miércoles, 7 de septiembre de 2016

Mejores son dos que uno





Las personas que me conocen de cerca saben que soy una mujer muy hogareña, disfruto mucho estar en casa. Disfruto mucho el beber café mientras leo mi Biblia y escribo, paso tiempo tejiendo a crochet y me gusta mucho estudiar la Palabra. Pareciera que no podría hacerlo por la maternidad, pero, hemos encontrado un equilibrio y hasta cierto punto una rutina en la que cada uno puede tener un tiempo “libre” para hacer lo que más le gusta.


El tiempo que mis hijos juegan con su papá, lo aprovecho para escribir en la computadora. Y por las mañanas, muy de mañana acostumbro a hacer mis devocionales y estudios de la Palabra. Todo eso me tiene en paz, el estar en la presencia de Dios realmente llena mi espíritu y mi alma está en paz para soportar todo lo que conlleva el día a día.


Pero, aunque pareciera que tengo tiempo libre para salir o estar con amigas, realmente no es así. En cierto punto porque no coincidimos en horarios y actividades, y cada quien tiene su vida hecha y rara vez podemos vernos.


¿Por qué te cuento esto? Porque siempre es bueno estar en comunión con una o más amigas de verdad. No simplemente a través de la línea telefónica o de las redes sociales, necesitamos amigas cercanas con quienes compartir el día a día, mujeres en quienes podemos confiar y llorar en el hombro cuando las cosas no están saliendo bien y cuando todo va de maravilla también.


Últimamente he sentido la necesidad de estar con alguien más, de compartir mi día a día. No sé si te pase lo mismo.


Necesitamos amigas de verdad.

Amigas que estén en el momento de la lucha.

Amigas que estén cuando todo es felicidad.

Amigas que estén cuando nadie más está.

Amigas con quienes puedas llorar y expresar tu sentir sin miedo a ser rechazada.

Amigas que no te abandonen cuando más las necesitabas.


Un buen amigo siempre es necesario, un buen amigo nos ayuda en los momentos de debilidad, en los momentos de silencio, en los momentos en los que los demás parecen irse sin despedir.



Éste es mi mandamiento: Que se amen unos a otros, como yo los he amado. 
Nadie tiene mayor amor que éste, que es el poner su vida por sus amigos.

Juan 15:12-13



Jesús lo sabía bien. Necesitamos caminar juntos, en comunión con otros.


¡Ah! Pero pareciera que es tan difícil encontrar amigos en estos tiempos, todos estamos ocupados, todos tenemos horarios diferentes, actividades diferentes. Y pareciera que todo ahora es más digital y virtual que una buena taza de café en compañía de otras mujeres.



Ha sido difícil para mí.



Oro a Dios que pueda ser la amiga que alguien más busca. Oro para poder entablar una amistad cercana para orar juntas y en comunión. Oro a Dios que tú encuentres a una amiga tan cercana con la que puedas compartir todo sin miedo a ser traicionada.


Agradezco a Dios por las amistades tan bellas que me ha permitido formar a través de la red, todas son un regalo del cielo. Pero, ¡quisiera estuvieran tan cerca para orar juntas!


Leía un sermón de Charles Spurgeon acerca de la amistad y él habla de David y Jonatán, lo maravillosa que fue su amistad. Y su escrito llegó a mi corazón.



“Ahora, queridos amigos, ¿no creen ustedes que cuando leemos una historia como esta, la de Jonatán y David, debería fomentarse en nosotros el deseo, no tanto de tener un amigo así, sino, más bien, de ser un amigo como Jonatán lo fue para con David? Cualquiera podría desear egoístamente contar con un Jonatán; pero quien desea encontrar a un David para poder ser un Jonatán para él, está muy bien encaminado. 

Se experimenta un gran gozo en la vida cuando hay una amistad verdadera de ambos lados.
Algunas personas esperan que la amistad esté siempre amontonando sus tesoros sobre ellas; pero la verdadera amistad tiene dos manos, y dos pies, y dos ojos. No puedes tener una verdadera amistad que sólo sea para recibir y nunca para dar. David amaba a Jonatán como Jonatán amaba a David.
¡Oh, que el bendito Espíritu de Dios, que nos enseña a amar incluso a nuestros enemigos, nos ayude a cultivar amistades santificadas, y a estar dispuestos a ayudar a quienes son nuestros hermanos en Cristo en tiempos de necesidad!



Ninguna de nosotras fue creada para estar sola, todas fuimos creadas para vivir en comunidad, para crecer juntas. Necesitamos estar unidas, estar cerca a otras a buscar el bien, a crecer en santidad y en amor las unas con las otras.










Oremos, salgamos y formemos amistades.



¡Les amo!



Con gratitud y en Su Gracia



Karla




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2 comentarios:

  1. Querida Karla, es un placer leerte, das justo en el punto, y es que Dios te usa grandemente, eres el impulso que Él pone para mi vida, eres una enorme bendición, este artículo sobre la amistad es genial, y el que compartas parte de tu rutina diaria espiritual, es simplemente gratificante, gracias por estar allí, por compartir, por animarnos, por darnos ejemplo, por ayudarnos a seguir adelante en nuestro caminar con Dios.
    ue el Señor te siga usando y te bendiga siempre, con sincero aprecio y cariño : Ileana ( una hermana agradecida)

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    Respuestas
    1. gracias a Dios Ile querida! te mando un abrazo enorme y que Dios te siga bendiciendo y guardando! :D

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