lunes, 29 de mayo de 2017

Viviendo con Diseño Divino








Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta:
no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno,
 que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus
hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a
 sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Tito 2:3-5 LBLA


Días atrás hablábamos acerca de envejecer con dignidad, de que para llegar a ser una anciana como la que Pablo describe en Tito 2, se necesita mucho tiempo invertido, años de preparación y de vivir una vida piadosa desde la juventud, para terminar los días cosechando lo que durante décadas se sembró.


Mencionamos también que desglosaríamos las características de esta mujer para reforzar nuestra vida, para convertir esas debilidades en fortalezas y terminar bien la carrera. Nuestro fin como hijas de Dios es cada día parecernos más a nuestro Señor Jesucristo, y las características de esta mujer denotan su fidelidad y amor a Él, en el vivir la sana doctrina.


Hoy nos vamos a centrar en la primera parte del versículo 3 de Tito 2. Leía la versión Palabra de Dios para Todos y dice así: “De igual manera, enseña a las ancianas a vivir de una manera que muestre reverencia y respeto a Dios.” 


Vivir de una manera que muestre reverencia y respeto a Dios.
La palabra Reverente como adjetivo, básicamente significa: “apropiado para un oficio santo”. Esto es retador para nosotras en un mundo en el que cada día se promueve abiertamente la inmoralidad y el vivir sin límites.


Si reverente significa apropiado para un oficio santo y nosotras no tenemos llamado para ser sacerdotisas ni pastoras, ¿Cómo entonces podemos cumplir con ese adjetivo? Todo cuanto hacemos debe reflejar que consideramos la vida como sagrada, que estamos dispuestas a reflejar la santidad en todos los aspectos.


Es interesante notar que Pablo menciona el Ser y el Hacer en las ancianas.

·         Deben ser…
·         Deben enseñar…


Antes de enseñar, deber ser. No podemos dar algo que no tenemos, igualmente no podemos enseñar algo que no somos o que no vivimos. Y quiero aclarar que no te escribo como anciana porque falta mucho para serlo (en edad y en sabiduría) sino que te escribo como una mujer que anhela ser una viejecita piadosa, quien anhela llegar a ser todo eso que el apóstol Pablo menciona.


Te escribo porque al igual que tú, quiero aprender a vivir la vida de acuerdo al diseño divino de Dios, de acuerdo a la sana doctrina que se nos ha enseñado. Sé que falta mucho para alcanzarlo, que tendremos errores y tropiezos pero que eso no nos detenga de día a día buscar vivir de acuerdo a la Palabra de Dios.


R E V E R E N T E S    E N   S U   P O R T E

Reverente (adj):   “hieroprepés” – Comportamiento como es digno de la santidad o apropiado para un oficio santo.


El Apóstol Pablo inspirado por el Espíritu Santo nos muestra el “Ser” de una mujer en cuanto a su carácter, una mujer piadosa digna de imitar, una mujer quien es ejemplo.


Si las mujeres de la siguiente generación nos vieran a ti y a mí como modelos a seguir, ¿estarían desde ahora viviendo vidas piadosas? ¿De qué manera estamos preparando o cumpliendo lo escrito por Pablo?


Y aquí es donde empieza lo duro, lo real, el encontrarnos con nuestra realidad si es que aún no lo hemos hecho. ¿Qué estamos haciendo para florecer y vivir en plenitud en esta etapa de nuestra vida? ¿Qué significa que seamos reverentes en nuestro porte?


Aquellos de quienes se dice que son reverentes en su porte, se refiere a su conducta, a que se conduce conforme a la santidad. Cuando Pablo les dice a las ancianas; “que su manera de vivir muestre reverencia y respeto a Dios” es porque su vida muestra que aman a Dios, que su vida gira en torno a Él, una vida Cristo-céntrica regenerada por el evangelio.


Y en cuanto a nosotras, ¿Cómo estamos viviendo ahora? ¿Nuestra conducta es reverente y respetuosa a Dios? tal vez podríamos pensar que eso sólo les corresponde a las mujeres que tienen algún cargo en la iglesia. Pero lo cierto es que todas tenemos un llamado a servir, y ese servicio debe mostrar esa santidad, esa reverencia.


Sea que tengamos algún ministerio o no, tenemos deberes a los que fuimos llamadas a servir como para el Señor y no para los hombres. (Colosenses 3:22-24). Mostremos reverencia en todo cuanto hagamos para el Señor, siendo buenas esposas, sumisas y sujetas a nuestro esposo; siendo una mamá que día a día instruye a sus hijos en la disciplina y amonestación del Señor; siendo hijas honrando a nuestros padres; en la universidad dando testimonio de una vida santa o en el empleo secular siendo luz donde probablemente todo sea tinieblas.


Sirvamos, florezcamos en el lugar donde hemos sido plantadas,

sirviendo de manera que muestre reverencia y respeto a Dios.



