lunes, 26 de septiembre de 2016

Loida y Eunice {Sembrando buenas semillas en nuestros hijos}





¡Hola mujer! Durante 8 semanas hemos estudiado a algunas madres que aparecen en la Biblia, hemos visto las características de grandes mujeres quienes fueron madres de grandes hombres de Dios. Mujeres que fueron influencia positiva y de bendición en la vida de sus hijos. No hablamos de aquellas mujeres que dieron mal ejemplo a sus hijos, tal vez en una siguiente ocasión hablemos de alguna de ellas.










Hoy termino esta serie con un par de mujeres de la Biblia a quienes admiro mucho, un par de mujeres que impactaron de cierta forma al apóstol Pablo quien las menciona puntual y específicamente en la vida de su discípulo Timoteo. Estas mujeres en tan solo unos versículos, nos muestra una forma de instruir a nuestros hijos en el camino de Dios porque, siendo mamás creyentes tú y yo, estoy segura que una de nuestras oraciones es “¡Señor, que mis hijos te amen!” ellas son Loida y Eunice.



Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida
que es en Cristo Jesús, a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz,
de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor. Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde
mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones
noche y día; deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo;
trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero
en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.
Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la
Imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía,
sino de poder, de amor y de dominio propio.

2 Timoteo 1:1-7



¿Qué influencia somos a nuestros hijos?

Loida y Eunice, abuela y madre de Timoteo el discípulo del apóstol Pablo, grandes mujeres de Dios quienes sembraron semillas en el corazón del niño Timoteo y que a su edad adulta dieron fruto y fruto en abundancia. Aun cuando el padre de Timoteo no era judío, ellas se dedicaron a formar el carácter cristiano en Timoteo. ¿Qué nos detiene para hacer lo mismo con nuestros hijos?



La mujer sabia edifica su casa… Prov. 14:1



Nosotras podemos influir tan grande en nuestros hijos, que cada semilla que sembremos en ellos dará fruto, ya sea bueno o malo según lo que hayamos sembrado en su corazón.


¿Quién fue Timoteo? ¿Por qué su madre y abuela tienen que ver con su labor de evangelista y discípulo de Pablo? (Hechos 16:1-3) ¿Qué semillas germinaron en Timoteo que podemos sembrar en nuestros hijos a partir de ahora?



1.      Ternura. . “deseando verte al acordarme de tus lágrimas…” Timoteo era un hombre sensible, tierno. Ese hábito los niños y niñas lo aprenden de la mamá. En nosotras está el “poder” para enseñarles a ser sensibles y no guardarse los sentimientos. En México hay una cultura machista, donde se les enseña a los varones a no llorar, muchos de ellos viven su vida sin llanto porque se les instruyó que sólo las mujeres lloran.

Pero si nosotras les damos la enseñanza para expresar sus sentimientos, su llanto, su ternura; ellos crecerán sabiendo que es natural y que es parte de ellos; nosotras como mamás necesitamos ser tiernas. (1 Tesalonicenses 2:7)



2.     Fe no fingida Loida y Eunice eran auténticas cristianas. Aun cuando el papá de Timoteo no era judío (Hch 16:1) la fe de estas mujeres no era hipócrita, su fe no era falsa. Tal vez conozcas a alguien que finge su fe o tal vez te encuentres en ese estado sin darte cuenta.

Una fe no fingida, una fe coherente, una fe que lleva a hacer lo que se predica; una fe fingida sería predicarles a los hijos acerca de algo y la madre vivir de manera contraria.  Por ejemplo, una fe fingida es hablarles a nuestros hijos acerca del amor y perdón de Dios y que nos escuchen hablar contra un hermano, que nos vean de pleito con el vecino o gritando a mitad del tráfico.

Loida y Eunice eran congruentes, sin fingimiento, sin buscar aparentar un cristianismo que no se vivía en casa, eran mujeres temerosas de Dios quienes predicaban con su ejemplo, con su vida.  


