miércoles, 31 de mayo de 2017

La calumnia destruye








No había estudiado la calumnia antes, es un tema tan común y creo que muy ignorado por muchos. La calumnia destruye relaciones, es peligrosa.


Conforme voy estudiando y conociendo más acerca de este pecado, me doy cuenta de la gran necesidad que tenemos de Nuestro Dios, de todos los días estar en Su presencia y también de la necesidad que tenemos de un espíritu humilde y enseñable para poder todos los días recibir instrucción y aplicar las verdades aprendidas en Su Palabra.  Que Dios nos muestre si en nosotras hay este pecado y no lo hemos detectado aun.


¿Quién puede discernir sus propios errores?
Absuélveme de los que me son ocultos.
 Guarda también a tu siervo de pecados de soberbia;
que no se enseñoreen de mí.
Entonces seré íntegro,
y seré absuelto de gran transgresión.
Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación
 de mi corazón delante de ti,
oh Señor, roca mía y redentor mío.

Salmo 19:12-14




¿Q U É   E S   L A   C A L U M N I A?

La palabra para calumniadoras es la misma palabra utilizada para “diablos”, es la palabra “diábolos”.

¿Te das cuenta? Cuando tú y yo, una anciana o cualquier persona calumnia o hace chisme, está haciendo el trabajo del diablo. La Palabra “diábolos” aparece 38 veces en el Nuevo Testamento. 34 de esas veces es un nombre para satanás, se refiere a él directamente; él es el calumniador, el padre de la mentira, así de grave y terrible es cuando nosotras calumniamos pues hacemos su trabajo.


CALUMNIA: La RAE la define como “Acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño”. Otra definición agrega: “Acusación para dañar el nombre o reputación de una persona”.


El ejemplo más claro para hablar de cómo el diablo trabaja con la calumnia en contra de los hijos de Dios, es con Job.


Job 1:1 dice: Hubo un hombre en la tierra de Uz llamado Job; y era aquel hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal.


Tenía una conducta intachable, era recto y no había algo que pudiera decirse contra él. Pero el diablo que es quien acusa a los santos (Apocalipsis 12:10) si lo hizo.


Job 1:8-9 dice: Y el Señor dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Respondió Satanás al Señor: ¿Acaso teme Job a Dios de balde?


Satanás calumnió, es decir, acusó con malicia a Job para causarle daño directamente. Acusó a Job de serle fiel a Dios y ser irreprensible sólo porque tenía todo de parte de Dios; incluso menciona que si Dios le quitaba todo cuanto tenía, Job blasfemaría. (Job 1:11).


Él es el calumniador por excelencia, él se presenta en tu vida y en la mía para calumniarnos delante del trono de Dios. Y no sólo eso, también calumnia a Dios con nosotros su creación, creyentes o no creyentes Dios es calumniado por satanás, Jesucristo fue calumniado y aún lo sigue siendo, tan sólo necesitamos escuchar los comentarios que se dicen de él en el mundo, o tal vez has tenido pensamientos así aun siendo cristiana o alguien te ha mencionado algo como:


            … si tu Dios es tan bueno, no debería existir la maldad.
            … ¿Por qué Dios permite que a la gente buena le pasen cosas malas?
            … ¿Dónde estaba Dios cuando lo necesitabas?
            … ¿Por qué si amas tanto a Dios te va tan mal?
            … ¿Realmente crees que la Biblia contiene verdades absolutas?
            … No necesitas a Dios, eres un ser independiente y capaz.
            ... Tus problemas no son importantes para Dios.


La calumnia hace acusaciones falsas para que creyentes y no creyentes duden de Dios, de su amor, duden de Su Palabra y crean que es un dios malo.


LA CALUMNIA DESTRUYE NUESTRA RELACIÓN CON DIOS.


Tengamos cuidado de hacer el trabajo del diablo, la calumnia le pertenece a él, no seamos partícipes de sus obras. Le servimos a un Dios Santo, quien nos ha dado la capacidad de discernir y de decidir qué hablar y cuándo hacerlo. (Salmo 19:14).


