viernes, 22 de septiembre de 2017

Si Dios quiere...








Hace 3 días (19/sep/17) me tocó vivir un sismo de 7.1 grados Richter en la ciudad donde vivo. Una semana antes ya habíamos experimentado un sismo fuerte también pero el epicentro estaba lejos de nosotros, así que lo sentimos muy fuerte pero no como el de hace 3 días.


Es una sensación extraña, todo se mueve, la tierra ruge y es como si hirviera por dentro, todos gritan y es un caos. Fue increíble ver que las personas claman a Dios en esos momentos.


Mis hijos nunca habían vivido una situación así pues el anterior fue de noche y ellos dormían, pero este fue cuando salían de clases, vivieron ese caos, ese miedo y ese poder sobrenatural en sus cinco sentidos. Ese evento fue una excelente oportunidad para hablarles acerca de lo frágil que es nuestra vida y de la soberanía de Dios.


Les hablamos acerca de Santiago 4:13-17 que dice:

Oíd ahora, los que decís: Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad 
y pasaremos allá un año, haremos negocio y tendremos ganancia. 
Sin embargo, no sabéis cómo será vuestra vida mañana. 
Sólo sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se
 desvanece. Más bien, debierais decir: Si el Señor quiere, viviremos y
 haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestra arrogancia;
toda jactancia semejante es mala. A aquel, pues, que sabe
hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado.



Nuestra tendencia es a hacer planes y proyectos a mediano y largo plazo, no hay problema con planear, lo que no debemos olvidar nunca es que nuestro eterno y soberano Dios es quien sabe todas las cosas, cuánto tiempo viviremos, cómo y cuándo moriremos y tiene en sus manos nuestra vida.


¿Cómo estamos viviendo? Santiago nos muestra la forma en que se puede olvidar de Dios en el día a día de la vida, en las decisiones que se toman. Se puede estar ignorando seguir y cumplir la voluntad de Dios para la vida y vivirla de acuerdo a la voluntad de cada persona. Si somos verdaderamente cristianas, entonces someteremos nuestros planes, proyectos y todo, al Señorío de Cristo.


Entonces, ¿Antes de tomar una decisión oras a Dios? ¿Está Dios incluido en tus planes y proyectos?


Santiago 4:13 no condena la planificación sabia, sino aquella que deja fuera a Dios.  

Muchos son los planes en el corazón del hombre,
mas el consejo del Señor permanecerá.

Proverbios 19:21


Mis dos hijos menores estuvieron conmigo durante el sismo, gracias a Dios pude tranquilizarlos y abrazarlos mientras la tierra rugía desde dentro. Después de todo el caos y el miedo, el llanto fue evidente en muchos de nosotros, nos consolamos unos a otros y estábamos un tanto en shock; horas después me percaté que mi pequeño Santiago seguía con temor y esa noche cuestionó: ¿Cómo puedo dormir tranquilo si quizá tiemble la tierra mientras duermo? ¿Qué pasará si no alcanzamos a salir y la casa se derrumba sobre nosotros? Oramos todos en familia y les explicamos que Dios tiene el control de todo... siempre.


Necesitamos vivir cada día sabiendo que Dios tiene el control y que, aunque nosotras no sepamos si viviremos o no mañana, Dios si lo sabe. Vivamos de tal forma que agrademos a Dios todos los días y extendamos a nuestros hijos esa confianza en Dios de que si vivimos o no Él será glorificado.


Si Dios quiere es una frase muy usada en México, pero debe ser real en nuestra vida, saber que de Él y solo de Él dependemos todos los días, en todo lo que hacemos. Será mucho mejor que vivamos la vida dependiendo de Dios, haciendo Su Voluntad y confiando en Su Soberanía.


Santiago finaliza el capítulo 4 con una declaración fuerte para cada una de nosotras:


A aquel, pues, que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado.

