martes, 1 de septiembre de 2015

¡Dios, te necesito en mi hogar!





Toda una vida tratando de formar una familia, un hogar que parece cada vez más lejano, hijos que se olvidan de sus padres, padres que dan su vida para ver en sus hijos lo que no pudieron ver logrado en ellos mismos.


Al final de la vida, nuestro Dios no nos preguntará ¿Qué casa compraste? ¿Cuántos títulos colgaste en la pared de tu estudio? ¿Viajaste lo suficiente? ¿Qué universidad les pagaste a tus hijos?


Es bueno e importante darle todo eso a nuestros hijos, aún nosotras mismas, fomentar el anhelo a superarse, nosotras cumplir sueños y objetivos, alcanzar metas, pero nada de eso es tan importante como nuestra dependencia a Dios; nada tan importante como cada día buscar parecernos más a Jesús.



El Salmo 127 es hermoso mira que dice en su totalidad en la versión RVC


Si el Señor no edifica la casa,
de nada sirve que los edificadores se esfuercen.
Si el Señor no protege la ciudad,
de nada sirve que los guardias la vigilen.




Jehová como principal edificador en nuestro hogar, ¿quién nos puede ayudar a construir una familia? Aquél que la diseñó.


Por demás está que nos esforcemos en tener la casa más hermosa si dentro es un infierno, por demás está que aparentemos tener la mejor familia si delante de Dios no es así. ¿Por qué pasa eso? Porque nos hemos olvidado de que Dios es quien nos enseña, nos anima y nos instruye en como tener un hogar de acuerdo a su diseño divino.


Si no es Dios el que guarda nuestro hogar, en el que depositamos nuestra confianza, en quien descansamos para provisión, de nada sirve que trabajemos y trabajemos porque no tendremos la paz de Dios, entonces estaremos frustradas, amargadas y con estrés por no saber lo que acontecerá.



De nada sirve que ustedes madruguen,
y que se acuesten muy tarde,
si el pan que comen es pan de sufrimiento,
y el Señor da el sueño a los que él ama.


¡Uf! la Palabra de Dios es clara, muy clara. De nada sirve que hagamos y hagamos cosas para obtener lo que necesitamos, que trabajemos y trabajemos sin descanso, que nos preocupemos y busquemos por todos los medios obtener bienes y aún lo necesario para vivir si Dios no está con nosotras.



Dios le da descanso a quienes confiamos en Él, a quienes le amamos por encima de todas las cosas, a quienes le damos el primer lugar en nuestra vida y hogar. Necesitamos estar siempre con Él porque: “Separados de mi, nada podéis hacer” Juan 15:5



Los hijos son un regalo del Señor;
los frutos del vientre son nuestra recompensa.

Los hijos que nos nacen en nuestra juventud
son como flechas en manos de un guerrero.

¡Dichoso aquél que llena su aljaba
con muchas de estas flechas!
No tendrá de qué avergonzarse
cuando se defienda ante sus enemigos.



Una bendición más por tener a Dios como nuestra prioridad, es la vida de nuestros hijos. ¿Sabes? Cuando vivimos bajo la cobertura de nuestro Dios y Padre, aprendemos algo hermoso a ver a nuestros hijos como Dios los ve. ¿Cómo lo sé? Porque lo he vivido, hace tiempo en el que no dependía de Dios por completo, veía todos los errores y defectos de mis hijos como algo que me quitaba la paz, no sé si me explico; no los disfrutaba tanto como ahora.



Los he amado desde antes de conocerlos, pero hubo tiempo en el que sufrí por sus actitudes, su forma de aprender, etc. hoy te puedo decir con franqueza que, he aprendido a amarlos en todo momento, en sus altos y en sus bajos, en las rabietas y en los momentos en los que están como muéganos conmigo y no se me despegan. Dios ha sido bueno en darme la oportunidad de verlos crecer, de disfrutar sus diferencias de uno y otro, me ha permitido cada día aprender un nuevo lenguaje de amor con ellos, ha sido bueno en permitirme ser quien les instruye en el camino de Dios y no se han dejado llevar por las corrientes del mundo. Creo en Dios que ellos saben y diferencian lo santo de lo común y que aún en su edad adulta, aprenderé a amarlos cada día más y más.



Tú como yo, somos unas guerreras quienes tenemos en las manos a nuestros hijos, ellos quienes serán lanzados un día con el favor de Dios a cumplir el propósito divino para su vida. Somos dichosas, bienaventuradas de tenerles para guiarles, instruirles en la verdad antes que alguien más intente hacerlo. Y de esa forma estaremos confiadas que cuando vengan con doctrinas diferentes, con invitaciones al pecado, a olvidarse de Dios, Él nos respaldará y nuestros enemigos, los enemigos de nuestros hijos, los enemigos de nuestra alma saldrán huyendo, corriendo sin siquiera poder avergonzarnos ni tocarles a ellos.



Dios ha sido bueno mujer, y lo sigue siendo hoy mismo. Padre, ven,  establece tu reino en mi hogar, sé tú el primero siempre, que tu presencia esté con nosotros todos los días, en Cristo Jesús amén.


Renovada en Su Gracia


Karla






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