miércoles, 27 de abril de 2016

Personas tóxicas






Hace unos días compartí en la página de Facebook una imagen que muestra las características de las personas tóxicas.







Creo que es tiempo de dejar de promover el "comportamiento" de las personas tóxicas, ¿cuántas nos hemos alejado de personas a raíz de este tipo de publicaciones?  Muchas de ellas sólo pasan por momentos difíciles, crisis de identidad o dolor que no saben cómo canalizarlo; en lugar de promover el "alejarnos" de personas con esas características, promovamos la ayuda a ellas, el amor y carácter de Jesucristo para que de su mano, busquemos una solución juntas..


No sabemos si el día de mañana presentemos esos síntomas y nos dejen solas, en lugar de extendernos una mano de ayuda y un hombro de apoyo. Hablemos verdad, hablemos bendición, hablemos amor,  hablemos de Cristo.


"No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo
segaremos, si no desmayamos."
Gálatas 6:9


Estoy de acuerdo que el alejarnos de personas que no nos benefician, significa una carga menos pero, ¿Por qué no tratamos de ayudarles a cambiar eso? Tal vez una palabra correcta en el momento adecuado, ayude a ser libres de esas actitudes.  Nuestro Señor Jesucristo vino a sanarnos. (Isaías 61:1)


Cada actitud negativa tiene una raíz, un por qué en nuestra vida. Es solo nuestro Señor Jesucristo quien nos puede librar de ellas, ser llenas del Espíritu Santo y vivir la vida en libertad.


La próxima vez que encontremos a una “persona tóxica” recordemos el Proverbio 25:15 que dice: La mucha paciencia aplaca al príncipe; la lengua afable quiebra los huesos más duros. Oremos por ella y compartamos las buenas nuevas de Cristo, hablemos bendición  a su vida y hagamos de su conocimiento que viviendo desde la perspectiva de Dios, todo es en libertad y victoria.


También oremos mujer, pidiendo a Dios por amigas fuertes en la fe quienes nos amen de verdad, y nos hagan ver cuando estamos cayendo en actitudes contrarias a lo que la Palabra de Dios dice, para así orar juntas y vivir conforme Dios lo ha diseñado. Nadie está exento de adoptar alguna de esas actitudes, pidamos a Dios examine nuestros corazones.


Derribemos las actitudes tóxicas con la Palabra de Dios.



1.      Murmuración.

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos,
si no desmayamos.  Así que, según tengamos oportunidad,
hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

Gálatas 6:9-10

2.     Amargura

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros,
como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

Efesios 4:31-32


Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios;
que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe,
y por ella muchos sean contaminados

Hebreos 12:15


3.     Celos, envidias

Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna,
llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.

Santiago 3:16-17

El corazón apacible es vida de la carne;
Mas la envidia es carcoma de los huesos.

Proverbios 14:30

4.     Sentimiento de derrota.

Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

1 Corintios 15:57


Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de
Jehová nuestro Dios tendremos memoria.

Salmos 20:7

5.     Falta de Fe.

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.  que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones,  apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.

Hebreos 11:1, 33-34


6.     Falta de alegría.

Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
2 Corintios 12:10


¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
Salmos 42:5

Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis
 en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
Romanos 15:13


¿Qué otras actitudes tóxicas recuerdas? ¿Con qué Palabra podemos derribarla?


En Su Gracia

Karla





Escribe tu e-mail y recibe las publicaciones directo a tu bandeja de entrada:

viernes, 22 de abril de 2016

Quien mucho adula, poco ama





Qué bonito es cuando las personas con quienes tienes trato te halagan continuamente, sin embargo, no siempre esas palabras nos bendicen.


La lengua falsa atormenta al que ha lastimado,
Y la boca lisonjera hace resbalar.

Proverbios 26:28


Tal vez te suceda lo mismo, el día que recibimos más halagos es el día que nos sentimos en las nubes, todo es color de rosa; es como si todo lo que hacemos es correcto y caminamos sin percatarnos de la realidad. Tratamos de actuar así con quienes nos rodean, hablamos sólo cosas positivas y resaltamos lo bueno de los demás, esto no es del todo malo pues, una palabra de ánimo en el momento indicado es hermosa y nos ayuda a levantarnos.