Santiago 4:17


Dios nos ha revelado en Su Palabra Su voluntad para nosotros, sus principios morales, su santidad y la forma en la que desea que conduzcamos nuestra vida. Si hacemos lo que no debemos hacer y si dejamos de hacer lo que debemos hacer, pecaremos. Los pecados de omisión conducen a los pecados de comisión de manera inevitable.


Vivamos la vida buscando agradar a Dios, reconociendo que no la tenemos asegurada. Vivamos la vida haciendo Su Voluntad para que si hoy, mañana o en 40 años Dios nos llama a Su Presencia, nos encuentre haciendo eso que nos ha mandado hacer.


En Su Gracia

K A R L A

  


PARA MEDITAR

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miércoles, 20 de septiembre de 2017

La Caja de Secretos






Recuerdo cuando joven, mi papá dejó arrumbada una caja de madera en un rincón, de esas que usan en los mercados para transportar la fruta, la tomé y decidí que sería “mi caja de secretos”

A decir verdad, esa caja estaba a la vista de todos sobre el ropero de metal en mi habitación; en ella tenía guardados diferentes artículos que para mí eran importantes y algunos que no quería que otros supieran de su existencia.


Entre esos objetos, recuerdo tener fotografías mías cuando era bebé, un cuaderno “chismógrafo” de la preparatoria, (en ese cuaderno venían casi todos los secretos de mis compañeros de generación), tenía videojuegos, unas bufandas, cartas, más cartas, y mi diario. No recuerdo que más tenía.  Un día se me ocurrió guardar ahí una botella con agua sin darme cuenta que estaba mal cerrada, después de tiempo el agua se había derramado dentro echando a perder absolutamente todo lo que era de papel, las fotografías eran instantáneas así que se perdieron, mi diario estaba empapado y empezaba el moho a aparecer en cada página.

Recuerdo cuánto me enojó el ser descuidada y dejar que el agua arruinara mis pertenencias “secretas”, traté de rescatarlas secándolas al sol, pero aun así se pudrieron; no recuerdo si las guardé pero tal vez sí las tuve durante algún tiempo aún con lo podrido, porque eran preciadas para mí.


           
¿Qué pasa cuando guardamos en nuestro corazón “secretillos” que, a decir verdad, están a la vista de todos pero no lo mostramos abiertamente? ¿Te ha pasado? De pronto esa tendencia a guardar secretos en el corazón, rencores, amarguras, algo que está ahí pudriéndose y no queremos sacarlo por habernos apropiado de ellos.


Toda falta de perdón puede convertirse en amargura, puede quitar la felicidad, y consumir energía en las personas.


Cuídense unos a otros, para que ninguno de ustedes deje de recibir 
la gracia de Dios. Tengan cuidado de que no brote ninguna raíz
venenosa de amargura, la cual los trastorne a ustedes
y envenene a muchos.

Hebreos 12:15 ntv


Hay un dicho que dice: “todos se dan cuenta de tu mal aliento menos tú mismo” y pasa muy seguido que, el resentimiento o la amargura en una persona todos lo notan menos quien lo porta ¿por qué será? Pienso que es porque ya es un modo de vida, y se acostumbran a vivir así, se vuelve normal y no lo perciben; es raro encontrar a una persona que diga ¡uy, como que me estoy amargando! o alguien que diga ¡qué rencorosa soy!


Sin embargo, esas actitudes dañan y no solo al portador sino a quienes están alrededor. Es tiempo de reconocer si acaso en un descuido una ofensa creció y se instaló en el corazón hasta convertirse en rencor, falta de perdón o nos ha amargado más de lo que creemos. Podemos acercarnos a alguien en quien confiemos y pedirle nos ayude a orar para reconocer si las actitudes que tenemos concuerdan con la percepción de nosotras mismas.


Mientras callé, se envejecieron mis huesos
En mi gemir todo el día.
Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;
Se volvió mi verdor en sequedades de verano.


