viernes, 22 de abril de 2016

Quien mucho adula, poco ama





Qué bonito es cuando las personas con quienes tienes trato te halagan continuamente, sin embargo, no siempre esas palabras nos bendicen.


La lengua falsa atormenta al que ha lastimado,
Y la boca lisonjera hace resbalar.

Proverbios 26:28


Tal vez te suceda lo mismo, el día que recibimos más halagos es el día que nos sentimos en las nubes, todo es color de rosa; es como si todo lo que hacemos es correcto y caminamos sin percatarnos de la realidad. Tratamos de actuar así con quienes nos rodean, hablamos sólo cosas positivas y resaltamos lo bueno de los demás, esto no es del todo malo pues, una palabra de ánimo en el momento indicado es hermosa y nos ayuda a levantarnos.


Lo importante aquí es que debemos ser sabias para diferenciar cuando alguien nos está motivando o adulando, no es lo mismo. Si continuamente recibimos palabras que nos halaguen o adulen, no es sano para nosotras, nos puede llegar a cegar de la realidad. Por el contrario, cuando recibimos motivación eso nos invita a dar lo mejor de nosotras, a seguir trabajando y creciendo, nos ayuda a aprender de nuestros errores y a no quedarnos en el suelo sino seguir adelante aun cuando sus palabras no sean para nada halagadoras.


Podemos ver esto en nuestros hijos, cuando los motivamos a seguir adelante, a no darse por vencidos, buscar la excelencia etc., es un detonante a su creatividad, seguridad y empuje para hacer las cosas.


Por otro lado, si solo los adulamos, hablamos de lo maravilloso que es, de la perfección de todo lo que hace etc. y no le hablamos la verdad de acuerdo a su edad, estaremos criando niños con un ego altísimo pero fuera de la realidad, ellos deben ir conociendo sus limitantes, sus áreas de oportunidad, sus debilidades y fortalezas para que, junto a nosotras y de la mano de Dios, todo ello sea perfeccionado.


¿Qué clase de personas son quienes nos rodean? ¿A quiénes decidimos escuchar?
Anoche leía el primer libro de Reyes capítulo 22, donde el profeta Micaías profetiza la derrota del rey Ajab,  él había consultado a 400 profetas que le habían dado “buen augurio”, el rey de Judá le pregunta si acaso hay otro profeta de Dios a quien puedan consultar, y el versículo 8 dice lo que me llamó mucho la atención:
  

Y Ajab le respondió:
«Sí, aún queda otro profeta por medio del cual podríamos consultar al Señor.
Se trata de Micaías hijo de Imla, pero me cae muy mal
porque nunca me da palabras de aliento,
sino que siempre me desanima.»

1Reyes 22:8


Todos los profetas le hablaban lo que quería escuchar y él estaba feliz, cuando un hombre de Dios le decía las verdades que de Dios venían, él prefería no escucharle. ¿Cuántas veces hemos desechado a alguien porque nos dice lo que no queríamos escuchar? Es verdad que necesitamos depender de Dios porque, podemos llegar muy alto con las palabras que nos adulan y caer cuando somos consientes de la realidad.


He creído que cuando alguien te ama de verdad, te dice las cosas tal cual son aunque  nos duela o nos moleste, entre creyentes, cuando nos aman de verdad nos dirán lo que en verdad Dios dice y no lo que nos hará sentir bien. No necesitamos aduladores sino quienes nos hablen la verdad del evangelio, la Palabra profética más segura es la Palabra de Dios.


No busquemos quienes nos digan lo que queremos oír, sino a quienes nos hablen la verdad, amigos y maestros honestos quienes aparte de motivarnos, nos hagan ver nuestros errores, nos confronten cuando lo necesitemos porque eso nos llevará a hacer las cosas bien para honra y gloria de Dios.


Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina,
sino que aun teniendo comezón de oír se amontonarán maestros
conforme a sus propios malos deseos, y apartarán de la verdad sus oídos
y se volverán a las fábulas.

2 Timoteo 4:3-4


Vamos a poner atención a nuestro círculo de amistades y aún nuestra familia y escuchemos qué es lo que nos dicen, si sólo recibimos halagos, tal vez es porque aún no somos lo suficientemente maduros como para recibir palabras que nos exhorten o confronten, porque siendo honestas ¿acaso somos perfectas para siempre recibir palabras aduladoras?


Las Palabras que nos muestran nuestros errores y nos hacen recapacitar y tomar la dirección correcta, son de más bendición que las palabras que nos halagan siempre. ¿A quiénes estamos escuchando?


Las palabras de bendición, no siempre vienen con flores incluidas, a veces vienen con una dosis de frialdad que nos despierta de un estado irreal.


Alguien que sólo adula, no muestra amor porque estará fomentando el orgullo en la persona a quien halaga. Hablemos la verdad, como Jesús. Si nos rodeamos sólo de personas quienes nos adulan, terminaremos enojándonos y separándonos de aquellos que nos hablan con integridad y sinceridad, para seguir experimentando esa sensación de poder. Recuerda al rey Ajab, pereció por no escuchar la verdad.

Cae mejor el que sabe reprender
que el que sólo sabe lisonjear.

Proverbios 28:23

Cuesta mucho recibir palabras que no nos hacen sentir bien, pero si las presentamos ante Dios junto con nuestro corazón para ser examinado, al final del día obtendremos la palabra de bendición que necesitábamos escuchar y que nos acercará más a nuestro Padre y cumplir así el propósito por el cual hemos sido creadas.


Hablemos verdad, hablemos bendición, hablemos amor hablemos de Cristo.



En Su Gracia


Karla





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