Pongamos una nota personal en nuestro diario devocional:







Nosotras decidimos si les damos una fe fingida donde cosechen fruto artificial, no bendecido y temporal; o una fe verdadera que de fruto que permanezca. No podemos dar fruto bueno si la semilla que sembremos no es buena; si sembramos en nuestros hijos una fe fingida o hipócrita, ellos cosecharán una fe fingida y por lo tanto se alejarán de Cristo. No olvidemos que el servicio a Dios inicia en el hogar.


Si sembramos buena semilla en su corazón y ellos se han alejado del camino, en algún momento, esa semilla germinará y dará el fruto que le corresponde, no te desanimes.



3.     Confianza en el poder de Dios.  Pablo le recuerda a Timoteo que no tiene que ser tímido, que fue Dios quien le ha dado valentía. Si alguno de nuestros hijos es temeroso o cree que no tiene poder para realizar algo, tú y yo como mamás tenemos que recordarles (como lo hizo Pablo) que ese don, ese poder y valentía lo han recibido de parte de Dios desde el día que recibieron a Cristo (Hechos 1:8)
¿Qué es lo que han visto en nosotras nuestros hijos? ¿Qué poder les hemos inculcado? Enseñémosles a ellos el poder de Dios en nuestro hogar a través de la Palabra de Dios desde pequeños. (2 Tim 3:15-17)



4.     Amor.    Sembremos en ellos el amor de Dios, el amor ágape, amor no egoísta, no condicionado; ellos aprenderán de ese amor sacrificial en nosotras como mamás. Seamos esa madre que ama a cada uno de ellos con amor incondicional como se nos muestra en 1 Corintios 13:4-7 ¿Cómo los estamos amando?



5.     Dominio propio.  Ah, ¿podemos decir que no cuando todos dicen sí? ¿Qué les enseñamos a nuestros hijos? Si en la escuela celebran algo que va en contra de nuestra formación cristiana, debemos mostrarles a nuestros hijos que no podemos seguir la corriente. Vamos a enseñarles que no todo conviene, aunque muchos digan que es bueno, si no está aprobado por Dios no debemos hacerlo.
Aún cosas que parecen mínimas o insignificantes, por ejemplo, comer, el tiempo viendo T.V., las horas al teléfono, videojuegos si se los permites. Debemos mostrarles cómo dominar sus emociones negativas, el enojo, por ejemplo, enseñarles que no deben prolongarlo y que entiendan el perdón y la reconciliación, la tristeza, etc. Pero todo esto es a través del ejemplo, tú y yo necesitamos ya saber dominar nuestro temperamento, auto disciplinarnos y tener dominio propio sobre nuestro carácter.



Dejemos todo eso nosotras también por amor a Dios, a nosotras y a nuestros hijos. Dejemos de hacer lo que agrada a la gente y hagamos lo que agrada a Dios.


¿A quién queremos servir?


Bendito Dios que nos da la oportunidad de conocerle, de servirle en nuestro hogar, de darle la formación cristiana a nuestros hijos y con el ejemplo de Loida y Eunice, saber que se puede sembrar en ellos un amor y fe verdadera por Dios desde pequeños, aun si nuestro esposo no es creyente.


Seamos mujeres determinadas en formar e instruir a nuestros hijos en el camino de la verdad, en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Demos testimonio dentro de nuestro hogar porque, necesitamos formar a los futuros hombres y mujeres de Dios quienes darán testimonio de Él y serán su voz a aquellos quienes aún no conocen a su creador.


“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo,
como si Dios rogase por medio de nosotros;
os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”

2 Corintios 5:20


Muchas gracias mujer por acompañarme hasta aquí en el estudio de las Madres en la Biblia. Espero haya sido de mucha bendición como lo fue para mí. Hagamos lo que nos corresponde en el hogar y seamos luz para nuestros hijos., que la gracia de nuestro señor Jesucristo esté con nosotras, amén.











En Su Gracia


Karla





Artículos de la serie:





Próximamente te daré detalles de nuestro siguiente devocional.

¡Un abrazo!

miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿Qué dirías tú?







