viernes, 20 de enero de 2017

Tragedia en Monterrey y los deberes de los padres








Hace un par de días ocurrió una tragedia en la ciudad de Monterrey Nuevo León.
Parecía ser un día normal.

Supe la noticia de que había ocurrido “algo” en un colegio de Monterrey, donde hace años viví. Entré a Facebook para saber qué había ocurrido y estaba inundado de noticias, desde amarillistas hasta las más serias.

Un niño de 15 años había baleado a algunos de sus compañeros de clase, a su maestra y después se había disparado él mismo.

Como madre de familia pensé en mis hijos.

¿Y si mis hijos hubieran salido heridos?
¿Y si mis hijos hubieran sido quienes dispararon?
¿Y si mis hijos hubieran sido los que hicieron los memes de burla a la tragedia?


Es doloroso, muy doloroso ver que gran cantidad de niños y jovencitos han perdido el temor a todo, el respeto a las autoridades, la honra a los padres, el amor al prójimo y principalmente, el temor a Dios.


Como sociedad, ¿Qué estamos haciendo mal?

La sociedad está mal.
Las familias están mal.
Los hijos están mal.
El individuo está mal.

Todo comienza en uno mismo. Si como persona estamos mal, tendremos un mal matrimonio, una familia disfuncional, hijos deprimidos y, por ende, una sociedad corrompida.

Que esta tragedia nos ayude a mejorar y cuidar nuestro mayor tesoro: La familia.

Como sociedad, hemos cometido errores, hemos buscado la forma de darle a nuestros hijos los mejores colegios, los mejores regalos, viajes, premios a su conducta, hemos buscado que ellos estén lo más lejos de nosotros, aunque estemos en la misma habitación. Es más sencillo darle un video juego que jugar con ellos, es más sencillo darle un celular que escucharles y conversar con ellos.

Nos hemos convertido en los mejores cuidadores de nuestros hijos.
Nos hemos convertido en los mejores educadores de nuestros hijos.
En los mejores proveedores, pero, ¿somos sus padres? ¿somos sus pastores?
Tristemente en muchos matrimonios hay hijos, pero no en todos hay padres.

Hablo en general, con profundo dolor de lo que ahora se ve en las familias modernas. Por eso me atrevo a preguntar: ¿Hemos cumplido fielmente con la comisión que nos dejó escrita Dios en su Palabra?


Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;
 y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa
y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.
 Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignia entre tus ojos.
Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas.

Deuteronomio 6:6-9


Es un buen tiempo para reconocer que, como padres, necesitamos de Dios todo el tiempo, necesitamos que nos guíe en su verdad a través de la Palabra, necesitamos estar en comunión con Él todos los días porque nuestros hijos necesitan ser alimentados espiritualmente, ser criados en la disciplina y amonestación del Señor, ser formados de acuerdo a lo que la Palabra de Dios nos dice.




John Bunyan es uno de mis escritores y predicadores favoritos del siglo XVII, él escribió acerca de los deberes de los padres hacia los hijos lo siguiente, te lo comparto pues me ha sido de mucha bendición:


DEBERES DE LOS PADRES HACIA LOS HIJOS.

Juan Bunyan (1628-1688)

Si usted es padre de familia, un padre o una madre, entonces debe considerar su llamado como tal. Sus hijos tienen almas, y tienen que nacer de Dios al igual que usted, o de otra manera perecerán. Y sepa también que, a menos de que sea usted muy circunspecto en su conducta hacia ellos y en la presencia de ellos, pueden perecer por culpa de usted: lo cual debe impulsarle a instruirlos y también a corregirlos.

Primero, instruirlos como dice la Escritura


Y “criadlos en disciplina y amonestación del Señor,” 
y hacer esto diligentemente “estando en tu casa, y al acostarte, y cuando te levantes” 



Ef. 6:4; Deut. 6:7


A fin de hacer esto con propósito:

1. Hágalo usando términos y palabras fáciles de entender; evite expresiones elevadas, porque estas ahogarían a sus hijos. De esta manera habló Dios a sus hijos (Ose. 12:10) y Pablo a los suyos (1 Cor. 3:2). 

2. Tenga cuidado de no llenarles la cabeza de caprichos y nociones que de nada aprovechan, porque esto les enseña a ser descarados y orgullosos en lugar de sobrios y humildes. Por lo tanto, explíqueles el estado natural del hombre; converse con ellos acerca del pecado, la muerte y el infierno; de un Salvador crucificado, y la promesa de vida a través de la fe: “Instruye al niño en su carrera: aun cuando fuere viejo no se apartará de ella” (Prov. 22:6). 

