miércoles, 28 de junio de 2017

Ser prudentes






“que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos,
 a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables,
sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.”

Tito 2:4-5



A través de este estudio Dios ha estado hablando a mi vida de manera increíble, me ha mostrado mis debilidades y fortalezas, dónde debo poner especial atención y a priorizar en el rol que me ha dado. Apenas unos versículos de este libro, de este capítulo 2 y hay tanta sabiduría, tantas joyas a la vista de todas nosotras. Dios es bueno, sin duda.


Prudentes: es la palabra griega “sophron” que significa “dominio propio, de buen entendimiento” y me gustó un comentario Bíblico que describe esta palabra como: “un hombre que no se manda a sí mismo, sino que es mandado por Dios”


La verdad es que todos lo necesitamos, no es exclusivo de la mujer, pero el Espíritu Santo a través de Pablo nos manda a nosotras las mujeres a ser Prudentes, a ser unas mujeres dirigidas o guiadas por Dios, no por nosotras mismas. Unas mujeres que viven la vida diaria reflejando el Evangelio de la Gracia de Dios.



¿CÓMO PODEMOS SER PRUDENTES?

Durante años no sabía que esta Palabra se refiere a tener una mente sana, una mente renovada y conociendo la perspectiva divina; pensaba que sólo se refería a saber cuándo callar y cuando hablar. Y va mucho más allá que solo saber controlar nuestra lengua.


Se nos exhorta a ser prudentes, a que las mujeres mayores enseñen a las más jóvenes a serlo. ¿Para qué necesitamos ser prudentes? Necesitamos ser prudentes, con dominio propio, controlar lo que pensamos con una mente sana, renovada, llena de la Palabra del Señor para poder vivir la vida de acuerdo a Su diseño divino.


Si tenemos dominio propio, si somos de buen entendimiento gracias a la Palabra de Dios, entonces permitiremos al Espíritu Santo nos guíe en cada aspecto de nuestra vida. Estarás de acuerdo que si no hemos sido renovadas en nuestra mente nuestra vida será un caos en todo, en nuestro rol de esposa, madre, ama de casa, ciudadana.


Es decir, podemos ser prudentes con ayuda del Espíritu Santo y la revelación de Dios en Su Palabra, no es en nuestras fuerzas porque fallaremos más de lo que podamos imaginar. Si tratamos de dominar nuestros pensamientos, las acciones, lo que decimos y en general todo, llegará un momento que nos daremos cuenta de que, muy probablemente logramos controlarlo cuando hay alguien más, pero a solas, cuando nadie nos ve quizá salga a flote todo aquello que en nuestras fuerzas hemos tratado de controlar.


Necesitamos al Espíritu Santo para lograr ser prudentes y necesitamos la Palabra de Dios llenando nuestra mente y corazón para vivir la vida de manera equilibrada, controlada, guiada por Dios.


Si nos llenamos de la Palabra de Dios sabremos cómo vivir día a día, qué hacer de acuerdo a la perspectiva Bíblica en determinada situación, y es que la Palabra de Dios en nuestra vida:


·         Nos da seguridad al conocer la soberanía de Dios.
·         Nos da esperanza en que cumple sus promesas.
·         Nos da paz, Él es nuestra paz.
·         Transforma nuestra alma.
·         Nos renueva.
·         Nos vivifica.
·         Nos muestra la Gracia de Dios de principio a fin.
·         Nos libera.
·         Nos muestra su corazón.
·         En ella conocemos el plan para nosotras.
·         Nos da a conocer el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.
·         Las buenas nuevas de salvación.


Por mencionar algunas, porque Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra. (2 Tim 3:16-17) toda ella es perfecta.


Es la Palabra de Dios y el dulce Espíritu quien nos renueva y fortalece para cada día poder ser prudentes, resistir la tentación de (como mencioné antes) hablar cuando debamos hablar, callar cuando debamos callar, de controlar nuestra forma de pensar mal de alguien, de buscar aceptación de alguien más, ser prudentes para amar a nuestro esposo cuando nos sentimos heridas, para amar a nuestros hijos cuando ellos no han cumplido nuestras expectativas, necesitamos ese dominio propio o prudencia para saber que no estamos mostrando sólo nuestra forma de vivir a otros, sino a Cristo mismo.


¿Cómo es que estamos viviendo? ¿Nuestras actitudes demuestran que hemos sido renovadas en nuestra mente para poder ahora actuar de manera tal que el Evangelio es afirmado con nuestra vida? ¿Nos auto-controlamos por Gracia de Dios y con la ayuda del Espíritu Santo o seguimos viviendo como antes de conocerlos?