Hace unas semanas compartí en la página de Facebook un post que nos hacía reflexionar. 



¿Qué dirías a ti mismo cada mañana cuando te levantes?



Moisés diría:
"Señor si tú presencia no va con nosotros no iremos a ningún lado." 
Exodo33.15

Abraham diría: 
"el Señor proveerá."
Génesis 22.8

Jacob diría:
"no te dejaré ir hasta que me bendigas. 
Génesis 32.26

Josué diría: 
"yo y mi casa serviremos al Señor." 
Josué 24.15

Samuel diría: 
"habla Señor que tu siervo oye." 
1 Samuel 3:9

La viuda endeudada diría:
"Dios puede bendecirme con lo poco que tengo" 
2 Reyes 4:2-7

Nehemías diría: 
"el gozo del Señor es mi fortaleza." 
Nehemías 8.10

David diría:
"el Señor es mi pastor nada me falta" y "Ese es el día que hizo el Señor me gozaré y me alegraré en él." 
Salmos 23 y 118.24

Salomón diría: 
"confía en el Señor alma mía y no en tu propia inteligencia, reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus pasos" 
Proverbios 3-5

Isaías diría:
"Levántate levántate y resplandece porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor amaneció sobre ti". Y, "ninguna arma forjada en contra de mi prosperará." 
Isaías 54.17 y 60.1

Jeremías diría:
"el Señor tiene planes para prosperarme, son planes para mí bien y no para mí mal." Jeremías 29.11

Jabes diría:
"que me pudieras prosperar y ensanchar mi territorio." 
1 Crónicas 4.10

Sadrac, Mesac ,Abednego dirían:
"no nos arrodillaremos ante ninguna imagen más serviremos al Señor".
Daniel 3.16

Ezequiel diría:
"Cada hueso seco en mi vida, vivirá de nuevo".
Ezequiel 37

Jonás diría: 
"En mi angustia clamare a ti y tu me responderas." 
Jonas 2.1-2

Pedro diría:
"pondré mi carga sobre el Señor porque el cuidara de mí." 
1 Ped.5.7

Pablo diría:
"El Señor suplirá todas mis necesidades y todo lo puedo en Cristo quién me fortalece." 
Filipenses 4.13 

Y al despertar, ¿qué dirías tú?
Medita en ello, háblalo, vívelo. Sólo es un asunto de hacerlo.


En Su Gracia

Karla








viernes, 16 de septiembre de 2016

Ana, la madre que ora







Me encanta leer la Palabra de Dios y encontrar propósitos divinos para sus hijos “Hubo un varón”, en algún momento del tiempo en un lugar destinado, nuestro Señor traza planes y propósitos para llevar a cabo su voluntad.


Este varón Elcana, tenía 2 mujeres. Una era Penina quien tenía 2 hijos y la otra era Ana, quien no tenía ninguno. (1 Samuel 1:2) Todos los años subían como familia a adorar a Dios a Silo, donde estaban dos hijos de Eli, Ofni y Finees sacerdotes de Jehová.


Elcana amaba a Ana, a todos les daba una porción, pero Ana le daba una parte escogida. Ana no tenía hijos y vivía triste a causa de las burlas de Penina.



Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola,
porque Jehová no le había concedido tener hijos.
Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová,
la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía.

1 Samuel 1:6-7



¿Conoces a alguien sin hijos que sea acosada por eso? ¿Tú has sido acosada por aún no tener hijos? ¿Qué tanto sería su dolor que no comía? Ana no podía disfrutar del amor y el favor que le mostraba su esposo a causa de la tristeza.


Ana está en la casa de Dios sintiéndose sumamente triste. Probablemente muchas de nosotras hemos estado en una situación similar, con problemas en casa, con la familia o con nuestro propio esposo y sin poder disfrutar el tiempo en la congregación. Y es que, en ocasiones la tristeza es tan grande que en nuestras propias fuerzas no podemos mitigarla.