Salmo 32:3-4


No sirve el guardar ofensas, ni el guardar rencores secretos, daña más de lo que podemos imaginar. Hagamos un análisis acerca de qué es aquello que permitimos en nuestra vida que nos humedeciera y el moho creciera haciendo que todo lo limpio y hermoso para recordar terminara sucio, o secando las buenas actitudes para con los demás.



Dios es bueno, y cambia corazones ¿Cómo no quitará la amargura de nuestro corazón? Necesitamos decidir dejar toda amargura y sobre todo, perdonar a quienes nos hayan ofendido.


Quítense de vosotros toda amargura, enojo,
ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos,
perdonándoos unos a otros,
como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo


Efesios 4:31-32


Soltemos esa carga, esa amargura, ese rencor, aunque nos hayamos acostumbrado a su hedor, aunque nos duela soltarlo por ser parte de nuestro diario vivir, es tiempo de entregarlo a Dios, ya no encubrirlo porque en el fondo sabemos que hay algo que no anda bien y que está arruinando todo lo demás. Confesemos esa ofensa a Dios en oración y pidamos perdón por haber permitido contaminar nuestro corazón.


Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.
Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová;
Y tú perdonaste la maldad de mi pecado

Salmo 32:5


 Sé libre de amargura hoy… goza y haz que otros disfruten de la gracia del perdón… llama, escribe, habla, abraza, ámales y perdónales…



En Su Gracia


K A R L A


lunes, 18 de septiembre de 2017

¿Cuán hermosa eres?


Todos los días somos “bombardeadas” por el estereotipo mundial de belleza, que a decir verdad siempre me he preguntado ¿quiénes son los que definen la belleza? ¿En qué se basan para medir la belleza de una mujer? ¿Quién les dio la autoridad para desechar a alguien por no ser bello ante sus ojos? Sin duda son los grandes empresarios de la moda quienes deciden qué y quién entra en la belleza, pareciera que las demás, las mujeres comunes, las amas de casa, las madres de familia y las mujeres que no estamos en pasarelas de la moda no tenemos oportunidad de estar dentro de esos estándares de belleza.


Gracias a Dios la belleza que vale la pena, esa que no se desvanece con el paso de los años, esa que no se arruga y que no termina al tener canas o grasa de más viene de parte de Dios y es un proceso en el cuál tú y yo tenemos oportunidad de ser perfeccionadas por Su amor.







Abres una revista y ¡pum! Una súper modelo engalana la parte central en un micro traje de baño mostrando su bajo porcentaje de grasa corporal, eso podría no ser importante si acaso tú lucieras igual en un traje de baño similar, cierras la revista en un acto reflejo y piensas que eso no es importante… no por ahora… no hoy.

Sales a la calle y te encuentras a mujeres hermosas caminando como en pasarela y piensas para tus adentros que, tal vez si no tuvieras que caminar tanto podrías usar esos tacones de 12 cm que se ven espectaculares con unos buenos jeans, y bueno, qué decir de esos kilitos de más que te quedaron después de tu último parto, y no olvidemos tu cabello, si, ese mismo que se “frizea” en ésta época del año… en fin, mejor dejemos la lista ahí porque podríamos sacar a la luz más de un “defectillo” incómodo ¿verdad?

No he conocido a una sola mujer que me diga “estoy perfecta, me encanto y no me cambiaría nada” ni una sola, y aunque a mi vista sean hermosas y prácticamente unas top models, ellas están incómodas con una parte de su cuerpo y quisieran cambiarlo.


Es un tema tan recurrente hoy en día y que debe ser cuidado mucho puesto que, por esa causa se sabe de suicidios, muertes por anorexia, bullying, infelicidad y un descorazonamiento de quien no sabe cómo controlar ese sentir.