Si llenamos nuestra vida, nuestra mente y corazón con la Palabra de Dios y permitimos al Espíritu Santo que nos dirija y muestre aquello que está mal en nosotras para corregirlo con su ayuda, no tendremos tiempo de estar pensando en los errores de alguien más, ni para gastar el tiempo en banalidades, nos enfocaremos en ser renovadas para parecernos cada vez más a nuestro Señor Jesucristo y ser luz donde no la hay. 


Y entonces, viviendo el Evangelio será mucho más sencillo compartir con otras mujeres lo bello que ha sido Dios con nosotras al permitirnos ser renovadas en cada área, a dejar de ser aquello que antes fuimos por Su Gracia, por su amor y porque nos ha ido moldeando su Dulce Espíritu.






 Dios nos ayude mujer.


En Su Gracia



K A R L A 

lunes, 26 de junio de 2017

Amar a nuestros hijos







¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho,
sin compadecerse del hijo de sus entrañas?
Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaré.
 He aquí, en las palmas de mis manos, te he grabado;
tus muros están constantemente delante de mí.

Isaías 49:15-16


Hemos estado estudiando el libro de Tito, tenemos un par de semanas en el capítulo 2 donde habla de la mujer y de cómo servir a Dios a través de nuestro primer ministerio: el hogar. El versículo 4 nos dice: “Que enseñen (las ancianas) a las mujeres más jóvenes a amar a su marido y a sus hijos” (énfasis añadido).


El amor de Dios, su Gracia y el amor sacrificial de Cristo, nos ayudan a amar. Si nosotras estamos lejos de su presencia, ausentes de su amor, nos será complicado el amar a nuestros hijos en cada una de sus etapas, de hecho, lejos del amor de Cristo nos es difícil amar a cualquier persona. (Juan 13:35)


El amor que experimenta una mujer cuando está embarazada es hermoso, antes de conocerlo o de saber qué sexo es ya los amamos. Horas de trabajo de parto, miedos que pasan por nuestra mente al entrar a quirófano porque necesitas cesárea, nerviosismo y una gran expectativa de lo que sucederá; termina con un llanto agudo de un bebé que anuncia su llegada en alta voz. ¡Valió la pena la espera! ¡Valió la pena todo lo ocurrido en el transcurso y hasta el final! Cuando por fin ves el rostro pequeñito del bebé entre tus brazos, aferrándose a ti como lo único conocido en un mundo nuevo y extraño… Sabes que existe el amor a primera vista.


Y después está la vida real para ti y tu esposo. Noches interminables, biberones, lactancia, miedo a alguna enfermedad, preocupación por si no está respirando por las noches, desvelos durante meses, rutinas nuevas, el mundo, “tu mundo” de pronto comienza a girar en torno al bebé, y cabe señalar que podemos perder de vista lo importante: Nuestra relación con Dios y la comunicación con nuestro esposo. (Pero ese es un tema independiente que otra ocasión tocaremos).


Nuestra vida cambia por completo cuando somos mamás, al final del día te das cuenta de que ha valido la pena tanto esfuerzo y el morir a nosotras mismas por amor a ese pequeñito que depende de nosotras, y que Dios nos confió, ese mismo bebé que algún día será un adulto temeroso de Dios y que viva para Su Gloria.





Herencia, es la palabra hebrea: “Mashalá” que significa: “Pertenece” si lo leemos con esa traducción, el versículo nos dice que nuestros hijos le pertenecen al Señor.


El día que estemos ante su trono ¿Qué cuentas le daremos de sus hijos, nuestros hijos? ¿Los amamos lo suficiente? ¿Cuidamos de ellos reconociendo de quién son hijos? ¿Les hablamos de su Padre eterno? ¿Qué le diremos al Señor?



Nuestro amor por ellos no debe estar basado en nuestros sentimientos porque fallaremos, sino en el amor que se nos enseña en la Biblia y que el Padre nos da.


·         Un amor sacrificial
·         Que corrige cuando falla.
·         Disciplina cuando es necesario.
·         Guía en el camino correcto.
·         Sustenta en todo.
·         Ayuda en nuestras necesidades.
·         Cuida de que no resbalemos.
·         Protege de todo mal.



Y aunque nuestro amor no es perfecto como el de Dios y fallaremos en demostrarlo, debemos amar buscando el bienestar del otro.



¿CÓMO PODEMOS MOSTRAR AMOR A NUESTROS HIJOS?

Hay diversas maneras en las que mostramos el amor a nuestros hijos, hice una lista en la que como madre creo les decimos “te amo” sin mencionar la frase.


·         Tiempo. Y no sólo “tiempo de calidad” que es poco tiempo, sino mucho tiempo con ellos. Para jugar, platicar, tomar una soda, salir a caminar, ver una película en familia, conocernos más y saber sus miedos, sus anhelos, lo que les gusta, lo que les lastima, su percepción de nosotros como padres, etc.