Ana en su dolor recibe unas palabras de su esposo que parecieran insensibles “¿por qué lloras? ¿No te soy mejor yo que diez hijos?” ¡Ah! Casi puedo sentir su dolor, su sentimiento de impotencia, tal vez enojo o hasta amargura. Y ella hace lo correcto:



Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo;
y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová,
ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.

1 Samuel 1:9-10




¿Cómo actuamos cuando hay dolor y tristeza en nuestra alma? Tenemos la decisión en nuestras manos, podemos decidir amargarnos y vivir mal siempre o, buscar el rostro de Dios, desahogarnos con Él y ser libres.


Gran prueba para Ana…

·        Amada por su esposo, pero lo compartía con otra mujer.
·        Estéril.
·        Acosada por no tener hijos.
·        Vivía en un hogar donde era juzgada y hecha sentir menos.


Pero eso no la detuvo y oró a Dios, le derramó su corazón.


“Señor de los ejércitos” ¿Qué tal? Esto me muestra que ella conocía en verdad a Dios. hace su voto clamando a Dios, a Jehová de los ejércitos (Jehová Sabbaoth) para que sea su protector.


En medio de su dolor hace un voto con Dios y le dice:


Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva,
y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón,
yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida,
y no pasará navaja sobre su cabeza.

1 Samuel 1:11



Ella entrega su hijo a Dios, era tanto el deseo de tener un hijo que ora incesantemente pidiéndolo a Dios. (1 Sam 1:12-13)


Eli no reconoce que Ana oraba ¿Acaso era tan escasa la oración en esa época que el sacerdote no reconocía que Ana estaba orando? Pero ella estaba desahogándose delante de Dios.



Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.
 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos.
Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste.

1 Samuel 1:17-18



Y el Señor se acordó de Ana, respondió su oración, su petición y Ana quedó embarazada y dio a luz a un niño. Llama mucho mi atención que Ana pidió un niño fue específica. Decidió educarlo y guiarlo al servicio de Dios. Cuando Dios le dio un hijo a Ana, ella lo llamó Samuel, que significa “Su nombre es Dios” y es un tributo al Dios que se lo había dado.


Después de esperar tanto tiempo por un bebé, Dios le responde y ella cumple el voto con Dios. Cría a su hijo hasta el tiempo que lo desteta y lo lleva a la casa del Señor en Silo y presenta una ofrenda.


Ana y su esposo demostraron ser padres fieles al Señor y llenos de amor por Él. Estaban mostrándole ese amor al dedicar a su hijo al servicio del Señor para siempre. La oración de Anaque está en el capítulo 2, es una de las oraciones más hermosas que están en las escrituras.


Ana muestra la profundidad de su fe, su visión espiritual de la Palabra de Dios, y sobre todo muestra la gran obra hecha por Dios en los corazones de algunos en esos días de oscuridad espiritual. En esa oración revela tener comprensión de cómo el Señor humilla a los soberbios, pero exalta a los humildes. (vers. 2:1, 3-4, 6-7)


Así es como comprende el verdadero propósito de los sacrificios, que el llevar al pueblo de Dios al quebrantamiento y contrición de corazón para que Dios lo pueda levantar. Habla de la santidad de Dios y de su soberanía sobre todos los asuntos de los hombres. (vv. 6-8)


Expresa una confianza especial en que Dios guardará a los suyos y juzgará a los malvados. Su oración demuestra que conocía la ley de Dios y comprendía lo que significaba para los hijos de Dios.


Ana conocía a Dios, conocía su ley, era una madre que amaba a Dios.


         Ana…
·        Oró con fe.
·        Creyó en la promesa.
·        Su amargura no la alejó de Dios
·        Cumple su voto a Dios (Ec 5:4-5)
·        Agradece a Dios
·        Entrega su hijo al servicio de Dios.


¿Qué mayor confianza en Dios que le entrega a su hijo y lo deja con el sacerdote Elí?
¿Sabes? Cuando leí la historia de Eli y de sus hijos, me pregunté: ¿Cómo Ana se atrevió a dejar a su hijo en manos de aquél varón? Pero en realidad no lo dejó en sus manos, sino en manos de Jehová, de Jehová Sabbaoth, Dios de los ejércitos celestiales. ¿Quién mejor que Él para cuidar a Samuel?