Platicaba con unas amigas del grupo de estudio acerca de este tema y lo grave que es, y nos dolió mucho darnos cuenta que hemos actuado así más de una vez, muchas veces de hecho. Algunas de ellas lo hicimos seguramente sin buscar el daño directo de la persona, sino que más bien ha llegado a ser un pecado “común” entre las mujeres, incluso hay bromas acerca de lo chismosas que somos las mujeres. Hay una frase que creo tiene cierta verdad y dice: “La peor enemiga de una mujer es otra mujer, porque entre mujeres se despedazan, pero no se hacen daño”.


Es un pecado más común entre mujeres, es un pecado que nosotras no podemos seguir cometiendo ni consintiendo. No seamos parte de la calumnia, ni diciéndola, ni prestando oído para que alguien sea calumniado porque la calumnia destruye amistades, destruye matrimonios, destruye congregaciones, destruye el testimonio de una persona en 3 minutos de conversación, destruye familias, destruye la iglesia y sobre todo, destruye nuestra relación con Dios.


Duele reconocer que hemos sido parte de ella.

La calumnia es grave.

La calumnia destruye.


No quiero que mis hijos vean a una mujer calumniadora y piensen que es normal porque su mamá es así, y mucho menos quiero que ellos calumnien a otros por ser el ejemplo que de mi han recibido.


Pablo le escribe a Tito: “pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo a la sana doctrina… Las ancianas deben ser reverentes en su conducta: No calumniadoras…” (Tito 2:1, 3a).


Y es que cuando vivimos la sana doctrina que se nos ha enseñado, como mujeres ancianas o jóvenes, daremos muestra de que la estamos viviendo, se verán esos frutos en nuestra vida.


La sana doctrina se evidencia en la forma en cómo vivimos,
cómo nos comportamos, cómo hablamos, cómo somos…


Sabiendo que la calumnia es de naturaleza diabólica, pidamos a Dios que nos ayude a enfrentar cada día con firmeza y convicción el no hablar mal de alguien, no dar falso testimonio de nadie y el no querer perjudicar a ninguna persona. Tomemos tiempo para reflexionar en cuanto a las veces que hemos calumniado a otros y pongámonos a cuentas con Dios, pidamos perdón por haber actuado así, y de igual forma perdonemos a todos aquellos que nos han calumniado.


No tenemos excusa para calumniar o hablar mal de nadie, cuidemos la espalda de otros como deseemos que la nuestra sea guardada;  que en la mujer cristiana sea falso el dicho de que nos despedazamos entre nosotras, y tratemos de hacer lo posible para vivir en paz con los demás (Romanos 12:18).







La calumnia… necesitamos erradicarla de nuestra vida, un pecado que tiene que ver con la mentira, el chisme, el falso testimonio… pecados de la lengua. En un próximo artículo hablemos más detalladamente de este pecado, de cómo hacerle frente y vivir libres de él. ¿Te parece? Te mando un abrazo mujer, muchas gracias por estar estudiando junto conmigo tan bello libro.


Sea Dios ayudándonos cada día a cumplir con lo aprendido en Su Palabra y que no seamos sólo oidoras de ella sino hacedoras.



 En Su Gracia

K A R L A

  



lunes, 29 de mayo de 2017

Viviendo con Diseño Divino








Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta:
no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno,
 que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus
hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a
 sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Tito 2:3-5 LBLA


Días atrás hablábamos acerca de envejecer con dignidad, de que para llegar a ser una anciana como la que Pablo describe en Tito 2, se necesita mucho tiempo invertido, años de preparación y de vivir una vida piadosa desde la juventud, para terminar los días cosechando lo que durante décadas se sembró.


Mencionamos también que desglosaríamos las características de esta mujer para reforzar nuestra vida, para convertir esas debilidades en fortalezas y terminar bien la carrera. Nuestro fin como hijas de Dios es cada día parecernos más a nuestro Señor Jesucristo, y las características de esta mujer denotan su fidelidad y amor a Él, en el vivir la sana doctrina.


Hoy nos vamos a centrar en la primera parte del versículo 3 de Tito 2. Leía la versión Palabra de Dios para Todos y dice así: “De igual manera, enseña a las ancianas a vivir de una manera que muestre reverencia y respeto a Dios.” 


Vivir de una manera que muestre reverencia y respeto a Dios.
La palabra Reverente como adjetivo, básicamente significa: “apropiado para un oficio santo”. Esto es retador para nosotras en un mundo en el que cada día se promueve abiertamente la inmoralidad y el vivir sin límites.