3. Tiene que ser muy suave y paciente siempre que les enseña, para que “no se hagan de poco ánimo” (Col. 3:21).

4. Procure convencerlos por medio de una conversación responsable, que lo que usted les enseña no son fábulas sino realidades; sí, y realidades tan superiores a las que disfrutamos aquí que, aun si todas las cosas fueran mil veces mejor de lo que son, no podrían compararse con la gloria y el valor de estas cosas. Isaac era tan santo ante sus hijos, que cuando Jacob recordaba a Dios, recordaba que era el “temor de Isaac su padre” (Gén. 31:53). 

¡Ah! Cuando los hijos pueden pensar en sus padres y bendecir a Dios por su enseñanza y el bien que de ellos recibieron, esto no sólo es provechoso para los hijos, sino también honorable y reconfortante para los padres: “Mucho se alegrará el padre del justo: y el que engendró sabio se gozará con él” (Prov. 23:24, 25).  


Segundo, el deber de corregir.

1. Con sus palabras serenas, procure apartarlos del mal. Ese es el modo como Dios trata a sus hijos (Jer. 25:4, 5).

2. Cuando los reprenda, sean sus palabras sobrias, escasas y pertinentes, con el
agregado de algunos versículos bíblicos pertinentes; por ejemplo, si mienten, pasajes como Apocalipsis 21:8, 27. Si se niegan a escuchar la palabra, pasajes como 2 Crónicas 25:14-16.

3. Vigílelos, que no se junten con compañeros groseros e impíos; muéstreles con sobriedad un constante desagrado por su mal comportamiento; rogándoles tal como en la antigüedad Dios rogara a sus hijos: “No hagáis ahora esta cosa abominable que yo aborrezco” (Jer. 44:4).

4. Mezcle todo esto con tanto amor, compasión y compunción de espíritu, de modo que, de ser posible, sepan que a usted no le desagradan ellos mismos como personas, sino que le desagradan sus pecados. Así se conduce Dios (Sal. 99:8).

5. Procure con frecuencia hacer que tomen conciencia del día de su muerte y
del juicio que vendrá. Así también se conduce Dios con sus hijos (Deut. 32:29).

6. Si tiene que hacer uso de la vara, hágalo cuando esté calmado, y muéstreles juiciosamente: (1.) su falta; (2.) cuánto le duele tener que tratarlos de este modo; (3.) y que lo que hace, lo hace en obediencia a Dios y por amor a sus almas; (4.) Y dígales que, si otro medio mejor hubiera sido suficiente, nada de esta severidad hubiera ocurrido. Esto, lo sé por experiencia, será la manera de afligir sus corazones tanto como sus cuerpos; y debido a que es la manera como Dios corrige a los suyos, es muy probable que logre su fin.

7. Finalice todo esto con una oración a Dios a favor de ellos, y deje la cuestión en sus manos “La necedad está ligada en el corazón del muchacho; más la vara de la corrección la hará alejar de él” (Prov. 22:15).



Por último, tenga en cuenta estas advertencias:


      1. Cuídese de que las faltas por las cuales disciplina a sus hijos no las hayan aprendido de usted. Muchos niños aprenden de sus padres la maldad por las cuales los castigan corporalmente y disciplinan.

      2. Cuídese de ponerles buena cara cuando cometen faltas pequeñas, porque dicha conducta hacia ellos será un aliento para que cometan otras más grandes.

      3. Cuídese de usar palabras desagradables e impropias cuando los castiga, como ser insultos, groserías y
cosas similares: esto es satánico.

      4. Cuídese de acostumbrarlos a regaños y amenazas mezclados con liviandad y risas; esto endurece. No hable mucho, ni con frecuencia, sino sólo lo que es apropiado para ellos con toda sobriedad.





Oremos por la paz en los corazones de las familias afectadas, Dios bendiga a cada uno de ellos y les dé la oportunidad de conocerlo en estos momentos. Dios bendiga a cada padre de familia y les de consuelo.


En Su Gracia


Karla




3 comentarios:

  1. Así es. Lo compartiré con los papis de mis alumnos. Yo soy de Mty y fue una nota que toco tanto mi corazón el ver todo lo que paso en ese salón de clases. No tengo hijos pero a diario estoy rodeada de más de 30 alumnos y tantas preguntas vinieron a mi mente. Me dolía este chico y su familia así como de cada jóven de ese grupo. Hay que seguir orando por estas generaciones y predicarles para que conozcan al Señor Jesús

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    1. si... es muy doloroso Adry, :( muchas gracias por leerme y comentar, gracias también por compartirlo con los padres de familia, oro a Dios que sea de mucha bendición, te mando un abrazo grande y fraternal, Dios te bendiga y guarde!

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