miércoles, 18 de mayo de 2016

Rut – La calamidad en su hogar






El nombre de aquel varón era Elimelec, y el de su mujer, Noemí;
 y los nombres de sus hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá.
Llegaron, pues, a los campos de Moab, y se quedaron allí.

Rut 1:2


Después de conocer un poco más acerca del lugar hacia donde Elimelec decide irse a vivir junto a su familia, hoy veremos que la calamidad viene a su hogar.


El significado de los nombres de cada uno de ellos es:

Elimelec: Mi Dios es Rey

Noemí: Placentera

Mahlón: Enfermo

Quelión: Despreciado, desechado



Ellos llegaron a vivir ahí, no iban de paso, no buscaban ayuda provisional; se quedaron a vivir allí, en ese lugar que no glorificaba a Dios, ese lugar que adoraba al dios Quemós.


Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos,
los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa,
y el nombre de la otra, Rut; y habitaron allí unos diez años.

Rut 1:3-4



Muere Elimelec, huyó de su tierra buscando alimento para sobrevivir y en ese lugar la muerte lo alcanza. Muere fuera de su pueblo de origen, en un lugar pagano.
Noemí y sus hijos siguen viviendo en ese lugar, ellos se casan con unas moabitas aún cuando la ley prohibía casarse con ellas y con las amonitas (Deuteronomio 23:13) ellas se llamaban Orfa y Rut.


Orfa: Cierva

Rut: Encantadora.


Sabiendo que la ley prohibía un matrimonio entre ellos, lo hacen sin temor, se casan fuera de la voluntad de Dios. Era una familia que conocía a Dios, sin embargo no se menciona que hicieran ofrendas o sacrificios. Estando rodeados de paganos y de estar fuera de la cobertura de Dios ¿acaso dejaron de buscar su rostro? ¿Se acostumbraron a vivir una relación con Dios a medias?


Las consecuencias de vivir fuera de esa perfecta voluntad de Dios son severas. Ellos vivieron en Moab diez años más. Siguieron ahí por su voluntad, buscando el beneficio propio aún encima de la voluntad de Dios.


Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer
desamparada de sus dos hijos y de su marido.

Rut 1:5


La muerte llegó una vez más a la casa de Noemí, tenía alimento pero también ahora tenía a sus dos nueras y 3 tumbas en una tierra pagana. ¿Valdrá la pena perder todo lo que amamos a cambio de prosperidad? ¿De qué sirve ganar al mundo si se pierde nuestra alma? ¿Valdrá la pena abandonar nuestro hogar por estar en un negocio donde se tiene prosperidad pero no una familia? Noemí nos deja ver que no, no vale la pena.


Para meditar:

En este mundo, en este tiempo,  la prosperidad es un tema que se toca diariamente. Basta con abrir las redes sociales y la gran mayoría de las publicaciones personales son del estilo de vida que llevan. Posesiones, viajes, comidas, compras, autos, etc.


¿Qué tan influenciadas estamos por ello? Tal vez no sea un caso de hambre como en la tierra de Belén en esa época, pero ¿De qué tenemos necesidad? ¿Qué es lo que anhelamos y no tenemos?


El desear cosas no es malo, el por qué o para qué lo deseamos es lo que debe importarnos y más aún, lo que estamos dispuestas a hacer con tal de conseguirlo y dejar de carecerlo.
¿Estaríamos dispuestas a alejarnos de Dios con tal de tener eso que creemos Dios no nos dará? ¿Nos saldríamos de su perfecta voluntad y vivir en medio del pecado solo por buscar nuestro beneficio? ¿Y qué pasaría si todo lo que planeamos y esperamos sale exactamente al revés?



¿Qué es lo que nuestro Dios está hablándote el día de hoy a través de este devocional?



Recuerda lo que el salmista dijo:



Con todo, yo siempre estuve contigo;
Me tomaste de la mano derecha.
 Me has guiado según tu consejo,
Y después me recibirás en gloria.
¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?
Y fuera de ti nada deseo en la tierra.
Mi carne y mi corazón desfallecen;
Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.
Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán;
Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta.
Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien;
He puesto en Jehová el Señor mi esperanza,
Para contar todas tus obras.


Salmos 73:23-28




En Su Gracia



Karla







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