Si reverente significa apropiado para un oficio santo y nosotras no tenemos llamado para ser sacerdotisas ni pastoras, ¿Cómo entonces podemos cumplir con ese adjetivo? Todo cuanto hacemos debe reflejar que consideramos la vida como sagrada, que estamos dispuestas a reflejar la santidad en todos los aspectos.


Es interesante notar que Pablo menciona el Ser y el Hacer en las ancianas.

·         Deben ser…
·         Deben enseñar…


Antes de enseñar, deber ser. No podemos dar algo que no tenemos, igualmente no podemos enseñar algo que no somos o que no vivimos. Y quiero aclarar que no te escribo como anciana porque falta mucho para serlo (en edad y en sabiduría) sino que te escribo como una mujer que anhela ser una viejecita piadosa, quien anhela llegar a ser todo eso que el apóstol Pablo menciona.


Te escribo porque al igual que tú, quiero aprender a vivir la vida de acuerdo al diseño divino de Dios, de acuerdo a la sana doctrina que se nos ha enseñado. Sé que falta mucho para alcanzarlo, que tendremos errores y tropiezos pero que eso no nos detenga de día a día buscar vivir de acuerdo a la Palabra de Dios.


R E V E R E N T E S    E N   S U   P O R T E

Reverente (adj):   “hieroprepés” – Comportamiento como es digno de la santidad o apropiado para un oficio santo.


El Apóstol Pablo inspirado por el Espíritu Santo nos muestra el “Ser” de una mujer en cuanto a su carácter, una mujer piadosa digna de imitar, una mujer quien es ejemplo.


Si las mujeres de la siguiente generación nos vieran a ti y a mí como modelos a seguir, ¿estarían desde ahora viviendo vidas piadosas? ¿De qué manera estamos preparando o cumpliendo lo escrito por Pablo?


Y aquí es donde empieza lo duro, lo real, el encontrarnos con nuestra realidad si es que aún no lo hemos hecho. ¿Qué estamos haciendo para florecer y vivir en plenitud en esta etapa de nuestra vida? ¿Qué significa que seamos reverentes en nuestro porte?


Aquellos de quienes se dice que son reverentes en su porte, se refiere a su conducta, a que se conduce conforme a la santidad. Cuando Pablo les dice a las ancianas; “que su manera de vivir muestre reverencia y respeto a Dios” es porque su vida muestra que aman a Dios, que su vida gira en torno a Él, una vida Cristo-céntrica regenerada por el evangelio.


Y en cuanto a nosotras, ¿Cómo estamos viviendo ahora? ¿Nuestra conducta es reverente y respetuosa a Dios? tal vez podríamos pensar que eso sólo les corresponde a las mujeres que tienen algún cargo en la iglesia. Pero lo cierto es que todas tenemos un llamado a servir, y ese servicio debe mostrar esa santidad, esa reverencia.


Sea que tengamos algún ministerio o no, tenemos deberes a los que fuimos llamadas a servir como para el Señor y no para los hombres. (Colosenses 3:22-24). Mostremos reverencia en todo cuanto hagamos para el Señor, siendo buenas esposas, sumisas y sujetas a nuestro esposo; siendo una mamá que día a día instruye a sus hijos en la disciplina y amonestación del Señor; siendo hijas honrando a nuestros padres; en la universidad dando testimonio de una vida santa o en el empleo secular siendo luz donde probablemente todo sea tinieblas.


Sirvamos, florezcamos en el lugar donde hemos sido plantadas,

sirviendo de manera que muestre reverencia y respeto a Dios.



C O N D U C T A    R E V E R E N T E    Y   R E S P E T U O S A   A   D I O S

Platicando con unas amigas con quienes me reúno a estudiar la Biblia, comentábamos acerca de este tema, de la conducta del cristiano en el mundo, abrimos nuestro corazón unas con otras porque hemos entendido que la iglesia, las reuniones de mujeres, las reuniones de amigas nos ayudan a crecer y llevar a cabo lo aprendido en la Palabra.


Sobre todo, cuando estamos comenzando en el cristianismo, tratamos de aparentar dentro de la iglesia que hemos sido transformadas por completo, ahí nos comportamos de manera irreprensible, nuestro todo de voz es diferente, somos tolerantes, amables, amigables y sonrientes. Pero el día lunes, frente al jefe que nos hostiga, con el estrés al 98% sin ningún pastor o hermano cerca ¡Ah! Explotamos y mostramos nuestro verdadero yo. O peor aún, explotamos en casa frente a nuestro esposo e hijos.


