viernes, 6 de enero de 2017

¿Cómo obtengo la victoria diaria?







Muchas de nosotras luchamos con algo que nos mantiene presas, con temor, con frustración porque no podemos salir de ellas.


Algunas con vicios que parecen inofensivos pero que afectan mucho nuestra vida espiritual y nuestra comunión con Dios. (cigarrillo, antidepresivos, redes sociales, chisme, depresión, divorcios, miedos, alcohol, falta de dominio propio, etc.)


Y no encontramos la respuesta para salir librado de todo ello, y en ocasiones no lo compartimos con alguien más por pena, por el qué dirán de nosotras si somos líderes en la iglesia, si tenemos muchos años de creyentes… lo cierto es que todos tenemos luchas y pruebas, teniendo un mes de creyentes o toda la vida.


Esas luchas las tendremos siempre, de maneras diferentes, pero continuamente estarán ahí, porque el enemigo de nuestra alma quiere vernos derrotados, hasta el suelo y otras ocasiones serán pruebas a nuestra fe por parte de Dios, necesitamos estar firmes y no olvidar que todo tiene un propósito y un tiempo. Hay diferentes razones por las cuales hay esas luchas.


En 1 Samuel 7 encontramos una enseñanza hermosa acerca de la victoria.



El pueblo había usado el arca de Dios de manera errónea, una especie de superstición pues le daban un poder que no tenía la caja de madera. En guerra fueron derrotados, el arca les fue robada y al recuperarla, una mortandad sobrevino al pueblo.


Ellos quisieron deshacerse del arca por temor a tan grande mortandad y mandan por ella para ser llevada a una ciudad llamada “Quiriat Yerim”.


El arca debería estar en Siló (Josué 6), ahí estaba el tabernáculo que el mismo Dios mandó construir, pero ellos la llevaron a casa de Abinadab y consagraron a Eleazar como sacerdote y guardia del arca de Dios. Pasaron 20 años desde que el arca de Dios llegó a esa ciudad y su presencia no se menciona en ese tiempo. 20 años en los cuales los israelitas gemían arrepentidos ante el Señor. (1 Samuel 7:1-2)


Dios usaba a Samuel, Él ya lo había llamado a servirle y pasados esos 20 años habló al pueblo diciendo:


Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová,
quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová,
y sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos.

1 Samuel 7:3



Y es que ellos se habían alejado de Dios para servir a los baales y Astarot (Jueces 10:6) habían dejado de adorar al Dios de los cielos para adorar a esos dioses del mundo.


Samuel, en pocas palabras les dice: ¡Recuperen el temor de Dios! ¡Arrepiéntanse! Un arrepentimiento genuino, que inicie desde dentro y se manifieste en el exterior.


·        De todo corazón arrepentidos delante del Señor.
·        Quiten a esos dioses.
·        Entréguense de corazón a Dios.
·        Sírvanle sólo a Él y Él los librará.


Y los israelitas lo hicieron… tardaron 20 años en darse cuenta que habían perdido el temor de Dios, fue hasta que un varón de Dios (Samuel) les habló la verdad.


Nosotras ¿ya nos dimos cuenta si acaso hemos perdido el temor de Dios? ¿Cuánto tiempo nos ha costado reconocerlo? ¿Escuchamos a esos varones o mujeres de Dios que nos hablan la verdad? ¿O les damos la espalda?


¿Cómo saber si tengo temor de Dios? Recordando que Él nos conoce, nos escucha, nos recuerda y nos ve… ¿Lo que hacemos a escondidas de otros, glorifica a Dios? Recuperemos ese temor reverente a Dios si acaso lo hemos perdido, cuando eso suceda seguramente vendrán ataques pero que no nos sorprenda, porque el enemigo de nuestra alma querrá vernos derrotadas. Y si analizamos bien, esas pruebas o ataques siempre han estado, pero ahora son más evidentes porque tenemos conocimiento de ellas y del propósito por el cual están en nuestra vida.  


Cuando los israelitas supieron que los filisteos se prepararon para ir a luchar contra ellos, se llenaron de miedo y le dijeron a Samuel:


Entonces dijeron los hijos de Israel a Samuel: No ceses de clamar por nosotros a Jehová
 nuestro Dios, para que nos guarde de la mano de los filisteos.

1 Samuel 7:8



Ellos entendieron que Dios es quien da la victoria, que, si buscamos primeramente el reino de Dios y su justicia, todas las cosas nos serán añadidas (Mateo 6:33). Y Samuel ofreció un sacrificio y rogó a Dios por el pueblo del Israel (1 Sam 7:9). Nosotros tenemos ese perdón de pecados y la justicia en Cristo Jesús por el sacrificio en la cruz.



pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados,
se ha sentado a la diestra de Dios.

Hebreos 10:12



Llegaron los filisteos para pelear con los israelitas, pero el Señor lanzó fuertes truenos contra ellos y los atemorizó y los israelitas vencieron. (1 Samuel 7:10)


Sólo volviéndonos a la presencia de Dios tendremos la victoria, su protección, su fortaleza… con un arrepentimiento genuino desde el corazón y buscar estar a cuentas con Dios, volviéndonos a Él y dejar a los dioses que podemos haber servido y servirle sólo a Él, de todo nuestro corazón y vencer todas aquellas cosas, prácticas, etc., que cada día nos hacen la guerra.


Tenemos una sola vida, invirtamos bien el tiempo y sirvamos al único Dios, ya no busquemos triunfar en nuestras fuerzas, con nuestros propios medios, es Dios quien nos da la victoria. Quién sabe si todas aquellas aflicciones, pruebas y luchas se deben a que nos hemos olvidado de nuestro Dios ¿Qué crees tú?


Que sea Dios hablando a cada una de nosotras, dándonos luz cada día para volvernos a Él, estando a cuentas con Él; hace frente a nuestros enemigos porque es nuestro castillo, nuestra torre fuerte, nuestro escudo, nuestro refugio, nuestro libertador, Él nos da la victoria.


¿Cómo la obtenemos? Permaneciendo en Él y sirviéndole sólo a Él…







En Su Gracia


Karla





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