viernes, 11 de marzo de 2016

Conducta renovada {Efesios}




Terminamos el capítulo 4 de esta bella carta a los Efesios. En todo este capítulo Pablo nos instruye a vivir la vida cristiana; me impresiona leer que les hablaba como si aún fueran niños espiritualmente aún cuando pasó dos años con ellos enseñándoles. Hace énfasis en cómo debe ser el carácter y conducta de quien ha recibido y creído verdaderamente en Cristo.


El versículo 17 insiste en que no vivamos ya como la gente sin Dios, y en la porción que hoy estudiamos da una serie de conductas que teníamos cuando vivíamos alejadas de Dios. Veamos qué necesitamos recordar.



 Por eso cada uno de ustedes debe desechar la mentira y hablar la verdad con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.
Enójense, pero no pequen; reconcíliense antes de que el sol se ponga, y no den lugar al diablo.
 El que antes robaba, que no vuelva a robar; al contrario, que trabaje y use sus manos para el bien, 
a fin de que pueda compartir algo con quien tenga alguna necesidad
No pronuncien ustedes ninguna palabra obscena, sino sólo aquellas que contribuyan a la necesaria edificación 
y que sean de bendición para los oyentes.
No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, con el cual ustedes fueron sellados para el día de la redención.
Desechen todo lo que sea amargura, enojo, ira, gritería, calumnias, y todo tipo de maldad.
En vez de eso, sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros, 
así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo.



Efesios 4:25-32


         Desechar la mentira. Alguna vez leí que aquellas personas que siempre hablan la verdad, no necesitan tener buena memoria. Y no sólo eso, sino que viven en paz. Recordarás que cuando mentíamos, al final del día se nos iba el sueño pensando en lo que pasaría si se descubría la verdad.

Pablo nos instruye en nuestras relaciones con otros hermanos a hablar siempre con la verdad, desechar la mentira. Esto significa que debemos ver por el bienestar del otro. Por ejemplo, tú y yo podemos darnos cuenta que alguna mujer está errando en algo, en su caminar con Dios; si vemos que está a punto de caer o fallar, si nos quedamos calladas no estamos contribuyendo a la edificación del cuerpo; estamos guardándonos una verdad que puede salvarle la vida espiritual. ¿Qué parte de nuestro cuerpo “calla” cuando está en peligro otro miembro? Así debería ser en el cuerpo de Cristo.



         Enójense pero no pequen.  Más de una vez escuché a alguien decir: “¿Te enojaste? ¿No que muy cristiana?” Claro que si no entendemos bien ese versículo, nos podemos sentir condenadas; sin embargo no dice que los cristianos no deben enojarse sino, “enójense, pero no pequen”.

No tenemos permitido enojarnos con personas, actitudes o circunstancias determinadas. Estaríamos pecando si nos enojáramos con personas que nos han herido, se han arrepentido y pedido perdón por ejemplo; estaríamos mostrando un enojo fundado en el rencor y falta de perdón, es decir pecando.

Por el contrario, tú y yo habremos de experimentar enojo en situaciones que no son justas, ante situaciones de maldad o de abuso; en ellas no podemos ni debemos permanecer indiferentes.

Hay determinadas situaciones en el mundo que me enojan mucho; creo que si llego a tolerarlas o hacer caso omiso a ellas para evitar críticas, problemas, para NO perder amistades, familiares, puestos o posiciones;  mi actitud cristiana no es la correcta. No puedo ser indiferente o neutral entre el bien y el mal, entre lo que Dios pide y lo que el mundo ofrece.



