miércoles, 23 de noviembre de 2016

Las madres también necesitan teología








¿Qué es lo primero que piensas cuando escuchas la palabra teología?
¿Piensas en palabras impronunciables, en libros antiguos cubiertos de polvo, o tal vez en sermones largos? Si tuvieses que escoger entre estudiar teología y leer un libro de consejos prácticos para la vida diaria, ¿qué elegirías?



Para muchas madres como nosotras, la sola idea de estudiar teología parece estar más allá de lo que podemos manejar en nuestra vida diaria. Quizá pensemos: "En esta etapa de mi vida, no puedo aprender teología. Estoy sobrepasada por las tareas diarias de la maternidad, que consumen todo mi tiempo". Tal vez pensemos que podemos hacer mejor uso del tiempo leyendo sobre formas de ayudar a nuestro hijo a dormir, o sobre las mejores opciones nutricionales para nuestro hijo en crecimiento, o sobre cómo evitar que nuestro hijo en edad preescolar tenga una rabieta en medio de la fila de la caja del supermercado.



Pero lo cierto es que necesitamos teología desesperadamente para todas las tareas diarias relacionadas con la maternidad. Necesitamos teología para las batallas a la hora de dormir, para resolver cuestiones sobre la alimentación, en el supermercado y en todo lo demás.



¿Qué es la teología?

La palabra teología proviene de las palabras griegas theos (Dios) y logos (palabra o cúmulo de conocimientos). La teología es el cúmulo de conocimientos acerca de Dios, o dicho en términos simples, el estudio de Dios. Como cristianos, deberíamos querer saber todo lo que podamos acerca de Dios. Después de todo, él es nuestro Hacedor, Creador, Sustento y Salvador.



Pero aprender teología es el primer paso: también tenemos que ponerla en práctica. Cuando la teología se cruza con nuestra vida diaria, nos damos cuenta de que no es solamente para los profesores de seminario, sino para todos nosotros.


Lo que creemos acerca de Dios, quién es él, qué ha hecho y quiénes somos a raíz de todo esto, no es solo una cuestión de puro estudio y debate. Palabras como imputación, justificación, redención y elección afectan el curso de nuestra vida día tras día. Moldean nuestra identidad.





Cuando tu hijo está enfermo y los médicos no saben por qué y piden más y más estudios, es la teología la que te dice que Dios tiene el control absoluto sobre todas las cosas. Te indica que Dios no está dormido, que no te ha olvidado. Todo está bajo su control y él no se sorprende por ninguna de tus circunstancias. Tu teología te recuerda en ese momento que sus intenciones hacia ti son buenas y que él está obrando todo para tu bien y su gloria.







Cuando le hablas a tu hijo con aspereza por enfado, es tu teología la que te recuerda que Jesús vino a morir por esos mismos pecados. Te dice que Jesús vivió una vida perfecta, que nunca fue cruel, que siempre fue amoroso y que su justicia te ha sido atribuida por estar unida a él a través de la fe. Te dice que está trabajando en ti aun ahora, llevándote al arrepentimiento y perfeccionando la obra que empezó en ti.




Cuando el sentido de tu vida se mezcla con tu rol de madre, es tu teología la que te recuerda que tu identidad se encuentra en Cristo. No en lo exitosa que seas como madre, o en lo bien o mal que se porte tu hijo, o en lo arreglada y limpia que mantengas la casa. Tu sentido, propósito, importancia e identidad están cimentados en quién eres como hija redimida y adoptada de Dios.



Cuando estás muerta de cansancio y tu hijo está enfermo y tu esposo está en un viaje de negocios y no crees que puedas lidiar con todo sola hasta que él regrese, es tu teología la que te dice que Dios te dará la gracia que necesitas en ese momento. Es tu teología la que te recuerda que no puedes vivir la vida por ti misma y que sin Jesús no puedes hacer nada. Te dice que tu descanso y esperanza se encuentran solo en Cristo y que puedes confiar en que él te sostendrá.



Esperanza verdadera, sabiduría verdadera y paz verdadera

Como madres, es tentador pensar que lo que necesitamos para mejorar nuestras vidas es una solución rápida, algo tangible que podamos poner en práctica mañana para hacer que las cosas funcionen fácil y cómodamente. Cuando los retos diarios de llevar adelante un hogar y criar hijos nos agobian, pensamos que lo que necesitamos es una idea fresca o una técnica nueva y todo estará bien. Entonces, en esos pocos momentos cuando tenemos tiempo de pensar y leer, buscamos esos libros y artículos prácticos, con la esperanza de que algún nuevo consejo cambie las cosas.



Si bien los libros de consejos prácticos son útiles en algunas situaciones, la esperanza que nos brindan suele ser de corta duración. En realidad, es la teología, nuestro estudio de quién es Dios y de lo que ha hecho, lo que nos brinda la esperanza verdadera, la sabiduría verdadera y la paz verdadera que necesitamos en nuestras vidas: lo que dura para siempre. La teología –el conocer a Dios– es nuestra ancla en medio del caos de la maternidad.



Así que, madres, la teología no es solamente para pastores, maestros y profesores; es para ustedes también. Y no es para otra etapa de la vida: es vital para ustedes, aquí y ahora, en las trincheras de la vida diaria como madres.

artículo publicado originalmente en DesiringGod



En Su Gracia

Karla


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