miércoles, 21 de junio de 2017

Aprender a amar






Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte;
no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien;
que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos,
a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas,
sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Tito 2:3-5



Todos los días se construye un matrimonio…

Todos los días se vale enamorarse más de tu esposo…

Visualiza tu caminar diario al lado de él, durante toda una vida…


¿Quién nos enseñará a llevar un matrimonio perfecto? Nadie… es una caminata diaria, junto a él… de su mano y en manos de Dios. Pero si podemos aprender de las mujeres mayores, de las que tienen más tiempo con un matrimonio centrado en el evangelio, no que sea perfecto, pero si Bíblico.


Hay un dicho: “nadie experimenta en cabeza ajena”, pero si necesitamos aprender para evitar errores o por lo menos saber cómo manejarlos y corregirlos.


Nosotras decidimos amar o no.



Hablando en nuestro matrimonio aplica también, tú y yo tenemos la capacidad y la decisión de amar a nuestro esposo o no, de edificar nuestro hogar o derribarlo, podemos decidir si amaremos las imperfecciones y debilidades de nuestro esposo o si estaremos amargadas con ellos toda la vida. Decidamos ser ese complemento al que hemos sido llamadas, ser esa ayuda idónea en todo momento y abrazar y amar el diseño con el cual Dios nos creó.



EL AMOR ES UNA DECISIÓN 

Y UN MORIR A NOSOTRAS MISMAS.



Sé que con el paso del tiempo y al comenzar a vivir “la vida real” después de la luna de miel, todo comienza a cambiar; de alguna u otra manera las demostraciones de afecto son un poco menores que cuando el noviazgo y bueno, la rutina puede apagar la relación… saquemos provecho de ella.


 Tengo casi 39 años de edad, casi 13 años de casada y 21 años enamorada de mi amado esposo… y me doy cuenta que me faltan años a su lado, no podría estar más feliz por ello sinceramente, pero hay días en los que, ¡aaah!  La rutina pareciera interminable, cansada y nada linda. Y en medio del caos, con gritos de los niños, una torre de ropa por lavar, platos sucios en la cocina, sin vacaciones “reales” y un cansancio extremo por las noches, en mi desesperación y tal vez hasta ingratitud me pregunto: ¿Así será el resto de nuestro matrimonio? La respuesta es no. A menos que yo decida que así sea.


Echando un vistazo rápido a mi vida marital y a la de algunos amigos, me doy cuenta que la rutina ¡pesa mucho! Usémosla para ser de bendición en nuestro matrimonio y con nuestro esposo, para ser luz hacia los de fuera y edificar la iglesia de nuestro Señor Jesucristo. Usemos la rutina para alimentar el amor.


Así que, comencemos desde hoy y demostremos amor a nuestro esposo.



HABLEMOS…

Hablemos de todo y nada, cosas insignificantes, cosas importantes, pero siempre en comunicación.

Enviemos mensajes de texto.

Escribamos cartas, notas, un te amo en el espejo al despertar.

Dibujemos para ellos.

Hablemos con ellos antes de ir con alguien más.

Confiemos en que guardarán nuestros secretos.



TIEMPO ETERNO…

Cada momento a su lado, hagamos que parezca eterno disfrutándonos mutuamente.

Acariciemos su cabello mientras ve la televisión, pidamos que lo haga a nosotras.

Pidamos que cepille nuestro cabello después de la ducha.

Aprendamos a dar masajes para relajarlos.

Aprendamos a amar lo que ellos aman, los pasatiempos que ellos tienen y disfrutemos ese tiempo a su lado.
Muchos abrazos.

Besos sin fin.

Mirémosle y digamos te amo sin hablar.

Enamorémonos de ellos cada día más.



PEQUEÑOS DETALLES…

Demostremos nuestro amor cada día con pequeños detalles.

Desde el que ellos tengan limpia su ropa, planchada y lista para cuando necesite salir a trabajar.

Que siempre haya alimento en casa para él.

Nuestro cuidado personal.

Siendo una buena madre. (Pronto hablaremos de este tema a detalle)

¿Qué otro detalle agregarías tú?



COMPAÑÍA PERFECTA…

Vamos juntos a caminar.

Hagamos juntos la despensa.

Acompañemos uno al otro en los hobbies.

Salgamos a jugar con los hijos.

Démonos tiempo para acompañarnos cada día.

Oremos juntos.



CUIDADO MUTUO…

Somos uno. Cuidaré de ti como lo prometí.

Si lloras ahí estaré.

Si te sientes triste, te cantaré.

Si te agobias, te abrazaré.

Si ríes, reiré.

Tu felicidad, me hace feliz.

Cuidaré de ti, te defenderé, apoyaré y viviré mi vida agradecida por tenerte a mi lado.

No importa si hay enojos, aún si son trivialidades… mi amor por ti no cambia.

No importa si doy más de lo que recibo, lo hago por amor a ti y a mi Dios que nos unió.

No importa el pasado, ¿acaso lo recuerdas? Yo no.

Estoy unida a ti y es más de lo que puedo pedir.

Envejecer a tu lado, es mi oración.

Nuestro amor no es perfecto, es Real, busquemos estar siempre dentro de la perfecta voluntad de Dios y glorifiquemos Su Nombre con nuestra unión.


  
Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor,
vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia,
y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor,
nada soy.  Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres,
y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

1 corintios 13:1-3


En Su Gracia


K A R L A 

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