lunes, 11 de mayo de 2015

Con un pie en el mundo





Hace mucho que estudié este tema y me impactó, hace unos días lo volví a leer como parte de mi devocional y ¡ah! Quiero compartir lo que aprendí o entendí.

Resulta que existió un hombre de Dios llamado Elí que tenía dos hijos (Ofni y Finees) quienes eran sacerdotes de Jehová, ambos eran impíos, eran pecadores y no tenían conocimiento de Jehová. ¿Es posible que sirvan a Dios sin conocerle? Si. Motivo por el cual el pecado es común, es normal y menosprecian el servicio a Jehová.

En ese mismo tiempo, había un chico llamado Samuel quien fue producto de la oración de Ana a Dios, un derramamiento de adoración a Él y de persistencia delante de Dios para recibir la bendición de ser madre. Él fue consagrado al servicio de Dios y no tenían ni idea que sería un gran profeta con el que Dios tocaría y cambiaría el rumbo del pueblo de Israel.

Eli que fue un sumo sacerdote y un juez de Israel conocía de los pecados que cometían sus hijos y aunque les advirtió de las graves consecuencias de sus actos, ellos decidieron seguir pecando contra Dios. (Puedes leer la historia en 1 Samuel 2)


No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo;
pues hacéis pecar al pueblo de Jehová.
Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán;
mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él?
Pero ellos no oyeron la voz de su padre,
porque Jehová había resuelto hacerlos morir.


1 Samuel 2:24-25


¿Hacerlos morir? No olvidemos que Dios es “Santo, Santo, Santo”  y ellos estaban pecando contra Jehová mismo al menospreciar su santidad, pasar por alto su soberanía y preferir los placeres del mundo que vivir en santidad a Jehová. ¿Por qué dudar de su poder?


Llegó a Elí un varón de Dios para hacerle saber que sus hijos estaban pecando y que Dios había resuelto quitarlo de su lugar como sacerdote  para siempre… ¡para siempre!  Porque había honrado más a sus hijos (y sus decisiones fuera de Dios)     que a Dios mismo.


¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; 
y has honrado a tus hijos más que a mí,
engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?
 Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre 
andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová:
Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran,
y los que me desprecian serán tenidos en poco.

1 Samuel 2:29-30



¡Qué tremendo! Y sabes que con tristeza se sigue viendo esa situación en muchos corazones de hombres y mujeres de Dios, un pie en el mundo y uno en las cosas de Dios. Un pie en santidad y otro en banalidad. No podemos servir a dos amos, no podemos decirnos consagrados para Dios y seguir permitiéndonos cosas que no agradan y no glorifican en nada a nuestro amado Padre.


Mujer, no olvidemos la soberanía de Dios, no olvidemos el poder que Él tiene para quitar y dar vida. ¿Y la gracia? Porque podemos pensar que Él ya no actúa como en el Antiguo Pacto, que su misericordia se extiende cada día, y que su gracia nos libra de su furia; Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos y es Santo ayer, es Santo hoy y será Santo por la eternidad y ¿qué demanda de nosotros para poder estar en comunión con Él? Santidad.


Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Hebreos 12:14


Hemos adquirido muchas veces más temor por el hombre que por Dios mismo, nos preocupamos más por agradar al hombre que al  mismo Dios. Tengamos cuidado con eso mujer. Y este artículo no es para condenar ni juzgar a nadie, sino para exhortar y hacer un llamado a re direccionar nuestra forma de vida si acaso es incorrecta.


Este pasaje Bíblico, la historia de Eli y sus hijos me hacen reflexionar en mi propia vida y en la de mis hijos. En cómo es que a pesar de que yo tenga conocimiento de Dios y le sirva, no quiere decir que mis hijos serán igual, necesito enseñarles, orar con ellos, consagrarlos a Dios tal cual lo hizo Ana con Samuel, exhortarles, instruirles en el camino desde pequeños y llevarlos por un camino de Santidad que empieza en uno mismo y nuestra relación con Dios; hablarles las cosas claramente, sin maquillarle nada porque entonces caeríamos en el juego que cayó Elí, y hablarles la palabra de Dios, mencionarles que todo cuanto hagamos debe ser para darle honra y gloria al nombre de Jehová el Santo de Israel, si no cumple ese fin, entonces ¡no lo hagas! Porque hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final es camino de muerte. Cuidemos de nuestros hijos, nuestra relación con Dios y vivamos una vida de Santidad a Jehová.


Y si te dijeran ¡ah! Pero en el Nuevo testamento vivimos por gracia de Dios... si, es correctísimo, pero en el Nuevo pacto nuestro amado Jesús en voz de Pablo nos dijo:



Todo me es lícito, pero no todo conviene; 
Todo me es lícito, pero no todo edifica.

1 Corintios 10: 23



Todo el capítulo 10 de 1 Corintios  es un llamado a vivir en santidad, para vivir una vida que glorifique a Dios. Seamos sensibles a la voz de Dios en su Palabra, Él nos muestra en ella la forma que debemos vivir una vida conforme Él la diseñó para nosotros. ¡Ánimo mujer! Todo cuanto hagamos, compremos, comamos, vistamos, hablemos… ¡todo! Preguntémonos ¿esto glorifica a Dios?  ¿Esto me acerca más a su corazón? ¿Mi vida espiritual es vivificada? y si no es así, es necesario re direccionarnos con Dios.



Dios te bendiga y guarde mujer, no dejes de orar y de honrar y glorificar su nombre.



Renovada en Su Gracia




Karla


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