Lo importante aquí es que debemos ser sabias para diferenciar cuando alguien nos está motivando o adulando, no es lo mismo. Si continuamente recibimos palabras que nos halaguen o adulen, no es sano para nosotras, nos puede llegar a cegar de la realidad. Por el contrario, cuando recibimos motivación eso nos invita a dar lo mejor de nosotras, a seguir trabajando y creciendo, nos ayuda a aprender de nuestros errores y a no quedarnos en el suelo sino seguir adelante aun cuando sus palabras no sean para nada halagadoras.


Podemos ver esto en nuestros hijos, cuando los motivamos a seguir adelante, a no darse por vencidos, buscar la excelencia etc., es un detonante a su creatividad, seguridad y empuje para hacer las cosas.


Por otro lado, si solo los adulamos, hablamos de lo maravilloso que es, de la perfección de todo lo que hace etc. y no le hablamos la verdad de acuerdo a su edad, estaremos criando niños con un ego altísimo pero fuera de la realidad, ellos deben ir conociendo sus limitantes, sus áreas de oportunidad, sus debilidades y fortalezas para que, junto a nosotras y de la mano de Dios, todo ello sea perfeccionado.


¿Qué clase de personas son quienes nos rodean? ¿A quiénes decidimos escuchar?
Anoche leía el primer libro de Reyes capítulo 22, donde el profeta Micaías profetiza la derrota del rey Ajab,  él había consultado a 400 profetas que le habían dado “buen augurio”, el rey de Judá le pregunta si acaso hay otro profeta de Dios a quien puedan consultar, y el versículo 8 dice lo que me llamó mucho la atención:
  

Y Ajab le respondió:
«Sí, aún queda otro profeta por medio del cual podríamos consultar al Señor.
Se trata de Micaías hijo de Imla, pero me cae muy mal
porque nunca me da palabras de aliento,
sino que siempre me desanima.»

1Reyes 22:8


Todos los profetas le hablaban lo que quería escuchar y él estaba feliz, cuando un hombre de Dios le decía las verdades que de Dios venían, él prefería no escucharle. ¿Cuántas veces hemos desechado a alguien porque nos dice lo que no queríamos escuchar? Es verdad que necesitamos depender de Dios porque, podemos llegar muy alto con las palabras que nos adulan y caer cuando somos consientes de la realidad.


He creído que cuando alguien te ama de verdad, te dice las cosas tal cual son aunque  nos duela o nos moleste, entre creyentes, cuando nos aman de verdad nos dirán lo que en verdad Dios dice y no lo que nos hará sentir bien. No necesitamos aduladores sino quienes nos hablen la verdad del evangelio, la Palabra profética más segura es la Palabra de Dios.


No busquemos quienes nos digan lo que queremos oír, sino a quienes nos hablen la verdad, amigos y maestros honestos quienes aparte de motivarnos, nos hagan ver nuestros errores, nos confronten cuando lo necesitemos porque eso nos llevará a hacer las cosas bien para honra y gloria de Dios.


Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina,
sino que aun teniendo comezón de oír se amontonarán maestros
conforme a sus propios malos deseos, y apartarán de la verdad sus oídos
y se volverán a las fábulas.

2 Timoteo 4:3-4


Vamos a poner atención a nuestro círculo de amistades y aún nuestra familia y escuchemos qué es lo que nos dicen, si sólo recibimos halagos, tal vez es porque aún no somos lo suficientemente maduros como para recibir palabras que nos exhorten o confronten, porque siendo honestas ¿acaso somos perfectas para siempre recibir palabras aduladoras?


Las Palabras que nos muestran nuestros errores y nos hacen recapacitar y tomar la dirección correcta, son de más bendición que las palabras que nos halagan siempre. ¿A quiénes estamos escuchando?


Las palabras de bendición, no siempre vienen con flores incluidas, a veces vienen con una dosis de frialdad que nos despierta de un estado irreal.


Alguien que sólo adula, no muestra amor porque estará fomentando el orgullo en la persona a quien halaga. Hablemos la verdad, como Jesús. Si nos rodeamos sólo de personas quienes nos adulan, terminaremos enojándonos y separándonos de aquellos que nos hablan con integridad y sinceridad, para seguir experimentando esa sensación de poder. Recuerda al rey Ajab, pereció por no escuchar la verdad.

Cae mejor el que sabe reprender
que el que sólo sabe lisonjear.