¿A qué se debe? ¿No calificamos para esa conducta reverente? ¿No hemos sido regeneradas entonces? Lo cierto es que aún batallamos con nuestra naturaleza pecaminosa adámica, es algo que todos los días quiere revelarse y salir a flote. La buena noticia es que la Palabra de Dios es perfecta, transforma el alma (Salmo 19:7) si anhelamos vivir el evangelio, la sana doctrina, necesitamos conocer la Palabra, atesorarla, amarla, vivirla.





Se trata de todos los días decidir renunciar a ser lo que antes éramos, se trata de tener un espíritu humilde y enseñable que permite ser moldeado por Dios, transformado día a día a la imagen de su hijo Jesucristo, se trata de fortalecernos en Dios para resistir a la tentación y no volver atrás para vivir de manera diferente, de manera que muestre reverencia y respeto a Dios todo el tiempo, dentro y fuera de casa, de la congregación. Reflejando lo que el evangelio ha hecho en nosotras.


Toda esta charla me recordó a la mujer piadosa que Pablo menciona en 1 Timoteo 2:9-10 pues si el adjetivo reverencia tiene que ver con una conducta que muestre la santidad ¿cómo entonces debe ser nuestro comportamiento sea la edad que sea?


Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos; sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad.

1 Timoteo 2:9-10


Una mujer reverente en conducta no es sinónimo de vivir en aburrimiento, de pasar el día sin compañía de alguien, no, la mujer reverente vive el evangelio desde dentro, externando lo que hace, eso incluye su forma de expresarse, su forma de vestir, su lenguaje, lo que hace y cómo lo hace, da valor a lo que en verdad tiene valor delante de Dios.


Creo es un buen momento para detenernos y reflexionar:

¿Qué ejemplo estoy dando a quienes me ven?
¿Mi conducta en público y privado muestra mi respeto a Dios?


Vivimos en una época donde todo es permitido a la luz del día, y pareciera que exageramos algunas veces cuando les sugerimos a nuestros hijos e hijas que tengan cuidado con lo que ven y lo que comparten en sus redes sociales, lo que hablan en su círculo de amigos, la forma en la que se expresan cuando no los estamos observando, pero, ¿Nosotras qué estamos haciendo para darle ejemplo a ellos y a sus amigos y en sí a quienes nos observan?


Mujer, todo el tiempo estamos siendo observadas, todo el tiempo vivimos para Cristo, le servimos a Él. ¿Cómo vivimos realmente? Quisiera dar tantos ejemplos que he experimentado, otros que he visto o me han platicado gente cercana donde nuestra conducta no muestra nada de reverencia a Dios, incluso entre hermanas en Cristo.


·         Chistes subidos de tono.
·         Lenguaje obsceno y vulgar.
·         El compartir imágenes sensuales de hombres semidesnudos en las redes sociales.
·         “Selfies sexys”
·         Coquetería con el fin de atraer miradas de alguien que no es tu esposo.
·         Chismes.
·         Y otras conductas que posteriormente desarrollaremos.



Si realmente vivimos el evangelio entonces, este se verá reflejado en nuestra vida diaria, no sólo en las reuniones de la iglesia.

Vayamos todos los días a encontrarnos con nuestro Dios en oración, en el estudio de Su Palabra para llenarnos de ella, para enfrentar el día a día y vivir con intención, con el diseño divino de Dios para la mujer. Le necesitamos todos los días, separadas de Él nada podemos hacer.


Aprovechemos bien el tiempo, los años que el Señor nos ha permitido vivir preparándonos para la vejez para que al final de nuestra vida nuestra conducta sea agradable a los ojos de Dios y que a través de ella acerquemos a otros a Cristo porque nuestra vida refleja lo que es vivir de acuerdo a Su Palabra.


Sea Dios ayudándonos y guiándonos en nuestro caminar diario, oremos por recibir consejo de mujeres ancianas quienes tengan testimonio de piedad y estén viviendo la Palabra de Dios. oremos también para poder vivir desde ahora vidas reverentes a Dios que amen y anhelen la presencia de Dios.


No es fácil mujer, pero vivamos un día a la vez. ¡Nos leemos pronto!



