo con mis hijos como Dios actúa conmigo?
¿Y si Dios actúa conmigo de la misma forma que yo con mis hijos?


Y me viene al pensamiento el versículo que dice:


Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,
¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará
buenas cosas a los que le pidan?

Mateo 7:11


Y es que siendo honesta, por las noches me acuesto pensando si lo que hice en el día con mis hijos fue suficiente y me comparo con lo que Dios hace conmigo y obviamente me quedo muy abajo; pude haber hecho más pienso para mis adentros.


Pero sabes que después de analizarlo un poco, me doy cuenta que por lo regular seguimos el ejemplo que obtuvimos de nuestros padres terrenales, es común ver como los patrones de conducta se repiten de generación en generación, hasta la forma de educar a los hijos es similar; buscamos educar a nuestros hijos de la manera que nuestros padres lo hicieron con nosotros y nuestros abuelos con nuestros padres y así sucesivamente.


Nos quitamos la culpa excusándonos de no tener un buen ejemplo de paternidad o no hubo una figura paterna en casa y ahora que estamos en Cristo eso no debería ser así porque nuestra figura paterna es Dios.


Pudimos haber tenido el mejor padre sobre la faz de la tierra y aún así nuestro mejor ejemplo es Dios; pudimos no tener padres, pudieron abandonarnos y dejarnos en el olvido y nuestro padre sigue siendo Dios, Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.  Dios es nuestro Padre por siempre.


Cuando entendemos ese principio de paternidad, caminamos con una actitud diferente pues, sabemos de quienes somos hijos y de quien seguimos el ejemplo. No minimizo el trabajo de los padres porque soy madre de 3 varones, a lo que me refiero es que, nuestros ojos deben estar en aquél que nos dio la vida aquél que es Padre de multitudes y dejar de fijarnos en los errores de nuestros padres terrenales, corregirlos en nosotros y seguir el ejemplo de nuestro padre celestial Él que tiene cuidado de nosotros y extiende su misericordia todos los días y sigue preservando nuestra alma.



Ahora, si vemos todo desde el punto de vista como padres y no como hijos, podemos darnos cuenta de que nos hace falta mucho por aprender de Dios, y de cómo actuar con nuestros hijos así como Él actúa con nosotros. Por ejemplo, cuando soy injusta con uno de mis hijos de pronto es como si se detuviera el tiempo y me viene a la mente “¿Dios hace lo mismo conmigo? ¿Así actúa conmigo?” y más de una vez he tenido que pedir perdón por dicha actitud.


Parece complicado ser padres, pero gracias a Dios por su sabiduría y su enseñanza en la Biblia, que aunque nos falta mucho por aprender y poner en práctica, a medida que la vamos leyendo y aplicando a nuestra vida, podemos experimentar los cambios y bendiciones que trae el actuar más como Él actúa.


Y encuentro muchas características de la paternidad de Dios que anhelo extender a mis hijos también…


No sólo nos alimenta físicamente sino espiritualmente, de la misma forma quiero hacerlo con mis hijos, todos los días; nutrir su vida terrenal como espiritual.



Cómo madre tengo la responsabilidad de proteger a mis hijos, dentro y fuera de casa a través de la oración y de estar pendientes qué hacen, con quién hablan, a qué juegan, más cuando son pequeños.



Vela por mi bienestar 
Dios es mi guardador, vela por mi bienestar está al pendiente de mi en cada momento del día ¿hago lo mismo con mis hijos o los dejo en el olvido por dedicarme a mis cosas?



No hace distinción entre hermanos 
¿Realmente trato a todos mis hijos por igual o hago distinción entre ellos al grado de sembrar discordia en su corazón?



Seamos las porristas de nuestros hijos, quienes les dicen ¡Tú puedes! ¡Esfuérzate! ¡Sé valiente! Tal cuál Dios lo hace con nosotras.



Limpia mis lágrimas 
Cuando vemos a nuestros hijos sufrir ¿tenemos misericordia o los ignoramos diciendo que ellos son culpables de lo que les pasa?



Llena mis días de felicidad
¿Hacemos lo posible por llenar de felicidad la vida de nuestros hijos?



Me escucha
¿Escuchamos las inquietudes de nuestros hijos o sólo los atacamos?



Me defiende
Como osa defendemos a nuestros hijos, tal cual Dios lo hace ¿a todos o sólo a algunos? ¿en toda circunstancia o sólo en las que yo creo correctas defenderlos?



Planea mi futuro 
No porque nosotras les solucionemos la vida, sino que tracemos para ellos una vida prospera, llena de bendición ¿cómo? Orando por ellos, guiándolos en el camino correcto creyendo en su potencial y declarándoselos diariamente.



Y estas son sólo algunas de tantas muestras de amor que Dios tiene para nosotras mujer, ¿qué estamos haciendo con nuestros hijos? ¿Realmente actuamos con ellos como Dios actúa con nosotras? Mucho por hacer.



No te desanimes ni te sientas condenada, al contrario; es algo que me ha inquietado mucho y que se que necesito mejorar. ¿Me acompañas? Al final del día tenemos al mejor ejemplo a seguir… Dios nuestro Padre.



A partir del 1 de abril comenzaremos 30 días de oración por nuestros hijos, no te pierdas las publicaciones en la página de facebook y no olvides suscribirte en el blog para que recibas en tu correo cada publicación.



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¡Ánimo Mujer! Dios te cuida y nunca duerme.



Renovada en Su Gracia



Karla


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