lunes, 24 de abril de 2017

Reconociendo la Voz de Dios







Hace tiempo escuché una predica del pastor Miguel Núñez, donde habla de la oración e hice algunas anotaciones que te compartiré el día de hoy.


¿QUÉ ES LA ORACIÓN?

La oración es comunión con Dios, oramos para tener una relación con Él para entrar en Sus propósitos y hacer Su voluntad.


Diciendo: Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa;
pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Lucas 22:24


Si seguimos el ejemplo de Jesús, oraríamos para que la voluntad de Dios sea hecha en nuestra vida y nos dé dirección para cumplir sus propósitos. Aunque siendo sinceras, no lo hacemos muy a menudo porque no sabemos cómo orar.

Si no sabemos cómo orar, entonces dejamos de hacerlo, nuestra oración se vuelve raquítica y cada vez más escasa. No sabemos orar, no oramos lo suficiente o, por el contrario, oramos horas y horas repitiendo lo mismo vez tras vez buscando satisfacer nuestro yo y no buscando una comunión genuina con Dios.


Lucas 11:1, nos deja ver que los discípulos de Cristo, tampoco sabían orar:

Y aconteció que estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó,
le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar,
 así como Juan enseñó también a sus discípulos.


Y es que nuestras oraciones deben apuntar a conocer más a Dios, pues es a través de la oración y del estudio de Su Palabra donde Dios se revela a sí mismo; a través de la Biblia, Él nos deja conocer sus caminos, su carácter, sus propósitos, y es lo que nosotras necesitamos si deseamos parecernos cada día más a nuestro Señor Jesucristo.


En la Palabra de Dios hay ejemplos de oraciones sabias, podemos leer a Pablo en Colosenses 1:9-12, al rey David en el Salmo 51, a Salomón en 1 Reyes 3:9 y aprender de esos titanes de la oración la forma en que se dirigían al Dios Todopoderoso. Podemos ver a través de sus oraciones, que ellos sabían con quién estaban hablando, sabían que es un acto de humildad y no de estar en la misma posición de Dios, nos sirven de guía para comenzar a orar buscando sus propósitos para nuestra vida.


¿CÓMO SON NUESTRAS ORACIONES?

Si analizamos una a una nuestras oraciones, tal vez nos daríamos cuenta de que en más de una de ellas lo que buscamos es nuestro bienestar, cambiar nuestro entorno, obtener beneficios personales y aunque no está mal pedirlo o desearlo; eso no debe ser lo que motive nuestra oración. Veamos si hemos caído en alguna de las siguientes situaciones.


·         Oraciones interesadas: oramos mientras obtenemos algo, después disminuye nuestro tiempo de oración.

·         Desconocer el poder de Dios: oramos poco porque no conocemos el poder de Dios en nuestra vida a través de la oración. Nos conformamos con poco de Dios, con saber poco de Él, con experimentar un poco de lo que nos muestra en Su Palabra.


·         Hay orgullo en nuestro corazón: creo que este es el más común y el que menos nos damos cuenta. Dejamos de orar porque consciente o inconscientemente pensamos ¿para qué orar tanto si estoy sana, salva, tengo trabajo, mis hijos están bien, etc.?


Y sabiendo esto, entendiendo que oramos de manera incorrecta o que no oramos lo suficiente, ¿Dios dirá que no a alguna de nuestras oraciones? ¿Qué crees tú?


¿CUÁNDO DIOS DICE NO A MIS ORACIONES?

1.       Cuando nuestras oraciones son egoístas. Lo podemos ver claramente en una de las peticiones de sus discípulos Jacobo y Juan en Marcos 10:35-45 ellos le piden sentarse uno a cada lado de Él cuando esté en Gloria, Jesús les niega esa petición explicándoles que no le corresponde a Él y dejando ver que es una petición egoísta.

2.      Cuando no es su tiempo. Eclesiastés 3:1 nos muestra que todo tiene un tiempo, Dios hace todo de acuerdo a su perfecta voluntad, en el tiempo en que Él sabe es preciso. En ocasiones nos dice No, porque aún no es tiempo de recibirlo.

3.      El trato que tenemos con los demás Proverbios 21:13  y el esposo con la esposa 1 Pedro 3:7. Son detalles que tal vez pasamos por alto, pero que Dios toma en cuenta en nuestro tiempo de oración.

4.      Nuestras motivaciones son incorrectas. Santiago 4:2-3 pedimos para nuestros propios deleites, nos olvidamos de buscar sus propósitos, su reino, de darle la Gloria, nuestras motivaciones se alejan de lo que Dios quiere en realidad para nosotras.




Cuando Dios dice NO a alguna de mis oraciones,Debo confiar que fue lo mejor para mi vida, ser agradecidaCon Él por tener el control y guardarme.