Nos cuesta trabajo soltar a nuestros hijos, ese sentir de protegerlos siempre nos “ata” por decirlo de algún modo, a nuestros hijos. Necesitamos confiárselos a Dios, entregarlos a Él para que su propósito divino y celestial sea cumplido en su vida.


A partir de ahora sigamos orando por ellos.


·        Oremos sin cesar.
·        Oremos a detalle las áreas en la vida de nuestros hijos.
o   Por su vida espiritual
o   Su carácter
o   Debilidades
o   Dones y talentos
o   Y oremos con confianza en Dios.


Leyendo el libro de una madre conforme al corazón de Dios de Elizabeth George, encontré este comentario:


Más adelante vemos al niño hecho hombre, profeta y sacerdote que ora…

         …por la nación en tiempos de gran agitación. (1 Samuel 7:9)
         …por un rey para el pueblo de Dios (1 Sam 8:6)
…porque Dios demostrará su desagrado con el pueblo por haber pedido un rey (q Samuel 12:17-18)
…con un corazón afligido por la desobediencia del rey Saúl (1 Sam 15:11)
…para discernir la voluntad de Dios y ungir al nuevo rey, David (1 Sam 16:1-12)


Podríamos preguntarnos ¿dónde aprendió a orar con tal fervor y diligencia? ¡tal vez en las rodillas de Ana!










En Su Gracia


Karla




Artículos anteriores:











miércoles, 14 de septiembre de 2016

"Toma tu cruz y sígueme"








El lunes te compartía acerca de lo que significa negarnos a nosotras mismas para seguir a Jesús. El evangelio de Cristo es lo mejor que pudimos escuchar, lo mejor que nos pasó porque nos ha abierto los ojos a nuestra condición frente a Dios y con él, llegamos al arrepentimiento y recibir el perdón a través de Cristo.


Muchas de nosotras recibimos mensajes color de rosa acerca del evangelio, otras recibimos un mensaje fuerte que de inicio nos movió, pero que ello nos llevó a buscar más de Jesús y de su santidad. Sea cual sea el mensaje que hayas recibido para que conocieras a Jesús, sus palabras son claras si deseamos seguirle.


Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo:
Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos,
y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.
Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

Lucas 14:26-27


En los tiempos en los que Jesús estuvo en esta tierra, la cruz significaba muerte, tortura; imagina a Cristo diciéndole a quienes querían seguirle que necesitaban estar dispuestos a sufrir por él, a morir de manera terrible y con ello vivirían. Probablemente habrá sido una locura para quienes lo escuchaban y por eso huían.


Tomar la cruz. Morir cada día a lo mío.


Morir a nuestros deseos, a nuestros logros, a nuestra familia, a nosotras mismas. Y es que seguir a Jesús no es fácil, no es algo que todos estén dispuestos a hacer cuando saben lo que conlleva servirle. Nos han enseñado que Jesús vino a solucionarnos nuestros problemas y a darnos una vida prospera si tan solo le aceptamos, pero, lo principal y lo más importante de todo es que Él vino a darnos vida, a perdonar nuestros pecados y acercarnos al Padre. Cuando entendemos eso, lo que esperamos recibir en la tierra pasa a segundo término porque ¿Qué hay más importante que tener la salvación con Cristo?


Morir a nosotras mismos implica tener a Jesús en primer lugar en nuestra vida, siempre y por encima de todo. No olvidarnos que su Palabra es viva y eficaz y desnuda el alma, nos muestra en qué estamos fallando y cómo cambiarlo porque el fin de todo, es que nosotras nos parezcamos más a Jesús cada día y no Él a nosotras. Que hablemos más acerca del reino de Dios a todas aquellas personas que aún no escuchan el evangelio y siguen viviendo en tinieblas.  Morir a nosotras mismas para cumplir el llamado de Cristo en nuestra vida. 