En Su Gracia


K A R L A 


miércoles, 24 de mayo de 2017

Envejeciendo con Dignidad {Tito 2}







Hasta ahora hemos estudiado como vivir el evangelio y la sana doctrina en la construcción de nuestro carácter, de acuerdo a lo que nos enseña el Libro de Tito en el capítulo uno. Recién comenzaremos a estudiar el capítulo 2, donde se nos muestra el papel que cada persona tiene en el cuerpo de Cristo, en la familia y en la sociedad. 


Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, deja una serie de instrucciones para los miembros de las iglesias, de las cuales tú yo tenemos mucho por aprender y vivir; y comienza con los ancianos, el le escribe a Tito lo siguiente: 


Enseña a los ancianos a tener dominio propio, respeto y buen juicio.
Enséñalos a fortalecerse en la fe y a tener amor y paciencia.

Tito 2:2


Hace unos días, conversando con mi esposo platicábamos de lo maravilloso que es envejecer con dignidad, siendo ejemplo para las siguientes generaciones. Recordábamos las virtudes que tenían su abuelo y mi papá, y que hoy recordamos con alegría y gratitud.


Sin duda, debemos amar y honrar a los ancianos (Levítico 19:32) nos lo dice, reconocer su camino por esta tierra, las cosas que Dios les ha permitido vivir y de las que podemos aprender, la sabiduría adquirida y las interminables historias que tienen por platicar. Algún día con el favor de Dios, tú y yo seremos ancianas también.


El versículo 2 nos habla de ancianos, de varones entrados en años, es un término diferente al que traduce “anciano” con referencia al oficio ministerial. Habla de envejecer con dignidad, de ser reverentes, honorables, solemnes, prudentes, sensatos y saludables en su vida espiritual.


¡Qué grandioso es poder llegar a la edad de la vejez con tantas cosas que enseñar a otros! Dios bendiga a cada anciano, gracias a Dios que nos permite conocer y recibir instrucción por parte de esos hombres piadosos, prudentes, sobrios, hombres de virtud de quienes tenemos mucho que aprender. Enseñemos a nuestros hijos a honrar a los ancianos, demos ejemplo de ello.



E N V E J E C I E N D O    C O N    D I G N I D A D


¿Y qué de la mujer? Recuerdo cuando cumplí 15 años de edad, mi hermana Alejandra que es mayor que yo 7 años, me dijo: “A partir de ahora la vida se te pasará volando”, créeme que no entendía a qué se refería, pensé que los años duraban lo mismo (365 días) si tenía 7 años, 15 o 40 años de edad. Pero ella tenía razón, no porque los años “vuelen” literalmente, sino porque de pronto un día abres los ojos siendo la misma muchachita que hace poco cumplía 15, pero ahora con 25 años más, una familia formada, temores diferentes, kilos de más, y problemas tan distintos a los de la juventud. ¡En qué momento comenzamos a envejecer! Cada día, un poco más. 


Un día te miras al espejo y te das cuenta que el reflejo no es el mismo de años atrás, y no sólo por las arrugas y líneas de expresión, sino que la enseñanza, la experiencia, la madurez, el temor a Dios, la piedad, el perdón, el amor te ha cambiado desde dentro y lo ves reflejado en el exterior. Es increíble lo que los años y el temor a Dios y hasta las actitudes se pueden reflejar en el cuerpo.

¿Conoces alguna mujer mayor que te sea de inspiración para cuando envejezcas? Alguna mujer que digas: “¡Ah! Así me gustaría ser, así me gustaría verme, comportarme, tener la sabiduría de ella cuando envejezca” tal vez sea tu madre o alguien más. Pero, ¿Cómo es la anciana que describe Pablo que engalana las páginas de la Biblia? 


Conozcamos a esa mujer que sigue motivándonos a envejecer con dignidad.


Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta:
no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno,  
que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, 
a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos,
para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Tito 2:3-5



Estas son algunas características que el apóstol Pablo menciona de las mujeres piadosas de aquel tiempo, características que denotan una vida llena de la presencia de DiosTal vez hoy tengas 20 años y ves a futuro lejano la vejez, tal vez tengas 40, 50, 60 años y te des cuenta (como yo) que han pasado 10 o 20 años y aún no eres la persona que quisieras ser, pero tranquila aún no llegamoss a la final. No te apresures, eventualmente lo haremos, un día a la vez; con caídas, con luchas, con fracasos, con desánimo, con falta de voluntad tal vez, pero en pie, con nuestros ojos puestos en aquél que comenzó la obra en nosotras y quien la terminará.