·         Escuchándolos. Sé que tal vez sus historias no son las más interesantes en un momento en el que estás muy ocupada o guisando o haciendo “algo”. Pero es parte del “morir a nosotras mismas” y darles a ellos la importancia que tienen.

·         Alimentándolos. Sobre todo, una dieta saludable, mostramos amor al preocuparnos por su alimentación, porque siempre tengan su lunch para la escuela y tal vez algún día a la semana dedicarlo para hacerles su platillo favorito.

·         Demostraciones de amor físicas. Incluimos aquí las demostraciones verbales y las no verbales también. Que ellos no tengan la menor duda que los amamos. ¿Les has dicho a tus hijos hoy que los amas? ¿Cuántos abrazos les has dado hoy? ¿Recuerdas cuando eran bebés? Te aseguro que no podías parar de besar sus mejillas rosaditas y de abrazarlo todo el tiempo. ¿Por qué tendría que ser diferente con el paso del tiempo?

·         Médicos. Este punto es para mí importante, creo que mostramos amor a nuestros hijos cuando les damos la atención necesaria en cuanto a su salud. No esperemos hasta que los veamos convulsionándose de fiebre para llevarlos al médico, seamos diligentes y pidamos a Dios sabiduría para acudir al médico y su diagnóstico sea acertado.

·         Evangelizándolos y orando por ellos. Para nosotros los cristianos es el punto más importante. Su vida espiritual. Les mostramos amor al hablarles de Dios y su Gracia, de Jesucristo y su sacrificio, del Espíritu Santo y el cómo nos ayuda en el paso por esta tierra. Les mostramos amor al hacerles saber que hay consecuencias del pecado, los amamos cuando les hacemos saber de la Gracia que recibimos sin ser merecedores de ella. Los amamos cuando les enseñamos a orar y a amar la Palabra, cuando les guiamos en el amor y en el temor a Dios, cuando los instruimos en la disciplina y en la amonestación del Señor. Los amamos cuando con nuestra vida afirmamos el evangelio de la Gracia de Nuestro Señor Jesucristo y cuando la sana doctrina es real en nuestra vida. Los amamos cada día al no cesar de orar por ellos en cada etapa de su vida, creo que nadie en la tierra orará más por nuestros hijos que nosotros, sus padres.



Y puede haber más formas de demostrar amor a nuestros hijos, a cada uno en particular y de acuerdo a sus características y temperamentos. El amor lo demostramos con acciones en todo tiempo, aun cuando las cosas no van bien y cuando las etapas de nuestros hijos nos tomen por sorpresa, aunque bueno, cada una de esas etapas ¡Ya las vivimos” sólo que no recordamos a menudo lo que experimentábamos, las necesidades que teníamos, los miedos, retos y ¡todo! Si nos tomamos el tiempo para hacer memoria de nosotras mismas en cada etapa que vivimos, tal vez entenderíamos más a nuestros hijos.


Aprendamos a amarlos cuando todo sea color de rosa, miel sobre hojuelas y cuando estemos en un desierto, con cardos y espinos, con problemas de conducta, con rebeldía, con desamor y hasta cuando se alejan de Dios.


No fuimos llamadas a amar a nuestros hijos sólo cuando son “buenos hijos” sino siempre. Llenémonos del amor de Dios, cada día entreguemos a Él nuestras cargas, nuestras frustraciones como mamás y nuestras debilidades, porque al estar en Su presencia saldremos con nuevas fuerzas recordando que nuestros hijos le pertenecen, y que necesitamos llenarnos de Su amor para dar amor.



En Su Gracia


K A R L A 






miércoles, 21 de junio de 2017

Aprender a amar






Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte;
no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien;
que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos,
a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas,
sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Tito 2:3-5



Todos los días se construye un matrimonio…

Todos los días se vale enamorarse más de tu esposo…

Visualiza tu caminar diario al lado de él, durante toda una vida…


¿Quién nos enseñará a llevar un matrimonio perfecto? Nadie… es una caminata diaria, junto a él… de su mano y en manos de Dios. Pero si podemos aprender de las mujeres mayores, de las que tienen más tiempo con un matrimonio centrado en el evangelio, no que sea perfecto, pero si Bíblico.


Hay un dicho: “nadie experimenta en cabeza ajena”, pero si necesitamos aprender para evitar errores o por lo menos saber cómo manejarlos y corregirlos.


Nosotras decidimos amar o no.



