viernes, 20 de noviembre de 2015

Un año sin mi madre...






Durante estos dos años que he escrito en el blog, te he compartido mucho acerca de mí, de mi familia y de situaciones que han acontecido en mí caminar con Dios. Hace un año no publiqué nada de la muerte de mi madre porque tenía mucho dolor, pero el domingo 22 de noviembre, mi madre cumplirá un año que regresó a casa y te compartiré un poco de lo que fue.




Después de 45 días de la muerte de mi padre, Dios decidió llevarse a mi mamá también. Aún estábamos con el dolor de haber perdido a mi papá cuando una llamada de mi hermana Maryjo a medio día del 20 de noviembre de 2014, me hizo aguantar la respiración.


“Mi mami se está muriendo” –dijo por el teléfono- de pronto se detuvo el tiempo y le contesté –tranquila, voy para allá no te preocupes- pero creo que esas palabras me las estaba diciendo a mí misma.





Mi amado esposo no dudó en llevarme, sólo cargué una maleta y salimos al que sabíamos era el adiós de Estelita. Cantamos durante el camino, te describiré lo que sentía físicamente: mi cuerpo temblaba, tenía sentimientos encontrados porque sentía mucho dolor por saber que era el final, pero también me sentía feliz porque regresaba a casa. Canté durante el camino que contrario a otras veces, ese día llegamos rapidísimo.


Llegando al hospital, la primera persona que vi fue el médico geriatra amigo de mi padre, me vio y sus ojos me dijeron que no estaba bien. Me sentía entre nubes, como si estuviera soñando, al abrir la puerta de la habitación solo estaban mi madre, mi cuñada Rocío y Maryjo. Fría la habitación.



Nos abrazamos, mi madre dormía plácidamente así que le hablé y abrí sus ojos para que me viera, estaba consiente pero sin abrir sus ojos. Contestaba moviendo su cabeza y vio a mis hijos.


El tiempo que pasas en un hospital es eterno. No sabes cuánto agradezco a Dios porque así sea, esas horas que estuvimos con ella fueron eternas y pudimos despedirnos de ella.


Hablamos horas de lo que hacíamos con ella.

Del olor a café de olla que siempre había en casa.

Del ruido de la máquina de coser.

De las gallinas y de cómo recogíamos los huevos cada día.

De la ocasión que la correteó una mujer en la calle.

Hablamos de cómo disfrutaba el desayuno.

Que no le gustaba lavar.

Que desde que comencé a manejar, me convirtió en su chofer oficial.

De todas las noches que nos hizo “el paro” con mi papá y nos dejó salir.

De los días que no creímos que estaba enferma pero decidimos apoyarla.

De su gusto por la ropa y los zapatos.

De cuánto amó a sus hijos y nietos.

Hablamos de que siempre estuvo ahí cuando más necesitábamos ayuda.

Tantos recuerdos que tenemos con ella que me tardaría horas platicándolos.


Recuerdo tanto las tardes de otoño del 2010, todos los días a las 4 p.m. llegaba a mi casita con su bolsa en mano, una bolsa gigantesca en la que siempre cargaba una coca cola light, pastillas y una caja de cigarros. Pero ese tiempo lo llenaba con topers de comida, cada día llegaba con comida para mí; veíamos su novela en mi cuarto, se fumaba un cigarro y a las 5:30 se despedía de mi para irse en combi a su casa, con mi padre.

Esa era una forma de decir que nos amaba, recuerdo que eso mismo hizo con todos sus hijos cuando pasaban por alguna crisis económica.


No fue una madre perfecta, pero nos dio muchísimo amor. Aguantó muchas cosas por amor a nosotros.

La noche que murió, Dios nos dio la oportunidad de orar por ella. Junto a su cama mí cuñada Rocío, mi sobrina Joselym y yo oramos bendiciéndola, cada una le habló y oró por ella. Mi madre aunque no hablaba ya, ni abría sus ojos  estaba consciente y nos escuchaba. Oramos por ella, le pedimos perdón, le dimos las gracias por su amor, por su cuidado, por amar a nuestros hijos y por todo, la bendijimos, le hablamos a su oído guiándola a perdonar y pedir perdón, la entregamos a Dios en oración, ella lloró y durmió tranquila.


La misericordia de Dios es tan grande que, permitió que mis padres murieran uno después del otro y nos dio paz al saber que regresaron a casa. Creímos en la promesa  «Cree en el Señor Jesucristo, y se salvarán tú y tu familia.» (Hechos 16:31) y así lo vimos.


Hoy a un año de ello, te confieso que aún lloro cuando recuerdo tantas cosas que viví con los dos, sin embargo vivo agradecida sabiendo que los dos creyeron en Jesús, que sabían hacia donde iban y murieron en paz.





No perdamos el tiempo y hablemos de la salvación de Jesús a quienes nos rodean, no sabemos el día ni la hora que nuestro Dios nos llamará a su presencia. Seamos luz donde no la hay, sembremos esa semilla de salvación que al tiempo preciso, nuestro Señor dará el fruto.


Los nietos son la corona de los ancianos,
y los padres son la honra de los hijos.

Proverbios 17:5




Renovada en Su Gracia


Karla




Ellos son mis amados padres  Don Juaco y Doña Estelita, no cabe duda de que "fuerte es como la muerte el amor" Cnt 8:6 Lo único que pudo separarlos fue la muerte... y hoy con la esperanza que tenemos en Cristo, están juntos una vez más... hasta pronto má y pá...






.-.-.-. No siempre seremos jóvenes.-.-.-.

Mi querida niña, el día que me veas vieja, te pido por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme. Si cuando hablamos repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme "eso ya me lo contaste", solamente escúchame por favor. Y recuerda los tiempos en que eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche hasta que te quedabas dormida. 


Cuando no me quiera bañar, no me regañes y por favor no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que te bañaras cuando eras niña. 

Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no hagas esos ojos y esa cara de desesperada. Recuerda mi querida niña, que yo te enseñe a hacer muchas cosas como comer apropiadamente, vestirte y peinarte por ti misma, y como confrontar y lidiar por la vida. 

El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme. Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante. Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches, y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primeros pasos. 

Cuando estos días vengan, no te debes de sentir triste o incompetente de verme así, solo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida, con amor y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, solo quiero decirte que te amo mucho mi querida niña...





Te amo madre...

2 comentarios:

  1. Ay Karla me hiciste llorar... yo también perdí a mis padres, y pienso que ese siempre será un dolor latente en nuestros corazones, así que al leerte fue como remover esa herida...cusntos recuerdos...por la gracia de nuestro buen Dios tuve unos padres muy amorosos y entregados a sus hijos...comparto tu dolor...cuanto los extraño!!!

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    1. te mando un abrazo grande mi querida Paula, Dios te siga dando consuelo y sus bendiciones!

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