domingo, 6 de septiembre de 2015

¡No quiero decir Amén!




De verdad… no quiero decir amén.

Pronto cumplirá un año que murió mi padre, cada día que hablaba con él por teléfono me decía para terminar la conversación: “bueno hija, dale besos a mis conejitos” (mis hijos) y yo le contestaba “espera, ¿qué te iba a decir? ¿qué te iba a decir?” y así se prolongaba más nuestra conversación hasta que por fin tenía que colgar. Así fue hasta que un día no pude prolongarla más.


Lo mismo me sucede a la hora de orar.

No quiero decir amén… siento que es como despedirme de Dios.

No quiero decir amén y salir corriendo y olvidarme de Dios hasta el día siguiente.

No quiero decir amén sin escucharle.

No quiero decir amén sin permitirle hablar.

No quiero decir amén sin entregarme por completo en adoración.

No quiero decir amén sin saber que me escucha.

No quiero decir amén como un acto religioso sino, sabiendo que estoy aceptando su voluntad en mi vida.

No quiero decir amén, sin su presencia…


¿Te pasa lo mismo? Esa sensación de que no has terminado de hablar con Dios y quieres postergarlo durante todo el día, sin decir amén.


¿Y si oramos sin cesar? Es un mandato.


Orad sin cesar.
Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios
para con vosotros en Cristo Jesús.
1 Tesalonicenses 5:17-18



Si tenemos la oportunidad de hablar con nuestro amoroso Dios durante todo el día ¿por qué no hacerlo? Es como un matrimonio… mira, hay momentos de intimidad, donde solo estamos con nuestro esposo, donde nos miramos a los ojos y podemos desnudar el alma y estar en comunión. Otros momentos en los que podemos estar en comunicación gracias a la tecnología moderna, otros momentos en los que estaremos juntos, aunque no necesariamente hablando sino acompañándonos; otros momentos en los que estaremos rodeados de personas con la que hablamos de lo mismo y aún así seguimos en comunicación.


¿Por qué no intentarlo con Dios?


Momentos de intimidad con Él, a solas en nuestro lugar de oración, momentos en los que nos entregamos por completo en adoración a Él, donde nada, nada más importa que Él… nuestro refugio, nuestro hogar, nuestro amado Padre envolviéndonos en amor. ¡Oh, cuanto nos ama!


Y durante el resto del día, mientras hacemos nuestras actividades diarias ¿por qué no hablar con Él? No necesitamos un celular, ni redes sociales, ni un teléfono fijo para poder hablar con Él todo el tiempo.


Aprovechemos los momentos en los que estamos en silencio, siendo compañía uno de otro. Qué hermoso saber que, aún mientras descansamos Él cuida de nosotras. Mientras nuestra mente está en que la comida no se queme, los hijos no se mojen, el teléfono suena, y ya no tarda en llegar tu esposo… ¡uff! Aún sin hablar con Él directamente, está ahí y nosotras con Él.


Y de igual forma, los tiempos en los que estemos con más personas alabando su nombre, hablando todos una misma cosa, siendo de un mismo sentir, estemos en comunión con Él.


Y digamos amén, amén Señor. Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos de los siglos, vives en mi, tu reino está establecido en mi y quiero hacer tu voluntad, amén.



Renovada en Su Gracia



Karla





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2 comentarios:

  1. Gracias Karla hermoso no quiero desir amen para no despegarme ni un momento de Dios, mi abuelito le decia borregito a mi hijo y conejito,me hiciste recordar y llorar pero de un recuerdo bonito, si mi abuelito nos amaba cuanto mas Dios, Dios te bendiga hermosa Karla.

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