Hablando en nuestro matrimonio aplica también, tú y yo tenemos la capacidad y la decisión de amar a nuestro esposo o no, de edificar nuestro hogar o derribarlo, podemos decidir si amaremos las imperfecciones y debilidades de nuestro esposo o si estaremos amargadas con ellos toda la vida. Decidamos ser ese complemento al que hemos sido llamadas, ser esa ayuda idónea en todo momento y abrazar y amar el diseño con el cual Dios nos creó.



EL AMOR ES UNA DECISIÓN 

Y UN MORIR A NOSOTRAS MISMAS.



Sé que con el paso del tiempo y al comenzar a vivir “la vida real” después de la luna de miel, todo comienza a cambiar; de alguna u otra manera las demostraciones de afecto son un poco menores que cuando el noviazgo y bueno, la rutina puede apagar la relación… saquemos provecho de ella.


 Tengo casi 39 años de edad, casi 13 años de casada y 21 años enamorada de mi amado esposo… y me doy cuenta que me faltan años a su lado, no podría estar más feliz por ello sinceramente, pero hay días en los que, ¡aaah!  La rutina pareciera interminable, cansada y nada linda. Y en medio del caos, con gritos de los niños, una torre de ropa por lavar, platos sucios en la cocina, sin vacaciones “reales” y un cansancio extremo por las noches, en mi desesperación y tal vez hasta ingratitud me pregunto: ¿Así será el resto de nuestro matrimonio? La respuesta es no. A menos que yo decida que así sea.


Echando un vistazo rápido a mi vida marital y a la de algunos amigos, me doy cuenta que la rutina ¡pesa mucho! Usémosla para ser de bendición en nuestro matrimonio y con nuestro esposo, para ser luz hacia los de fuera y edificar la iglesia de nuestro Señor Jesucristo. Usemos la rutina para alimentar el amor.


Así que, comencemos desde hoy y demostremos amor a nuestro esposo.



HABLEMOS…

Hablemos de todo y nada, cosas insignificantes, cosas importantes, pero siempre en comunicación.

Enviemos mensajes de texto.

Escribamos cartas, notas, un te amo en el espejo al despertar.

Dibujemos para ellos.

Hablemos con ellos antes de ir con alguien más.

Confiemos en que guardarán nuestros secretos.



TIEMPO ETERNO…

Cada momento a su lado, hagamos que parezca eterno disfrutándonos mutuamente.

Acariciemos su cabello mientras ve la televisión, pidamos que lo haga a nosotras.

Pidamos que cepille nuestro cabello después de la ducha.

Aprendamos a dar masajes para relajarlos.

Aprendamos a amar lo que ellos aman, los pasatiempos que ellos tienen y disfrutemos ese tiempo a su lado.
Muchos abrazos.

Besos sin fin.

Mirémosle y digamos te amo sin hablar.

Enamorémonos de ellos cada día más.



PEQUEÑOS DETALLES…

Demostremos nuestro amor cada día con pequeños detalles.

Desde el que ellos tengan limpia su ropa, planchada y lista para cuando necesite salir a trabajar.

Que siempre haya alimento en casa para él.

Nuestro cuidado personal.

Siendo una buena madre. (Pronto hablaremos de este tema a detalle)

¿Qué otro detalle agregarías tú?



COMPAÑÍA PERFECTA…

Vamos juntos a caminar.

Hagamos juntos la despensa.

Acompañemos uno al otro en los hobbies.

Salgamos a jugar con los hijos.

Démonos tiempo para acompañarnos cada día.

Oremos juntos.



CUIDADO MUTUO…

Somos uno. Cuidaré de ti como lo prometí.

Si lloras ahí estaré.

Si te sientes triste, te cantaré.

Si te agobias, te abrazaré.

Si ríes, reiré.

Tu felicidad, me hace feliz.

Cuidaré de ti, te defenderé, apoyaré y viviré mi vida agradecida por tenerte a mi lado.

No importa si hay enojos, aún si son trivialidades… mi amor por ti no cambia.

No importa si doy más de lo que recibo, lo hago por amor a ti y a mi Dios que nos unió.

No importa el pasado, ¿acaso lo recuerdas? Yo no.

Estoy unida a ti y es más de lo que puedo pedir.

Envejecer a tu lado, es mi oración.

Nuestro amor no es perfecto, es Real, busquemos estar siempre dentro de la perfecta voluntad de Dios y glorifiquemos Su Nombre con nuestra unión.


  
Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor,
vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia,
y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor,
nada soy.  Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres,
y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

1 corintios 13:1-3


En Su Gracia


K A R L A 

¡únete a la comunidad instagram!

Licencia Creative Commons
Este blog y todo su contenido gráfico y escrito está protegido por derechos de autor bajo Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

¡Suscríbete a mi canal!

Blogging tips