jueves, 30 de julio de 2015

Envidia Amarga




¿Sientes enojo cuando otra persona recibe algo que tú deseas?
¿El estómago se te hace chiquito cuando le ves a tu amiga,  el vestido que no has podido comprar?
¿Te molesta que otros tengan de manera sencilla lo que a ti te ha costado tanto?
¿Comparas tu trabajo, tu vida, tu matrimonio, tus hijos y a ti misma con alguien más?
¿Cómo te sientes cuando tu esposo está más feliz que tú?
¿Compites para ser mejor que alguien?
¿Piensas que no es justo que otros tengan lo que tú no?
¿Te enojas cuando alguien cumple algún sueño o meta?
¿Te gustaría ser como alguna otra persona?
¿Crees que es injusto que los demás triunfen?
¿Crees que no se lo merecen?


Envidia: Sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee.


La envidia es pecado, y esto se ve en cada lugar, podemos experimentarlo en casa con nuestro esposo, con nuestros familiares, en el trabajo, en la escuela, en el vecindario, con amigos ¡puf! Hasta con gente que no conocemos y que tal vez ni conozcamos nunca, como el caso de los artistas.


¿Por qué se da la envidia? Creo personalmente que es triste porque muestra que no estamos contentos ni agradecidos con lo que Dios nos ha dado. El dejar de ver las bendiciones que Dios nos da cada día, hace que comencemos a ver todo lo que no nos ha dado pero a alguien más si.


Imagínate orando 10 años por algo y que de pronto tu amiga recién convertida ora por lo mismo y Dios la bendice ¿qué sentirías? Mucha frustración y tal vez hasta enojo con Dios, es peligroso porque podríamos pensar que entonces Dios no nos escucha o no le interesa lo que deseamos; podríamos pensar que no ha servido de mucho nuestro trabajo y que todo lo que hemos hecho, a Dios no le importa, tal vez ni siquiera debería estar aquí…


Puse palabras en cursiva porque, al tener envidia o celos de alguien, nos centramos en nosotras mismas ¡ojo! podemos dejar de enfocarnos en lo que Dios nos ha mandado hacer por simple egoísmo, buscar brillar más que Dios en nuestra vida, creer que todo lo hacemos por nosotras mismas cuando la realidad es, que todo cuanto hacemos debemos hacerlo como para el Señor.  Él es el principal motivo de nuestro día.


Cuando comencemos a ver que Dios nos ha dado dones y talentos diferentes a cada una, y que si los unimos podemos crear una sinergia impresionante, las cosas cambiarán;  comencemos a ver a los demás a través de los ojos de nuestro Dios, veamos cómo ha sido bueno con ellos y seamos agradecidas porque sigue extendiendo su misericordia.



¿Qué es lo que causa las disputas y las peleas entre ustedes?
¿Acaso no surgen de los malos deseos que combaten en su interior?
 Desean lo que no tienen, entonces traman y hasta matan para conseguirlo. 
Envidian lo que otros tienen, pero no pueden obtenerlo, por eso luchan
y les hacen la guerra para quitárselo. Sin embargo, no tienen lo que desean
porque no se lo piden a Dios. Aun cuando se lo piden,
tampoco lo reciben porque lo piden con malas intenciones:
desean solamente lo que les dará placer.

Santiago 4:1-3



Y tales guerras son cada día, en casa, en la escuela, etc. dice que son de nuestras pasiones, todos los celos, envidias, contienda, muestran en realidad la condición de nuestro corazón y la independencia de Dios en nuestra vida.


Analicemos… ¿En qué momento fue que dejé de ver todo lo que ha hecho Dios por mi? ¿En qué momento permití que la alegría de otros fuera mi tristeza? ¿Cuándo es que comencé a desear lo que alguien más tiene?
Creo que es cuando dejamos de agradecer lo que Dios nos ha dado; mira a tu alrededor, ¿qué es eso que tienes de parte de Dios? ¡Todo! Sé que habrá muchas cosas que anhelemos y que tal vez Dios se las esté dando a otros pero, no olvidemos que Dios nunca nos ha dejado y eso es motivo suficiente para estar agradecidas. ¿Qué más necesitamos si Dios es todo?



Tal vez la clave es que dejemos de preocuparnos por nosotras mismas y comencemos a pedirle a Dios hacer las cosas exclusivamente para Él ¡aún cuando eso signifique que no brillaremos! Mengüemos para que el resplandezca en nuestra vida y mujer, tendremos una recompensa… Colosenses 3:24 dice:


Sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia,
Porque a Cristo el Señor servís.



Y por último mujer… sigamos el sabio consejo de Pablo, será hermoso que la próxima vez que a alguien le vaya mejor que a nosotras, nos alegremos con ella, llenemos nuestro corazón con gratitud a Dios, con humildad y podremos gozar al ver que Dios es bueno no sólo con nosotras, sino con quienes Él lo ha decidido serlo.



Alégrense con los que están alegres y lloren con los que lloran.

Romanos 12:15




Renovada En Su Gracia

Karla



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