lunes, 29 de junio de 2015

Por sobre todas las cosas {Verdadero Amor}





¿Cuánto amamos a Dios?
¿En verdad lo amamos por sobre todas las cosas?


         Es muy sencillo decir que amamos a Dios, es muy creíble de hecho; pero cuando estamos en situaciones difíciles o en situaciones muy felices ¿qué tanto le amamos? ¿Nos olvidamos de Él y buscamos a alguien más? ¿Lo hacemos en nuestras fuerzas?


Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
y con toda tu alma, y con toda tu mente.

Mateo 22:37


Por encima de todo, por encima de tu esposo, de tus hijos, de tus padres, de ti misma… de todo mujer, de todo.


Hoy cumpliría 82 años de vida mi padre, tuve un sueño hace dos noches donde lo vi agonizando; en mi sueño lo abracé y lloraba arrodillada al lado de la cama del hospital y viendo sus hermosos ojos azules le pregunté: ¿Qué haré sin ti? ¿Qué será de mi vida ahora que no estés? Y en mi sueño escuché una voz que me dijo: “Yo soy tu proveedor, yo soy tu sustentador y soy tu Padre” en el mismo sueño pedía perdón a Dios y a mi papá terrenal, a Dios por haber puesto a mi papá antes que a él y necesitar de él cuando debía pensar sólo en Dios.


¿Por qué te cuento esto? Porque sin darme cuenta mi papá ocupaba un lugar encima de Dios, pensaba en mi papá y recurría a él antes que a Dios y mira, puede parecer inofensivo o hasta natural o lógico; pero ahora que lo analizo bien me doy cuenta que el amor por mi papá es enorme, tan enorme que no podría medirlo, mi necesidad por tenerlo cerca es igual de grande, y parecía obvio pues él y yo éramos confidentes, muy cercanos, hablábamos mucho y compartíamos gustos y creencias similares, nos unía un vinculo increíble y lo amo. Sufrí mucho su perdida, sufrí en silencio y te confieso que aún lloro cuando lo recuerdo pero, ocupaba un lugar que le pertenecía a Dios. ¿Es posible? Si y me dolió reconocerlo.


Esto no quiere decir que debemos amar menos a nuestros seres queridos, o que debemos dejar de amarles, lo que  quiero decir es que nuestro amor debe ser aún mayor por Dios. Esa necesidad de sentirlo cerca debe ser mayor cada día, mayor que lo que podamos sentir por cualquier persona, padres, esposo, hijos.



Mi amiga y compañera de oración Herlinda me preguntaba:

¿Cuándo fue la última vez que sufriste por no estar en la presencia de Dios?
¿Cuándo te ha dolido no escuchar la voz de Dios por un solo día?
¿Qué tan grande es tu necesidad de estar cerca de Dios?



Y ¿sabes qué? Fue una cubetada de agua helada a mi vida, porque créeme cuando te digo que si me duele no escuchar la voz de Dios, siento esa necesidad de estar en oración con Él, he sufrido por no estar en su presencia pero… ¿cuánto tiempo? Porque una cosa es amar a Dios con todo nuestro corazón y anhelar estar en su presencia y buscarle en oración y leer su Palabra solo por amor, y otra hacerlo por costumbre y religiosidad; son cosas diferentes. Ahora, si comparamos esa necesidad y el amor que tenemos por las personas a quienes amamos, con nuestra necesidad y amor por Dios. ¿Cuál es mayor?



Así que hoy es necesario analizar nuestra vida, pedirle a Dios que escudriñe nuestro corazón y nos haga saber si hay alguien o algo que esté tomando su lugar sin que nos demos cuenta. ¿Qué es eso que anhelamos más que estar con Dios? ¿El amor de nuestro esposo? ¿La lejanía de los hijos? ¿El ministerio? Que repito, no es malo que les amemos, sino que sepamos darles el lugar que les corresponde.



Busquemos primeramente el reino de Dios y su justicia y todo lo demás será añadido… pero primeramente Él, siempre Él. Amémosle con todo nuestro corazón   ¡con todo! Y si lo hacemos cumplamos lo que establece su Palabra y hablemos de ella a quienes nos rodean, comenzando en nuestro hogar y dejando bien claro el que el primer lugar en nuestra vida es Dios, y con ello nuestros hijos sabrán darle ese mismo lugar, y será una bendición para nuestras futuras generaciones.



Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. 
Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, 
y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. 
Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos;  
y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.

Deuteronomio 6:5-9






Renovada en Su Gracia


Karla




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