Proverbios 28:23

Cuesta mucho recibir palabras que no nos hacen sentir bien, pero si las presentamos ante Dios junto con nuestro corazón para ser examinado, al final del día obtendremos la palabra de bendición que necesitábamos escuchar y que nos acercará más a nuestro Padre y cumplir así el propósito por el cual hemos sido creadas.


Hablemos verdad, hablemos bendición, hablemos amor hablemos de Cristo.



En Su Gracia


Karla





Escribe tu e-mail y recibe las publicaciones directo a tu bandeja de entrada:

viernes, 15 de abril de 2016

El beso del adiós





La rutina es parte de la vida de todo ser humano, no es que nos guste del todo pero es así. Tenemos un horario establecido para levantarnos, para desayunar, asear la casa, preparar los niños para el colegio, hacer el guisado, salir a trabajar, jugar con los niños, cena, tiempo con el esposo, etc.


Estoy tan acostumbrada a mi esposo que, los días que por alguna razón no está en casa a  la hora de comer o tiene que salir de viaje, mi horario se distorsiona un poco y me descontrolo hasta en la hora para dormir. Me he dado cuenta de algo que sucede no solo en mi familia sino, en la de muchas mujeres más.


Las mañanas son prácticamente de hacer lo mismo día tras día, preparar hijos, desayunar, beso al esposo de despedida, dejar a los niños en el colegio, beso a cada uno y de regreso al hogar o al trabajo si acaso lo tienes.



¿Qué pasaría si fuese el último beso que damos a ellos?


Estamos tan acostumbradas a despertar cada día, orar  a Dios y hacer nuestras cosas diarias que, no nos detenemos a pensar que pudiera ser nuestro último día en la tierra, o el de nuestro esposo e hijos. Nuestro beso del adiós.


Tomemos tiempo para nosotros como familia. Concentremos nuestra fuerza en ellos. Regresemos a nuestro primer amor con Dios y rodeemos a nuestra familia de Él. Que no nos pase como a Salomón, el hombre más sabio en la tierra después de nuestro Señor Jesucristo. Él quien tuvo todo a  manos llenas, sabiduría, riquezas, honra, mujeres, fama, construcciones, éxito, todo lo que un hombre pudiera desear él lo tuvo, y murió vacío, sin Dios.


Hemos sido creados para depender de Dios y no de las cosas terrenales. Fuimos creadas para encontrar satisfacción y felicidad con nuestro Dios y no en los placeres del mundo. Dios nos ha dado la capacidad de disfrutar de todo lo que nos da cuando le somos fieles a Él.


Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes,
 y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte,
y goce de su trabajo, esto es don de Dios.

Eclesiastés 5:19


Vemos que el rey Salomón se dedicó a hacer tantas cosas que llegó un momento en el que se olvidó de Dios, se olvidó de su primer esposa al tener mil mujeres más, y no pudo relacionarse con ninguna de ellas, descuidó a sus hijos, su reino y murió lejos de Dios, rindiendo culto a otros dioses.  (1 Reyes 11)


Cuando comenzamos a olvidarnos de Dios, de presentarnos delante de Él en oración, de leer su Palabra y buscar su rostro cada día, comenzaremos a perder esa misma comunión familiar.


Cuando nuestra vida espiritual, nuestra dependencia de Dios está bien y fuerte; nuestra comunión en el matrimonio y en familia está fortalecida también. Es tiempo de fortalecernos en familia, de buscar juntos la presencia de Dios, de orar unos por otros y estar unidos, más unidos para que cuando aquél día venga, estemos preparados y llenos del amor del Padre.



Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería
y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. 
Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.
Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar
de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.

Lucas 21:34-36


El día de la muerte vendrá para todos, tratemos que nuestros años estén llenos de mucha vida, llenos del amor de Dios, de su presencia para ser guardados de todas las cosas que acontecerán en los tiempos por venir.


Vivamos de tal manera que todos los días sean el mejor, que nuestros besos al dormir, al despertar y al despedirnos, cada vez estén cargados de amor por los nuestros, que tengamos la seguridad que si es el último día sobre la faz de esta tierra y es tiempo de bajar al sepulcro, hemos amado a Dios con cada fibra de nuestro cuerpo, con cada átomo de nuestro ser y aún con una montaña de errores siempre buscamos hacer su voluntad.


El beso del adiós, con su presencia es el mejor.