El que robaba, no robe más.  Pablo nos hace un llamado a dejar de ser egoístas buscando nuestro propio bien, enriqueciéndonos aún de manera pecaminosa sólo para nosotras, y en lugar de eso nos insta a que seamos compartidas. Ninguna persona tendría la necesidad o el impulso de robar, si usáramos los talentos que nos ha dado Dios para trabajar y salir adelante. Y al hacerlo, experimentar que todos recibimos más cuando damos, escrito está “Hay más bendición en dar que en recibir”  (Hechos 20:35)

No robemos, y no solo en cuestión material, la impuntualidad es robo de tiempo hacia la otra persona; el guardarnos el cambio del gasto es robo a nuestro esposo, el desvelarnos es robarle tiempo de descanso a nuestro cuerpo; y podemos seguir con la lista,  pero cada una analicemos qué es lo que debemos dejar de hacer por beneficio propio, y que podemos dar de ello a otros.



Palabras que edifican.  El versículo comienza diciendo que no pronunciemos ninguna palabra obscena, corrompida,  que no salga de nuestra boca sino las que edifiquen y bendigan a quienes nos oyen. Aquí debemos analizar no sólo lo que hablamos sino lo que estamos “Consumiendo”, porque lo que abunda en nuestro corazón es lo que expresamos. Nuestra forma de hablar debe ser para instruir, para bendecir y edificar, amar a otros.

Hagamos un análisis la próxima vez que hablemos con alguien ¿De qué hablamos? ¿Son nuestras palabras de bendición o edificación? ¿Aún hablamos como antes de ser justificados por Cristo?


El hombre bueno, saca lo bueno del buen tesoro de su corazón.
El hombre malo, saca lo malo del mal tesoro de su corazón;
porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Lucas 6:45



No entristezcan al Espíritu Santo con él fueron sellados.  El Espíritu Santo, es una persona, vive en nosotras, y a la luz de esta escritura conocemos que se entristece. ¿En qué momento se entristece? Con los pecados y actitudes que se mencionaron antes. Cuando mentimos, nos enojarnos sin razón justa, robar, al hablar palabras que no edifiquen, palabras que no muestren la santidad a la que hemos sido llamados. Si bien el Espíritu Santo mora en nosotros, es muy diferente tenerlo entristecido a tenerlo en  plenitud en nuestra vida. ¿Será por eso que en ocasiones no experimentamos su fruto en nosotras? Para meditar.


Y por último, Pablo nos da una lista de conductas que debemos erradicar de nuestra vida y que entristecen al dulce Espíritu Santo “Desechen todo lo que sea amargura, enojo, gritería, calumnias y todo tipo de maldad” Controlar nuestras emociones, no es sencillo pero sabiendo ahora que ellas entristecen al Espíritu Santo, vale la pena tomarse el tiempo para mejorar.


Quitemos de nuestra vida la amargura… perdonando.

El enojo y la ira… ejercitando la piedad y la paciencia.

Gritería… controlando el actuar con violencia verbal. Antes de hablar o gritar, tenemos la oportunidad de callar y pensar. “El corazón del justo piensa para responder; mas la boca de los impíos derrama malas cosas.(Proverbios 15:28)

Maledicencia, calumnias. No profiramos contra otros o contra nosotras mismas palabras que dañen, no blasfememos y no maldigamos con nuestros labios.



Decidamos quitar eso de nuestra vida, si te das cuenta son malos hábitos que con ayuda del Espíritu Santo y ejercitándonos en cambiarlo, lo podemos lograr.


En vez de eso, sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros,
Así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

Efesios 4:32


Contrarrestemos esas malas actitudes, esas emociones descontroladas con un cambio radical en nuestra conducta y seamos bondadosas y misericordiosas. Cuando comencemos a ver las necesidades de otros primero o antes que a nosotras mismas, cuando nos interesemos y  nos lamentemos con ellos, experimentaremos un afecto profundo, maduro y compasivo.



Y por último perdonemos a otros como Cristo nos perdonó a nosotras. Demos de gracia lo que de gracia recibimos. No perdonamos para sentirnos bien. Perdonamos porque Cristo nos perdonó, perdonamos porque eso glorifica a Dios y así nos asemejamos a su carácter. Perdonemos en base a la gracia de Dios.



En Su Gracia



Karla



*Todas las citas bíblicas en este artículo corresponden a la traducción RVC




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