C O N D U C T A    R E V E R E N T E    Y   R E S P E T U O S A   A   D I O S

Platicando con unas amigas con quienes me reúno a estudiar la Biblia, comentábamos acerca de este tema, de la conducta del cristiano en el mundo, abrimos nuestro corazón unas con otras porque hemos entendido que la iglesia, las reuniones de mujeres, las reuniones de amigas nos ayudan a crecer y llevar a cabo lo aprendido en la Palabra.


Sobre todo, cuando estamos comenzando en el cristianismo, tratamos de aparentar dentro de la iglesia que hemos sido transformadas por completo, ahí nos comportamos de manera irreprensible, nuestro todo de voz es diferente, somos tolerantes, amables, amigables y sonrientes. Pero el día lunes, frente al jefe que nos hostiga, con el estrés al 98% sin ningún pastor o hermano cerca ¡Ah! Explotamos y mostramos nuestro verdadero yo. O peor aún, explotamos en casa frente a nuestro esposo e hijos.


¿A qué se debe? ¿No calificamos para esa conducta reverente? ¿No hemos sido regeneradas entonces? Lo cierto es que aún batallamos con nuestra naturaleza pecaminosa adámica, es algo que todos los días quiere revelarse y salir a flote. La buena noticia es que la Palabra de Dios es perfecta, transforma el alma (Salmo 19:7) si anhelamos vivir el evangelio, la sana doctrina, necesitamos conocer la Palabra, atesorarla, amarla, vivirla.





Se trata de todos los días decidir renunciar a ser lo que antes éramos, se trata de tener un espíritu humilde y enseñable que permite ser moldeado por Dios, transformado día a día a la imagen de su hijo Jesucristo, se trata de fortalecernos en Dios para resistir a la tentación y no volver atrás para vivir de manera diferente, de manera que muestre reverencia y respeto a Dios todo el tiempo, dentro y fuera de casa, de la congregación. Reflejando lo que el evangelio ha hecho en nosotras.


Toda esta charla me recordó a la mujer piadosa que Pablo menciona en 1 Timoteo 2:9-10 pues si el adjetivo reverencia tiene que ver con una conducta que muestre la santidad ¿cómo entonces debe ser nuestro comportamiento sea la edad que sea?


Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos; sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad.

1 Timoteo 2:9-10


Una mujer reverente en conducta no es sinónimo de vivir en aburrimiento, de pasar el día sin compañía de alguien, no, la mujer reverente vive el evangelio desde dentro, externando lo que hace, eso incluye su forma de expresarse, su forma de vestir, su lenguaje, lo que hace y cómo lo hace, da valor a lo que en verdad tiene valor delante de Dios.


Creo es un buen momento para detenernos y reflexionar:

¿Qué ejemplo estoy dando a quienes me ven?
¿Mi conducta en público y privado muestra mi respeto a Dios?


Vivimos en una época donde todo es permitido a la luz del día, y pareciera que exageramos algunas veces cuando les sugerimos a nuestros hijos e hijas que tengan cuidado con lo que ven y lo que comparten en sus redes sociales, lo que hablan en su círculo de amigos, la forma en la que se expresan cuando no los estamos observando, pero, ¿Nosotras qué estamos haciendo para darle ejemplo a ellos y a sus amigos y en sí a quienes nos observan?


Mujer, todo el tiempo estamos siendo observadas, todo el tiempo vivimos para Cristo, le servimos a Él. ¿Cómo vivimos realmente? Quisiera dar tantos ejemplos que he experimentado, otros que he visto o me han platicado gente cercana donde nuestra conducta no muestra nada de reverencia a Dios, incluso entre hermanas en Cristo.


·         Chistes subidos de tono.
·         Lenguaje obsceno y vulgar.
·         El compartir imágenes sensuales de hombres semidesnudos en las redes sociales.
·         “Selfies sexys”
·         Coquetería con el fin de atraer miradas de alguien que no es tu esposo.
·         Chismes.
·         Y otras conductas que posteriormente desarrollaremos.



Si realmente vivimos el evangelio entonces, este se verá reflejado en nuestra vida diaria, no sólo en las reuniones de la iglesia.

Vayamos todos los días a encontrarnos con nuestro Dios en oración, en el estudio de Su Palabra para llenarnos de ella, para enfrentar el día a día y vivir con intención, con el diseño divino de Dios para la mujer. Le necesitamos todos los días, separadas de Él nada podemos hacer.


Aprovechemos bien el tiempo, los años que el Señor nos ha permitido vivir preparándonos para la vejez para que al final de nuestra vida nuestra conducta sea agradable a los ojos de Dios y que a través de ella acerquemos a otros a Cristo porque nuestra vida refleja lo que es vivir de acuerdo a Su Palabra.


Sea Dios ayudándonos y guiándonos en nuestro caminar diario, oremos por recibir consejo de mujeres ancianas quienes tengan testimonio de piedad y estén viviendo la Palabra de Dios. oremos también para poder vivir desde ahora vidas reverentes a Dios que amen y anhelen la presencia de Dios.


No es fácil mujer, pero vivamos un día a la vez. ¡Nos leemos pronto!



En Su Gracia


K A R L A 


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