En Su Gracia



Karla






Escribe tu e-mail y recibe las publicaciones directo a tu bandeja de entrada:

lunes, 11 de abril de 2016

Perdono y olvido





¿Has escuchado el dicho que dice: “Perdono pero no olvido”?  La verdad es que yo crecí escuchando eso, las personas hablan de perdón pero en realidad no lo entienden hasta que tienen un encuentro verdadero con Dios, porque recién ahí es cuando experimentamos y conocemos lo que es el perdón.

¿Qué es en realidad el perdón?

Dejar ir, soltar a la persona que nos hirió, darle la oportunidad de irse sin rencores, es como cancelar una deuda sin recibir pago a cambio, es tal cuál Dios a través de Cristo ha hecho con nosotros. (Colosenses 2:12-16)


En este devocional queremos experimentar una sanidad interior y una restauración, pero sería muy difícil lograrlo si acaso no hemos entendido y practicado el perdón, hoy deseo compartir contigo algunas de las cosas que hicimos como pareja para experimentar un verdadero arrepentimiento, lo que nos llevó a otorgar el perdón y sobre todo a pedirlo en el momento necesario.








El perdón entonces es dejar ir la ofensa, pero ¿qué pasa si ya perdoné pero me acuerdo y saco el tema una vez más?  Siendo sincera me pasaba una y otra vez, si, ya perdoné –pensaba-  pero veía a la otra persona y el estómago se me hacía nudo, y si era mi esposo quien me ofendió, peor porque era discusión segura y la mayoría de las veces eran cosas o temas que él ya ni recordaba. Aunque creía que ya había perdonado no era totalmente congruente con la actitud que tomaba, y me frustraba porque llegaba con Dios y le decía “la regué otra vez, no entiendo” y es que en verdad no había perdonado, sólo había dejado de lado la ofensa.


 Perdonar NO es negar la ofensa, esforzarse por olvidar lo que pasó, disculpar al ofensor, ignorar que sucedió o pretender como dice el dicho: “que el tiempo borre las heridas”, en realidad eso nunca va a pasar porque el único que sana y restaura corazones es Jesús, si no vamos a su presencia y nos llenamos de Él para perdonar, difícilmente experimentaremos  la libertad que trae consigo el otorgar el perdón; el perdón es un mandato de Dios.  


Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas,
os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Mateo 6:14-15



Es difícil perdonar cuando no nos hemos perdonado a nosotros mismos, hay cosas en nuestro pasado que pudieran estar dañándonos y por ende no podemos perdonarnos, lo importante es entender cómo es que Dios nos ha perdonado, valorar el sacrificio de Jesús para perdón de nuestros pecados, creo que cuando entendemos eso se nos hará más fácil perdonarnos y perdonar a otros, si Dios nos perdona ¿Quiénes somos nosotros para no hacerlo?


Tal vez cueste trabajo perdonar de un momento a otro si es que te han herido en gran manera, pero haciendo una comparación con Cristo, Él perdona nuestros pecados por igual, sea una simple mentira o un asesinato pues para Él no hay escala de pecado, no hay un “precio” diferente para el perdón, el precio fue la cruz y a nosotros nos cuesta trabajo entenderlo y aplicarlo.


¿Qué pasa si no perdono?


Podríamos mencionar muchas consecuencias del no perdonar, pero tocaré las que creo son significativas en el lecho matrimonial y te daré un versículo bíblico para que puedas leerlo.


1.              Nuestras oraciones son estorbadas (Mar 11:25)
2.              Dios no recibe nuestras ofrendas (Mat 5:23)
3.              Hay amargura en el corazón (Heb 12:15)
4.              Comienza la desconfianza y celos (Stg 3:16)
5.              Se aminora el amor (la ofensa es tan grande que logra tomar el lugar del amor, en este caso nuestro amor debería crecer más y más para lograr así cubrir la falta)
6.              Existe venganza y manipulación (1 Ped 3:9)
7.              Murmuración (Stg 4:11-12)
8.              Hay orgullo (Prov 21:4)
9.              Ruptura matrimonial.- Este es en caso extremo, cuando ya no estamos en disposición de escuchar ni de dar otra oportunidad, tal vez hubo situaciones que lastimaron de manera impresionante a la pareja, golpes físicos, verbales, otras situaciones que son lamentables y que podrían no permitirse más en el hogar; pero aún con eso nuestro deber es perdonar, y dejar atrás las ofensas, nada mejor para la persona ofendida que perdonar, porque te libera, el perdón que se ofrece a alguien en realidad beneficia al que lo otorga y no quien lo recibe.
10.         Dios no nos perdona.