Hay cosas en las que enfocamos nuestra vida y muchas de ellas son poco importantes, o nada importantes si las comparamos con la terrible realidad de que muchas personas están destinadas a una eternidad sin Cristo.


Qué tal si Jesús nos pide renunciar a todo lo que “hemos logrado” para dedicarnos a suplir las necesidades de otros. ¿Lo haríamos? En ocasiones creo que muchas nos hemos olvidado del mundo fuera de las congregaciones y nos hemos enfocado en nosotras mismas sin cumplir el llamado de Cristo.


Tú y yo le pertenecemos a Cristo,  
por eso nos negamos a nosotras mismas.

Pasa muy a menudo que cuando estamos en el camino con Dios y buscamos hacer su voluntad por amor a Él, nos encontramos con momentos o situaciones en los que debemos actuar negándonos a nosotras mismas y vivir para Él. Muchos se burlarán de nosotras, nos atacarán, buscarán hacernos sentir mal y aún nuestra propia familia estará en contra de nosotras y de nuestra decisión de seguir a Cristo.


Por ejemplo: escuché una madre que decía que prefería a su hijo en el alcoholismo que verlo cristiano. Este hombre estaba bien cimentado en su fe y murió a si mismo, dejando que fuera Cristo quien guiara su vida prefiriendo seguirlo (sin alcohol), antes que ceder a los deseos de su mamá y vivir alcohólico. Tiempo después su madre daba gloria a Dios porque lo había rescatado del alcoholismo.


No desmayes, seremos perseguidas, burladas y atacadas por las personas que no quieren nada con Dios. No te angusties, ya se nos había advertido desde antes.


¿De qué forma nos hemos negado a nosotras mismas? ¿Cuándo y cómo hemos visto más por los demás que por nosotras? Sobre todo, por aquellos que aún no conocen a Cristo.



Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda,
vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo;
y ven, sígueme, tomando tu cruz

Marcos 10:21


Para el joven rico sus posesiones fueron más importantes que lo que Cristo le ofrecía, más importantes que los tesoros en el cielo. Es decir que, Jesús nos pide que quitemos de nuestra vida cualquier ídolo que tengamos y nos entreguemos 100% a Él y después seguirlo.


Creo que es tiempo de analizar delante de Dios si aún tenemos algún ídolo que esté impidiendo que sigamos a Cristo totalmente, algo que evite que nos neguemos a nosotras mismas. Parece una contradicción el dejar todo eso por Jesús, el renunciar a lo que nos da seguridad, estatus y una vida estable sólo por seguirle. Pero no olvidemos que Él nos dice que, si morimos, vivimos y si perdemos, ganamos. El evangelio de Cristo se trata de Él, no de nosotras, no es lo que hagamos sino de lo que Él ya hizo.


Siempre hay algo que debemos y tenemos que entregar a Dios para seguirle. ¿Qué haríamos si Jesús nos pide lo que más amamos? ¿Estamos dispuestas a darle al Señor lo que nos pida? A veces es más fácil alejarnos de Dios que dejar y renunciar a eso.


Jesús vale la pena, vale la pena seguirlo y tenerlo en primer lugar en nuestra vida. Si nos alejamos de Jesús, nos alejamos de las riquezas eternas. Nos queda mucho por aprender, mucho por caminar con Dios. Busquemos su rostro cada día, busquemos dejarlo todo por amor a Él, por compartir con aquellos que aún no tienen la oportunidad de conocerlo, busquemos hacer su voluntad siempre.

Porque ¿qué mérito hay en soportar malos tratos por hacer algo malo?
Pero cuando se sufre por hacer el bien y se aguanta el castigo,
entonces sí es meritorio ante Dios. 
 Y ustedes fueron llamados para esto. Porque también Cristo sufrió por nosotros,
con lo que nos dio un ejemplo para que sigamos sus pasos.

1 Pedro 2:20-21 RVC



Dios te bendiga y guarde.

En Su Gracia

Karla



Artículo anterior:
¿Vale la pena seguir a Jesús?





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