sábado, 2 de mayo de 2015

Coqueteando con el pecado ¿Cuál es tu debilidad?





Acudí junto a mi esposo a una reunión de matrimonios, y nos compartieron un tema que cuando lo escuché pensé: “tengo que compartirlo con las mujeres” así que, aquí te escribo lo que aprendí.

Sansón… (Jueces16:1-3) hombre apartado para Dios, hombre fuerte, juez, libertador de su pueblo. Su debilidad… las mujeres, y en especial las que no eran de su pueblo. Había un lugar llamado “Gaza”,  donde Sansón no tenía que estar, pero él acudió allí y estuvo con una mujer ramera. ¿sabes? Como mujeres o como humanos, tenemos el conocimiento del bien y del mal, sabemos lo que nos conviene y lo que no, donde podemos estar y donde no… de la misma forma que Sansón nosotras podemos elegir si quedarnos o irnos, él decidió quedarse y llegarse a esa mujer.

¿en qué lugar estás hoy que tal vez, sabes que no es correcto pero ahí sigues? ¿en adulterio tal vez? ¿rodeada de chisme? ¿malas compañías? ¿qué escuchas, qué ves? ¿qué tan radical eres?


Sansón se enamoró de una mujer que no lo amaba, Dalila. Ella fue instrumento de un plan maléfico en contra de Sansón.


Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer
en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila.
Y vinieron a ella los príncipes de los filisteos, y le dijeron:
Engáñale e infórmate en qué consiste su gran fuerza, y cómo lo podríamos vencer, 
para que lo atemos y lo dominemos; y cada uno de nosotros
te dará mil cien siclos de plata. Y Dalila dijo a Sansón:
Yo te ruego que me declares en qué consiste tu gran fuerza,
y cómo podrás ser atado para ser dominado.


Jueces 16:4-6


En otra versión dice “Seduce a Sansón” y ¿sabes qué? El pecado es seductor… no he conocido a alguien que diga que pecar es desagradable, de hecho el pecado te hace sentir bien al momento, satisface necesidades inmediatas y no pensamos en las  consecuencias.

Es peligroso coquetear con el pecado, si sabemos que es pecado y que nos hará daño en algún momento de la vida ¿por qué nos permitimos ciertas cosas? Y eso me hace recordar Tito 1:15 que dice:


Todas las cosas son puras para los puros,
 mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro;
pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.


Creo que llega un momento en el que lo santo se vuelve tan común que, perdemos de vista lo que Dios nos manda a hacer  y nos permitimos ciertas cosas que a la larga, nos quitará la unción. Se corrompe la conciencia y dejamos de mirar la santidad de Dios.


Sansón juguetea con Dalila, ella le pregunta 3 veces cómo es que él perdería su fuerza y sería como un hombre cualquiera. (Jueces 16:6-15) lo leo y me pregunto ¿Cómo es que no se percató de lo que vendría? 3 veces intentó esa mujer quitarle su fuerza y hacerlo vulnerable,  él siguió confiando y hasta jugueteando con ella; perdió de vista de quien venía todo lo que él era, creo que confió demasiado en sí mismo, tanto que olvidó a quien había sido consagrado y lo que tenía que guardar.


Sinceramente, cuando estamos en pecado sucede más o menos lo mismo. Perdemos de vista la santidad de Dios, su poder y soberanía en nuestra vida y empezamos a confiar en lo que hacemos, confiamos en que si pecamos un poquito sabremos cuando detenernos, pensamos que si nos permitimos ciertas cosas que tal vez parezcan inofensivas, al finalizar el día no pasará nada. Nos olvidamos de la santidad de Dios, olvidamos que su gracia es algo tan valioso que no debemos menospreciar, al permitirnos uno que otro gustito que, sabemos no glorifica a Dios.


Dalila presionó tanto a Sansón que él abrió por completo su corazón a ella, le confesó cómo podía ser vulnerable y descansó en sus piernas.


Y aconteció que, presionándole ella cada día con sus palabras
e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia.
 Le descubrió, pues, todo su corazón, y le dijo:
Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios
desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí,
 y me debilitaré y seré como todos los hombres.


Jueces 16:16-17


¿Te suena familiar? Llega un momento en el que es demasiado lo que hemos permitido que, nos oprime, nos ataca, nos hace sentir culpables y abrimos nuestro corazón con las personas equivocadas. Acudimos con personas que pensamos podemos confiar, y al paso del tiempo nos traicionan y usan en nuestra contra todo aquello que les confiamos alguna vez. Mujer, seamos sabias, si acaso nos encontramos en una posición así, lo mejor es acudir directamente al trono de la gracia, ponernos a cuentas con Dios y buscar personas maduras en la fe con quienes podemos apoyarnos en oración.


¿Con quién estás hablando? ¿Es edificante esa relación? ¿Qué tanto te acerca a la presencia de Dios?


Sansón fue traicionado por la persona que amaba, entregado a esclavitud de todos aquellos que se burlaban de él, le sacaron los ojos, con el paso del tiempo clama a Dios por recuperar su fuerza y derriba una casa donde estaban los filisteos que lo esclavizaron y muere sin descendencia. (Jue. 16:20-31)


Perdió la visión… y así sucede cuando estamos tan acostumbrados a vivir una vida sin santidad, nos envuelve tanto el pecado que perdemos de vista que estamos mal, como Sansón, nos encontramos dando vueltas sin llegar a ningún lado y sin percatarnos de la realidad;  no olvidemos por quien hemos sido llamadas, que no se nos olvide nunca quien pagó por nuestra vida y nos sustenta hasta hoy. No perdamos la visión de quien fue el que murió por nosotras.


Hemos sido liberadas por Jesús mujer, no permitamos que el pecado nos esclavice y haga escarnio de nuestra vida; no esperemos hasta haber perdido todo para comenzar a clamar a Dios por una última oportunidad. Antes de permitirnos caer en la tentación “visualicemos” las consecuencias que nos traerá y confesemos nuestros pecados porque él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. 1Juan 1:9



“Oremos para prevenir, no sólo para solucionar”



Renovada en Su Gracia


Karla




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1 comentario:

  1. Es muy impresionante, es la realidad no debemos jugar con el pecado, como dice su Palabra, .."el que piensa estar firme, mire que no caiga", si cuidáramos lo que Dios nos ha dado, que es ésta salvación tan grande, nos evitaríamos de tristezas, lágrimas y pesares. Que hermoso mensaje hermana,, muy útil para compartirla con la damas de la iglesia, muchas gracias y Bendiciones.

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