Gracias a Dios porque estamos aprendiendo, creciendo, madurando en Él, Él tiene cuidado de nosotras mujer, somos sus hijas, nos ama... nos ayuda en cada necesidad, día a día hasta el momento en el que nos llame a Su Presencia y estemos con Él.



P R E P A R Á N D O N O S   P A R A   L A   V E J E Z


Hagamos un alto el día de hoy y analicemos nuestra vida sea cual sea la edad que tengamos, y contestemos las siguientes preguntas:


·         ¿Cómo ha cambiado mi carácter?
·         ¿Qué tipo de mujer quiero ser en un futuro?
·         ¿Cómo es que quiero envejecer?
·         ¿Qué estoy haciendo para florecer y vivir en plenitud en cada etapa de mi vida?
·         ¿Estoy aprovechando bien el tiempo?
·         ¿Busco intencionalmente a Cristo?


El cambio en nosotras radica en qué tan intencionales somos en buscar a Cristo y cuánto anhelamos vivir para la Gloria de Dios. Algún día nos sentaremos con una taza de café y veremos en retrospectiva y nos daremos cuenta, de cuánto ha valido la pena vivir toda una vida glorificando a Dios.


El conocer a Cristo, vivir de acuerdo a Él y a su sana doctrina, nos debe proyectar a futuro, a ser mejores en Él, mejores hija, hermanas, esposas, mejores madre, mejores vecinas, mejores cristianas, mejores perdonadoras, mejor siervas.


Un día a la vez, y aprovechar el tiempo en aquello que vale la pena, compartir el evangelio, orar, pasar tiempo con la familia, sirviendo a alguien más, haciendo aquello que tú sabes es honroso para la vida con Cristo; perdonando, quitando amargura, siendo testigos del amor de Dios en nosotras.


Hoy tal vez aun no somos ancianas, pero, ¿Cómo nos estamos preparando para la vejez? ¿Cómo queremos terminar nuestros días? ¿Cómo queremos ser recordadas por aquellos que amamos y con quienes nos hemos cruzado en esta vida?


Estas preguntas deben alentarnos a vivir cada día de manera intencional, a buscar vivir con el diseño divino, a fortalecernos en Dios y en el poder de Su Fuerza y dar gracias por cómo nuestro carácter está siendo transformado por Dios.


A medida que estudiamos las características que Pablo menciona de las ancianas piadosas, nos daremos cuenta de qué es lo que necesitamos reforzar en nuestra vida, qué es lo que Dios está permitiendo en nosotras para poder caminar hacia una vejez piadosa y virtuosa.

¿Recuerdas estas características de la mujer que describe Pablo en la carta a Tito?

·         Reverentes en su porte.
·         Maestras del bien.
·         No calumniadoras.
·         No esclavas del vino.
·         Discipuladoras de las mujeres más jóvenes para amar a sus maridos.
·         En amar a sus hijos.
·         Prudentes.
·         Castas.
·         Cuidadosas de su casa.
·         Buenas y sujetas a su marido.


Puntos que parecen inalcanzables quizá, tratemos de desglosar cada uno de ellos para fortalecer las áreas débiles en nosotras y caminar en victoria día a día.


Reflexionemos a través de estos versículos que desarrollaremos más adelante y meditemos cómo es que estamos viviendo nuestra vida el día de hoy, qué es lo que estamos sembrando para la vejez, cómo nos estamos preparando para aquellos años y según Tito 2:2-5 contestemos:


·         ¿Qué tenemos que enseñar? ¿Cómo lo haremos?
·         ¿Cómo debería ser el carácter de una anciana?
·         ¿Cuáles son algunas de sus responsabilidades?
·         ¿Qué deben enseñar a las más jóvenes?
·         ¿De qué manera honro a los ancianos?



Palabra fiel es ésta, y en cuanto a estas cosas quiero que hables con firmeza,
para que los que han creído en Dios procuren ocuparse en buenas obras.
Estas cosas son buenas y útiles para los hombres.

Tito 3:8



Mi oración es que a través de este bello libro y este estudio, seamos animadas, fortalecidas y llenas de fe para llegar a ser aquello que Dios ha contemplado para cada una de nosotras. ¡Nos leemos pronto!


En Su Gracia

K A R L A




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