lunes, 16 de enero de 2017

Hoy necesito más de mi Señor



Dios ha bendecido mi vida con amigas con las que puedo compartir todos los días de nuestras experiencias como mamás, mujeres con quienes he aprendido tanto acerca de diferentes temas desde su experiencia con Dios.


Hoy quiero compartirte el testimonio de una de ellas para animarte a que tu vida de oración sea constante, con fe y con la confianza de que Dios te escucha.








 Soy la mamá de un precioso niño con TEA (Trastorno del Espectro del Autismo), retraso cognitivo y pica (se come cosas que no son comestibles como papel, pared, piedras pequeñas...). Mi pequeño no tiene ningún rasgo físico que lo diferencie del resto, pero basta tan solo unos segundos para ver que algo le pasa; camina de puntas, aletea sus manitas, no sabe comunicar sus necesidades (dolor, miedo, frio, calor) por lo que usa los gritos y tira de mi brazo para llevarme a aquello que desea.


Su forma de expresarme su amor es oliéndome el cabello y agarrándolo con fuerza. Me hace mucho daño, no controla su fuerza ni comprende mis emociones de tristeza o enfado. Con sus casi siete años de edad aún no controla sus esfínteres y usa pañal.


Cada día es un reto porque no todos los días descansas igual, ni tienes la misma paciencia. Hoy es uno de esos días...



Hoy necesito más de mi Señor




No oro por mi hijo cada día, pero debería... equivocadamente pienso que con entregarle mi hijo a Dios de vez en cuando es suficiente, pero no lo es.



Hace tiempo el Señor me mostró con su Palabra que, aunque mi pequeño no pueda llegar a comprenderla, mi obligación como mamá era instruirlo en Su camino. Desde ese momento oro con él antes de dormir y antes de comer. Para sorpresa de mi marido y mía, un día empezó a decir “men” de Amén, y “Shu” de Jesús, lo que sentimos fue indescriptible.



El Señor está a nuestro lado, sus promesas me reconfortan,
me ayudan a seguir y no desmayar. 



Reconozco que tengo que esforzarme más, me avergüenza confesarlo, pero no soy constante... y en esto estoy especialmente llamada a hacerlo. No me gusta mucho eso de los buenos propósitos para año nuevo porque, ¿por qué esperarme al año próximo si puedo empezar ya?



Por mucho tiempo le he pedido al Señor que me permitiera servirlo fuera de mi hogar, ¡por fin lo ha hecho! Pero me hace que no pierda el norte, que no olvide cuál es mi primer ministerio y en mi caso es muy muy especial porque requiere de unas dosis elevadas de su gracia.



Hace unos días en una conversación con el Señor, me hizo ver cuánto de maestro tiene mi hijo y me sorprendí. Nos enseña tantas cosas... a ser mejores personas, pacientes... pero sobre todo a depender de Dios.



He llegado a intentar luchar sola, me he pensado autosuficiente, he intentado que mi esposo luchara con la misma intensidad que yo, pero ambos hemos fracasado. Solo el día que verdaderamente le entregué mi pequeño a Dios y entendí que NO ES MÍO, sino suyo, todo empezó a cambiar.



 Sigo en pie no por mis propias fuerzas sino
porque Cristo me sostiene 



Y entendí que la única manera de luchar día a día era de rodillas y me queda mucho que aprender, mucho que humillarme y rendirme ante mi Señor.



Soy una mamá imperfecta, amada por un Dios perfecto




Él me esfuerza, Él me sostiene, pero antes me tengo que rendir ante Él y reconocerlo Señor de mi vida, reconocer Su grandeza, Su majestad y mi pequeñez.

Sin Él no soy, ni puedo NADA.




Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él,
 éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.


Juan 15:5




En Su Gracia



Karla









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