Leo en la Palabra de Dios a dos hombres a quienes Dios les dijo No a sus peticiones. Uno fue el apóstol Pablo en 2 Corintios 12:8-9 y el otro fue Moisés en Deuteronomio 3:25-26. Ellos aceptaron la voluntad de Dios, ninguno de los dos intentó cambiarla declarando, ni decretando lo contrario a lo que Dios ya les había dicho, es una enseñanza para nosotras también de aceptar la voluntad de Dios que siempre es buena, agradable y perfecta.


Dios hablaba con Moisés como se habla con un amigo, pero, ¿Cómo nos habla Dios a nosotras?

·         A través de Su Palabra.
·         Su Espíritu Santo que mora en nosotras nos guía y confirma en Su Palabra.
·         A través de consejeros.
·         A través de las circunstancias.
·         De acuerdo a la madurez espiritual aprendemos a discernir su voluntad.


¿CÓMO RECONOZCO LA VOZ DE DIOS?

Sabemos que hay voces que podemos escuchar y confundir con la voz de Dios, ¿cómo distinguir que es la voz de Dios y no la de mis emociones, mis propios deseos o la voz del diablo?


El pastor Miguel Núñez menciona 5 formas en las que podemos reconocer la voz de Dios.

1.       La voz de Dios es consistente con Su Palabra. Es decir, si la respuesta a nuestra oración contradice lo que Dios dice en Su Palabra, entonces no es su voz porque Él no va a violar o contradecir lo que ya ha revelado.

Por ejemplo: podemos orar por una pareja y creer que Dios nos ha respondido con ella, pero no es creyente. No es la voz de Dios porque su Palabra dice que no nos unamos en yugo desigual con los incrédulos.

Y es que somos especialistas en “manipular” las respuestas que supuestamente obtenemos de parte de Dios, para cumplir con nuestros deseos. Buscamos pretextos para desobedecer Su Palabra argumentando que Dios nos lo ha mostrado en oración.


2.      Su voz es consistente con Sus propósitos.
Podemos creer que escuchamos a Dios diciendo que hagamos algo para lo que no nos ha mandado hacer, algo que va en contra del propósito para el cual nos creó. Si la respuesta a mis oraciones indica que haga algo contrario a mi propósito como mujer, como esposa, como madre, como hija, entonces debo preguntarme si en realidad es Dios quien me está contestando.


3.      Su voz es consistente para el crecimiento espiritual.
Si estoy escuchando una voz que me dice que es de parte de Dios y es contraria a mi crecimiento espiritual, entonces no es su voz.  
           
Por ejemplo: tal vez escuchemos que aceptemos un trabajo, una carrera, incluso un ministerio que nos aleja de nuestro crecimiento espiritual, dejamos de ir al estudio bíblico, los domingos al culto, si nos absorbe tanto que nuestra vida espiritual se ve afectada alejándonos de Dios, ¿en realidad será su voz?

4.      Su voz es consistente con mi buen testimonio.
“Absteneos de toda forma de mal” dice 1 Tesalonicenses 5:22

Si lo que estoy escuchando como respuesta a mi oración me instruye a que haga, pertenezca a algo que es pecaminoso o que parezca serlo; si eso daña mi testimonio o el de la iglesia donde me congrego, no es la voz de Dios. Dios no me guiará a hacer el mal.

Dios es Santo y a través de ese atributo podemos aprender a orar correctamente y discernir su voz.

5.      La voz de Dios es consistente con los dones y talentos que ha depositado en mí.

·         La voz de Dios nos guiará a hacer lo que Él nos ha llamado hacer para Su gloria, no la nuestra.
·         Los dones y talentos que nos ha dado, son para edificar Su iglesia y mostrar Su gloria.
·         Se trata de Él, no de nosotras.
·         Dios equipa a quienes llama, para así cumplir Su propósito, nos equipa con esos dones y talentos para servir.
·         Podemos creer que Dios nos está llamando a hacer algo porque es nuestro deseo, pero si no es lo que Dios nos mandó hacer no lo hagamos porque nos vamos a frustrar e incluso avergonzar el evangelio. Por ejemplo: Si no fuiste dotado con una voz para la alabanza y crees que Dios te está llamando a hacerlo, será mejor replantear si no será solo tu deseo y no la voz de Dios.

·         Si en oración creo que Dios me está llamando a algo que sé que no soy bueno haciéndolo, debo ser humilde y decirle a Dios y a mis pastores o consejeros ¿Esto es mi deseo? Ayúdame Padre, para que pueda hacer tu voluntad y no la mía.



Tomemos como ejemplo la oración de Cristo en el Getsemaní, y oremos:



“Hágase tu voluntad, no la mía Padre,
porque encima de mi deseo está Tu Gloria.”


¿De qué manera te ha servido este artículo? ¿Cómo puedes intensificar tu oración?


En Su Gracia


KARLA







1 comentario:

  1. Bueno me ha servido mucho y hay cosas que han tocado mi corazon, como mujer.Gracias y sigue adelante para que muchas podamos ser mujeres virtuosas

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