He estado viendo algunas personas en mi facebook, sus sonrisas y su felicidad, es sencillo darse cuenta que son hermosas no por tener los dientes perfectos, ni la cintura talla cero, ni las piernas largas como pilares de algún edificio, ni por usar peinados de glamour ni tacones de 12 cm.

Son mujeres comunes, con hijos, con arrugas, con kilos de más, con sonrisa sin fingimiento, con chinos alocados y una que otra mujercita recién despertando a la juventud con ganas de ser más de lo que es ahora. ¿Qué tienen esas mujeres que son tan hermosas? Sencillo. Tienen a Dios el día de hoy, ese maravilloso Dios que detalló cada parte de su cuerpo, alma y espíritu; ese mismo Dios que se tomó el tiempo para definir la silueta perfectamente delineada en su cuerpo, el anhelo y deseo de agradar a Dios en cada una de esas mujeres es lo que realmente las hace tan bellas.

No importa el color de tus ojos, el tamaño de tu cintura, el largo de tus piernas, tu talla de jeans, no importa lo que hiciste, sino lo que Dios está haciendo en ti, no importa de dónde te sacó sino a donde te estará llevando en el futuro, no importa lo que vemos sino lo que somos y a quién tenemos.


Eres hermosa, tan hermosa por lo que Él hace en ti y a través tuyo ¿no me crees? Mira esto:


Para tener hermosos ojos:

Tus ojos miren lo recto,
Y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante.
 Examina la senda de tus pies,
Y todos tus caminos sean rectos.
 No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;
Aparta tu pie del mal.

Proverbios 4:25-27


Para tener hermosa Boca:

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca,
 sino la que sea buena para la necesaria edificación,
a fin de dar gracia a los oyentes.

Efesios 4:29

Para tener oídos hermosos:

Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír,
 tardo para hablar, tardo para airarse

Santiago 1:19



Para tener un corazón hermoso:

Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos;
 y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne,
y les daré un corazón de carne.

Ezequiel 11:19



Para manos hermosas:

El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje,
haciendo con sus manos
 lo que es bueno, para que tenga qué compartir
con el que padece necesidad.

Efesios 4:28




Para tener pies hermosos:

Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas,
 del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien,
del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!

Isaías 52:7

Lámpara es a mis pies tu palabra,
    Y lumbrera a mi camino.

Salmo 119:105



Para tener una mente saludable:

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto,
todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable,
 todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna,
si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Filipenses 4:8



Sin duda la belleza no es externa como lo menciona
1 Pedro 3:3-4

No se interesen tanto por la belleza externa: los peinados extravagantes,
las joyas costosas o la ropa elegante. En cambio,
vístanse con la belleza interior, la que no se desvanece,
la belleza de un espíritu tierno y sereno,
que es tan precioso a los ojos de Dios.


Nuestra belleza está basada en lo que Dios hace en nosotras cada día, en lo que Él perfecciona en ti y en mí, la belleza, esa que vale la pena es un proceso en que Dios nos va puliendo, limpiando y haciéndonos cada día más como Él.


Desde hoy vive tu vida sabiéndote hermosa por lo que Él hace en ti, no permitas que las voces del mundo te hagan creer en un estereotipo de belleza que no es nada cierta, decide escuchar lo que Dios dice, hace y piensa de ti.


Un abrazo para ti que eres una mujer de valor…


En Su Gracia


K A R L A





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jueves, 14 de septiembre de 2017

Edad de oportunidad {Paul David Tripp}


Estoy leyendo un libro que me está siendo de mucha ayuda y bendición. Nuestro primogénito está entrando en la etapa de la adolescencia y con ello, vienen nuevas oportunidades y desafíos para nosotros como padres pero sin duda, nuevas oportunidades para acercarnos a él, presentarle el Evangelio y afirmarle nuestro amor por él.

Edad de oportunidad, un libro escrito por Paul David Tripp que en verdad recomiendo ampliamente, sea que tengas adolescentes en casa o que des consejería, este ejemplar es de los mejores que he leído.

