miércoles, 14 de septiembre de 2016

"Toma tu cruz y sígueme"








El lunes te compartía acerca de lo que significa negarnos a nosotras mismas para seguir a Jesús. El evangelio de Cristo es lo mejor que pudimos escuchar, lo mejor que nos pasó porque nos ha abierto los ojos a nuestra condición frente a Dios y con él, llegamos al arrepentimiento y recibir el perdón a través de Cristo.


Muchas de nosotras recibimos mensajes color de rosa acerca del evangelio, otras recibimos un mensaje fuerte que de inicio nos movió, pero que ello nos llevó a buscar más de Jesús y de su santidad. Sea cual sea el mensaje que hayas recibido para que conocieras a Jesús, sus palabras son claras si deseamos seguirle.


Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo:
Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos,
y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.
Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

Lucas 14:26-27


En los tiempos en los que Jesús estuvo en esta tierra, la cruz significaba muerte, tortura; imagina a Cristo diciéndole a quienes querían seguirle que necesitaban estar dispuestos a sufrir por él, a morir de manera terrible y con ello vivirían. Probablemente habrá sido una locura para quienes lo escuchaban y por eso huían.


Tomar la cruz. Morir cada día a lo mío.


Morir a nuestros deseos, a nuestros logros, a nuestra familia, a nosotras mismas. Y es que seguir a Jesús no es fácil, no es algo que todos estén dispuestos a hacer cuando saben lo que conlleva servirle. Nos han enseñado que Jesús vino a solucionarnos nuestros problemas y a darnos una vida prospera si tan solo le aceptamos, pero, lo principal y lo más importante de todo es que Él vino a darnos vida, a perdonar nuestros pecados y acercarnos al Padre. Cuando entendemos eso, lo que esperamos recibir en la tierra pasa a segundo término porque ¿Qué hay más importante que tener la salvación con Cristo?


Morir a nosotras mismos implica tener a Jesús en primer lugar en nuestra vida, siempre y por encima de todo. No olvidarnos que su Palabra es viva y eficaz y desnuda el alma, nos muestra en qué estamos fallando y cómo cambiarlo porque el fin de todo, es que nosotras nos parezcamos más a Jesús cada día y no Él a nosotras. Que hablemos más acerca del reino de Dios a todas aquellas personas que aún no escuchan el evangelio y siguen viviendo en tinieblas.  Morir a nosotras mismas para cumplir el llamado de Cristo en nuestra vida. 

Hay cosas en las que enfocamos nuestra vida y muchas de ellas son poco importantes, o nada importantes si las comparamos con la terrible realidad de que muchas personas están destinadas a una eternidad sin Cristo.


Qué tal si Jesús nos pide renunciar a todo lo que “hemos logrado” para dedicarnos a suplir las necesidades de otros. ¿Lo haríamos? En ocasiones creo que muchas nos hemos olvidado del mundo fuera de las congregaciones y nos hemos enfocado en nosotras mismas sin cumplir el llamado de Cristo.


Tú y yo le pertenecemos a Cristo,  
por eso nos negamos a nosotras mismas.

Pasa muy a menudo que cuando estamos en el camino con Dios y buscamos hacer su voluntad por amor a Él, nos encontramos con momentos o situaciones en los que debemos actuar negándonos a nosotras mismas y vivir para Él. Muchos se burlarán de nosotras, nos atacarán, buscarán hacernos sentir mal y aún nuestra propia familia estará en contra de nosotras y de nuestra decisión de seguir a Cristo.


Por ejemplo: escuché una madre que decía que prefería a su hijo en el alcoholismo que verlo cristiano. Este hombre estaba bien cimentado en su fe y murió a si mismo, dejando que fuera Cristo quien guiara su vida prefiriendo seguirlo (sin alcohol), antes que ceder a los deseos de su mamá y vivir alcohólico. Tiempo después su madre daba gloria a Dios porque lo había rescatado del alcoholismo.


No desmayes, seremos perseguidas, burladas y atacadas por las personas que no quieren nada con Dios. No te angusties, ya se nos había advertido desde antes.


¿De qué forma nos hemos negado a nosotras mismas? ¿Cuándo y cómo hemos visto más por los demás que por nosotras? Sobre todo, por aquellos que aún no conocen a Cristo.



Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda,
vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo;
y ven, sígueme, tomando tu cruz

Marcos 10:21


Para el joven rico sus posesiones fueron más importantes que lo que Cristo le ofrecía, más importantes que los tesoros en el cielo. Es decir que, Jesús nos pide que quitemos de nuestra vida cualquier ídolo que tengamos y nos entreguemos 100% a Él y después seguirlo.


Creo que es tiempo de analizar delante de Dios si aún tenemos algún ídolo que esté impidiendo que sigamos a Cristo totalmente, algo que evite que nos neguemos a nosotras mismas. Parece una contradicción el dejar todo eso por Jesús, el renunciar a lo que nos da seguridad, estatus y una vida estable sólo por seguirle. Pero no olvidemos que Él nos dice que, si morimos, vivimos y si perdemos, ganamos. El evangelio de Cristo se trata de Él, no de nosotras, no es lo que hagamos sino de lo que Él ya hizo.


Siempre hay algo que debemos y tenemos que entregar a Dios para seguirle. ¿Qué haríamos si Jesús nos pide lo que más amamos? ¿Estamos dispuestas a darle al Señor lo que nos pida? A veces es más fácil alejarnos de Dios que dejar y renunciar a eso.


Jesús vale la pena, vale la pena seguirlo y tenerlo en primer lugar en nuestra vida. Si nos alejamos de Jesús, nos alejamos de las riquezas eternas. Nos queda mucho por aprender, mucho por caminar con Dios. Busquemos su rostro cada día, busquemos dejarlo todo por amor a Él, por compartir con aquellos que aún no tienen la oportunidad de conocerlo, busquemos hacer su voluntad siempre.

Porque ¿qué mérito hay en soportar malos tratos por hacer algo malo?
Pero cuando se sufre por hacer el bien y se aguanta el castigo,
entonces sí es meritorio ante Dios. 
 Y ustedes fueron llamados para esto. Porque también Cristo sufrió por nosotros,
con lo que nos dio un ejemplo para que sigamos sus pasos.

1 Pedro 2:20-21 RVC



Dios te bendiga y guarde.

En Su Gracia

Karla



Artículo anterior:
¿Vale la pena seguir a Jesús?





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