Imagínate todo lo que acarrea el no perdonar, Dios no escucha nuestra oración, no recibe nuestras ofensas, nos amargamos, vivimos con desconfianza etc, pero lo más importante: si no perdonamos no recibimos el perdón de Dios, que tremendo; creo que hemos minimizado el mandato de perdonar, tal vez necesitamos hacer una “autocrítica” y valorar el perdón de Dios a través de Cristo, imagino tanto el hecho de que al estar colgado en la cruz pensaba en mi, en mi nombre, en mi esposo e hijos y aunque yo no lo mereciera Él siguió adelante por perdón de mis pecados ¿lo imaginas?


{Perdono y olvido}


En realidad no podemos olvidar, no tenemos esa capacidad que sólo Dios tiene al perdonar nuestros pecados y nunca más acordarse de ellos (Isaías 43:25). Nosotros podemos perdonar las ofensas que hayamos recibido, pues Dios trata con nuestro corazón, lo restaura, solo así podremos recordar lo que nos hayan hecho sin sentir dolor ni enojo, eso dará evidencia que ya hemos perdonado verdaderamente.

Esto tal vez no sea lo más fácil ni lo más rápido, pero al final veremos la recompensa de nuestro trabajo por haber tomado la decisión de perdonar y entregársela a Dios para que Él tome las riendas de la situación, moldee nuestro corazón y lo restaure.


Te comparto algunos pasos que seguimos nosotros como pareja que nos funcionaron para perdonar de verdad.


Decide perdonar.  El perdón es una decisión, no esperes “que te den ganas” de perdonar porque nunca lo sentirás, el perdón lo otorgamos (y lo pedimos) por querer ser libres y seguir adelante sin estorbo. Comienza contigo mismo para liberar tus propias cargas, verás que de esa forma es más sencillo perdonar a alguien más.

Analiza que es lo que está causando la ofensa. Por lo regular son cosas que no son graves, (habrá sus excepciones y eso tendrías que hablarlo con alguien más), te recomendamos hagas una lista de qué es lo que está ofendiéndote, empieza desde tu niñez, de ti misma si acaso te ofendes con tus labios o tus pensamientos, hazlo igual con cada etapa de tu vida y hasta el día de hoy al lado de tu pareja.

Aprende a escuchar a tu pareja sin juzgar. Ya que identificaron qué es lo que les ofende compártanlo en pareja, siempre teniendo en cuenta que escucharás algo que te molestará, sean objetivos el fin de que se compartan comentarios o críticas el uno al otro debe ser para edificarse mutuamente y no para recordar una vez más lo mal que se han hecho. Es un tema que debe tratarse con madurez para no ofenderte nuevamente, escucha… no te enfades, aprenderás más sobre tu pareja y sin duda crecerá tu relación pues te conectarás más con él o ella.

¡Perdona! Ya conoces que le ofende, ya dijiste que te ofende a ti ya liberaste esa parte, descansaste al hablar y ser escuchada; ahora perdona, háblalo, dilo no te quedes en el perdón interno, ese que sólo tú escuchaste, a tu pareja le hace falta saber que es perdonado al igual que tú necesitas sentirlo y darlo… háblalo tal cual lo menciona la Palabra de Dios:


Confesaos vuestras ofensas unos a otros,
y orad unos por otros, para que seáis sanados.
La oración eficaz del justo puede mucho.

Santiago 5:16


Oren uno por el otro.  Después de otorgarse el perdón lo más recomendable es que oren mutuamente, tal vez tu pareja no es de muchas palabras o no sabe orar, no importa oren juntos, derramen su corazón ante Dios, permítanle al Espíritu Santo hacer la obra completa al unirlos nuevamente. Invita a Cristo a ser uno más con ustedes en su matrimonio, bendice a tu pareja, habla palabras que edifiquen su unión, decidan amarse más que el día anterior, busquen de Dios juntos y no permitan que las ofensas del pasado manchen lo que han logrado hoy con el perdón.



En Su Gracia




Karla




Escribe tu e-mail y recibe las publicaciones directo a tu bandeja de entrada:

¡únete a la comunidad instagram!

Licencia Creative Commons
Este blog y todo su contenido gráfico y escrito está protegido por derechos de autor bajo Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

¡Suscríbete a mi canal!

Blogging tips