Te comparto un fragmento de lo que leí recién.








Poder Imponente

Pocas cosas tienen en la vida la demanda las veinticuatro horas del día como la tiene la educación de los hijos. Pocas cosas en la vida tienen tal potencial para traer dificultades y dramas inesperados. He hablado con muchos padres de adolescentes quienes hablan de estar preocupados, que sienten que no tienen la fuerza para hacer lo que han sido llamados a hacer. En virtud de esto es vital que no olvidemos la fortaleza que es nuestra como hijos de Dios.


En Efesios 3:20-21 Pablo nos dirige hacia ese poder en una doxología muy conocida.

“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”


El Dios que es nuestro Padre es un Dios de Poder Imponente. A través de este poder él es capaz de hacer cosas que están más allá de cualquier cosa que podamos verbalizar o comprender con nuestra imaginación. Piensa en la cosa en tu vida que parezca ser lo más imposible de lograrse. ¡Dios es capaz de hacer más que eso! Piensa en la cosa que la Biblia diría que es lo que más se necesita en la vida de tu adolescente, no obstante parece ser nada realista lograrlo y parece estar fuera del alcance. ¡Dios es capaz de hacer más que eso!
Es importante que veamos nuestra tarea como padres desde el punto de vista del poder imponente de Dios – el poder por el cual creó el mundo, mantiene funcionando el universo, resucitó a Cristo de los muertos y derrotó al pecado.


Nuestro Dios es un Dios de poder glorioso que va más allá de lo que puede concebir nuestra mente. No podemos ver nuestra responsabilidad paterna sólo desde la perspectiva de nuestra fatiga y debilidad. Debemos recordar que somos hijos del todopoderoso. ¡Él es Poder! Él es fortaleza.


Pero debemos decir todavía algo más. Quizá estás pensando, ¡Cómo me gustaría obtener algo de ese poder! Pero no sabes cómo obtenerlo. De hecho, muchos padres con los que he hablado se han sentido desanimados por pasajes como Efesios 3:20 porque parecen estar tan lejos de su propia experiencia.


Necesitamos considerar con cuidado las palabras de esta doxología.  Dice que Dios es “poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (ahora pon atención a estas palabras) “según el poder que actúa en nosotros” ¿En dónde está su poder? ¿Está allí lejos en algún lugar de los cielos, estando disponible sólo para aquellos que han descubierto el ritual correcto para ponerlo en acción? ¡No! Eso no es lo que Pablo dice. En vez de eso dice algo que es glorioso y radical, sin embargo es algo real.

El poder imponente de Dios reside dentro de su pueblo y está activamente en funciones. Padres, este poder glorioso reside dentro de ustedes como hijos de Dios, por medio de su Espíritu Santo, de tal manera que pueden hacer las cosas a las que Dios les ha llamado que de otra manera sería imposible realizarlas.
Es en nuestros momentos de debilidad cuando nos rehusamos a darnos por vencidos que experimentamos las fuentes gloriosas de poder que reside dentro de nosotros por ser hijos del todopoderoso. 

Pablo nos dice en 2 Corintios 12:9 que el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad. A menudo nos perdemos de experimentar su poder porque tendemos a renunciar cuando hemos golpeado la pared. Es cuando hemos agotado los recursos de nuestra propia fuerza y sabiduría que tendemos a sucumbir a las emociones del momento, diciendo y haciendo cosas que luego lamentamos toda la vida. Pero debido a la obra de Cristo, podemos hacer algo diferente; podemos ser padres con valor y esperanza. Es importante reconocer la fuerza que se nos ha dado como hijos de Dios.


El Regalo de Gloria

En Juan 17, Cristo está enfrentando la cruz, la resurrección y su ascensión al cielo. En los momentos finales antes de su captura, va al su Padre en oración por sus discípulos y por aquellos que habrían de creer por su ministerio. Ora por la relación que sus seguidores tendrían el uno con el otro; que sus hijos experimentaran la misma unidad que él tiene con el Padre y el Espíritu.


