miércoles, 27 de enero de 2016

Ayer lloraste, hoy ríe {Viaja Ligera}





Este salmo es una acción de gracias del Rey David por haber sido librado de la muerte. Voltea atrás un momento y recuerda todo lo bueno que ha sido Dios contigo. Recuerda de donde te sacó una y otra vez. Recuerda todas las ocasiones en las que extendió su misericordia y por gracia saliste en victoria.





En diversas ocasiones nos enojamos con Dios por las pruebas que enfrentaos, nos enojamos y reclamamos (tal vez inconscientemente y en silencio) el por qué seguimos luchando. Esperamos ver la bondad de Dios todo el tiempo porque Él es bueno, su misericordia es nueva cada mañana pero, olvidamos que es un Dios justo, y que si bien Cristo nos ha justificado, hay consecuencias de nuestros errores y eso es para los que creemos en Dios y también para quienes aún no creen en Él.



Lo que sembramos, cosechamos.

Eso debe ser un motivo de alegría, de regocijo mujer, porque cuando cruzamos las pruebas y salimos en victoria con Dios, todo aquello que nos hacía llorar se transforma en alegría.



Cada prueba superada, es un aprendizaje más,
 más madurez, más sabiduría y más acercamiento a Dios.


En medio de las pruebas tal vez no entendamos, pero cuando sales triunfante es una alegría inexplicable. ¿Cómo se sentirá una mujer que después de años de luchar contra el cáncer, por fin es declarada sana?

¿Cómo se sentirá un padre de familia, al ver a su hijo rebelde regresar a casa? ¿Cómo nos sentimos todas al ser traídas de muerte a vida espiritual?



Aunque el dolor dure una noche entera,
siempre habrá un amanecer brillante…






Canta, baila, ríe, goza de la presencia de Dios en las pruebas; ora confiando en que:

Misericordioso y clemente es Jehová;
Lento para la ira, y grande en misericordia.
No contenderá para siempre,
Ni para siempre guardará el enojo.
 No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades,
Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.
 Porque como la altura de los cielos sobre la tierra,
Engrandeció su misericordia sobre los que le temen.
Cuanto está lejos el oriente del occidente,
Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.
Como el padre se compadece de los hijos,
Se compadece Jehová de los que le temen.

Salmos 103:8-13



Por eso clama a gran voz:


Bendice, alma mía, a Jehová,
    Y bendiga todo mi ser su santo nombre.
Bendice, alma mía, a Jehová,
Y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él es quien perdona todas tus iniquidades,
El que sana todas tus dolencias;
El que rescata del hoyo tu vida,
El que te corona de favores y misericordias;
El que sacia de bien tu boca
De modo que te rejuvenezcas como el águila.

Salmos 103:1-5




¡Estás viva mujer! llora todo lo que tengas que llorar, que en un momento, en un momento tu lamento se convertirá en baile para la gloria de Dios…
Suelta todo, viaja ligera…








En Su Gracia



Karla



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