¡Imagínate una familia en la que reine tal unidad! ¡Imagínate el tipo de relación que tendrías con tu adolescente! Ciertamente, es una tentación mirar estos pasajes y decir, “Por favor ¡Pon tus pies sobre la tierra! ¡No puedes estar hablando en serio! ¡Realmente no piensas que esto es posible! ¿O sí?”
Antes de desechar estos pasajes por parecer totalmente idealistas y tan distantes de nuestra propia experiencia como para ser de ánimo o ayuda, necesitamos poner atención cuidadosa a sus palabras (Juan 17:20-23)


“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.”


En su oración Cristo dice que ha hecho algo magnifico para su pueblo.
Conociendo la imperfección del mundo y nuestros corazones pecaminosos, Cristo vio que era imposible que alguna vez experimentáramos por nuestra cuenta el amor y la unidad que son su plan para nosotros. En la tierra había visto la amargura, ira, celos, avaricia, engaño y venganza que produce el pecado. Sabía que debía proveer ampliamente para su pueblo o nunca vivirían en unidad y amor. El hermano nunca amaría a la hermana, el esposo nunca amaría a su esposa, el amigo nunca amaría a su amigo, y el padre nunca amaría a su hijo sin su intervención divina. ¡Y eso es exactamente lo que proveyó!


Pon especial atención a las palabras de versículo 22: “La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno”. Escucha lo que está diciendo Cristo. Cuando Cristo vino a la tierra y se encarnó, la gloria del Dios todopoderoso fue puesta en él para que, a través de él, la gloria de Dios fuese vista por todos nosotros. Cristo luego dice que la gloria que fue puesta en él, la ha puesto en sus hijos para que sean uno. Necesitamos adoptar esta realidad de la redención. 

Lo que estaba muy por encima de nuestro alcance ha sido colocado pro Cristo dentro de nuestro alcance. Él ha puesto la gloria del Dios todopoderoso en nosotros con un propósito específico: que nuestras relaciones mutuas reflejen aquella que existe en la trinidad. Pablo lo dice así en Colosenses 2:9-10: “ Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él. . .”

Cuando tratas de hablar con tu adolescente, no sólo eres tú y él a solas en una habitación, con la esperanza de que de alguna manera, serán capaces de llevarse bien uno con el otro. La gloria de Dios te ha sido dada como un regalo para que puedas ser un instrumento humilde, amable, paciente y tolerante del amor y la unidad que Dios ha planeado para su pueblo. Su regalo de gloria es tu esperanza de unidad.

Notemos además que Cristo dice, “para que sean perfectos en unidad”. Es importante ver que Cristo no ora diciendo “para que ellos mismos lleguen a estar completamente unidos”. ¡No! Cristo está diciendo, “Padre, si tus hijos van a vivir en unidad y amor, tú tienes que hacerlo en ellos”. De nuevo, en aquellos momentos en la habitación, no sólo nosotros somos los que estamos obrando.
Dios está obrando para producir lo que sólo él puede producir. 

Estos son sus momentos de gracia, sus momentos de redención y cambio. Probablemente no hay otro momento en nuestras vidas en el que   necesitemos más el regalo divino de gloria y su actividad momento a momento que en los años cuando estamos educando a nuestros adolescentes. En estos años somos confrontados con nuestras debilidades, pecados e inhabilidades. Es en estos años que el enemigo quiere llevarnos de las metas altas a las que Dios nos ha llamado a conformarnos a tener control humano y éxito en la situación.
Necesitamos recordar que el regalo divino de gloria nos fue dado para hacer el puente entre nosotros y nuestros hijos para que su amor y unidad florezca entre nosotros.



Paul David Tripp.
Edad de oportunidad una guía Bíblica para educar a los adolescentes.
Pág. 90-94






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