miércoles, 5 de julio de 2017

Mantente pura, huye de la tentación









A través de este estudio del libro de Tito hemos conocido más acerca del rol de la mujer en el hogar, nos hemos enfocado en Tito 2:1-5 y en cómo llegar a ser una anciana piadosa comenzando desde ahora a florecer en nuestro matrimonio, maternidad y hogar.


“a ser prudentes, castas, hacendosas del hogar, amables,

sujetas a sus maridos para que la Palabra de Dios no sea blasfemada.”

Tito 2:5


Otras versiones dicen “castas” en lugar de “puras” y hablamos anteriormente acerca de la pureza en la mujer cristiana, de vivir de acuerdo a la sana doctrina y a vivir de manera que refleje la santidad de Dios en nuestra vida.


Hace tiempo compartí un video blog en YouTube donde comento acerca del adulterio en la mujer cristiana; que, aunque parezca difícil de ser, pasa muy a menudo.


Cuando Pablo nos instruye a ser castas o puras en este versículo, de acuerdo al contexto del mismo, nos deja ver que es un llamado a las mujeres casadas, claro no con esto quiero decir que las solteras pueden vivir sin pureza y libertinaje porque, eventualmente y con el favor de Dios, algún día también se casarán y la fidelidad comienza antes de conocer al cónyuge y comprometerse a esperar a aquél con quien compartirán toda su vida.


Pero, hoy nos enfocaremos en la pureza de las mujeres casadas, en cómo saber si acaso estamos propensas a caer en la tentación, si estamos atrapadas en la impureza y no nos hemos dado cuenta y como salir de ello victoriosas.


Te compartiré el testimonio que viví de cerca con una mujer cristiana que, en un momento de debilidad, de estar pasando por pruebas en su matrimonio y con su corazón muy lejos de Dios, cayó en la tentación. No quiero exaltar el pecado, de ninguna manera, pero después de meditarlo y de platicarlo con esta mujer esperamos que su testimonio sirva para la edificación del cuerpo de Cristo. Es nuestra oración que las mujeres que están pasando por una situación similar sepan que hay una salida, que sí hay tiempo de tomar la decisión correcta y huir antes de que sea tarde; recuerda que hay un Padre amoroso que te espera de regreso.


Su testimonio lo escribe así:

“Fue hace casi una década atrás que me encontraba en una situación terrible en mi matrimonio por causa de la escasez económica. Dicen que “cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana” y así precisamente me sentía yo, con hambre física y muy poco amor por mi esposo.


Cada mañana trataba de enamorarme una vez más de aquel varón que años atrás me había cautivado con su caballerosidad y gran elocuencia al hablar, pero me era imposible. Había dejado atrás todos esos sueños y proyectos que tenía de joven, el querer ser empresaria o una mujer exitosa en aquello que decía mi título profesional, por seguir a ese hombre al que le había prometido serle fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad todos los días de mi vida. Pero esa promesa la olvidé muy rápido, ya no amaba a ese hombre que me había llevado a la escasez y no a esos lugares donde siempre quise estar.


Era cristiana de años atrás pero con un cristianismo emocional, y aunque mi amor por Dios era real, no tenía mi confianza puesta en Él pues no lo veía como mi proveedor, mi sustentador o mi castillo fuerte donde podía refugiarme; creía que me había abandonado a causa de todas las maldiciones generacionales por parte de mi esposo y aparte las mías que, por eso nos iba tan mal económicamente, eso es lo que me habían enseñado, ese era el Dios que yo conocí.


Pronto tuve que comenzar a trabajar para ayudar en el gasto familiar, y fue un mundo nuevo para mí, comencé a ver a grandes hombres de negocio en la empresa a la que entré, hombres exitosos con quienes día a día conversaba y quienes eran sumamente atentos conmigo. Me sentía miserable porque llegaba a casa y veía al hombre que había elegido como esposo, y a mis ojos él era muy poco comparado con los empresarios que veía cada día circular en las oficinas.


Aparté mi vista de lo importante, estaba lejos de Dios y de mi esposo, estaba vulnerable y llena de amargura y rencor, llena de orgullo y egolatría que en un abrir y cerrar de ojos decidí vivir sin importarme nada más. “Qué más da -pensé- si mi esposo no me da la vida que deseo, lo haré yo sola”. Y así sin protección divina, fuera de la voluntad de Dios y sin someterme a mi esposo, decidí vivir en un mundo impuro, inmoral y lleno de lujuria; pronto me daría cuenta de que, ese camino, aunque parece el ideal al inicio, al final hay muerte.


Muere la dignidad, muere el amor propio, la santidad, muere la salud, muere el testimonio y lentamente matas a tu cónyuge también.

Pero antes de darme cuenta de que estaba muriendo mi dignidad y amor propio, cada día era el mejor de todos para mí, parecía que había resurgido de entre las cenizas, dejé de ser esa mujer olvidada por su esposo, aquella que lloraba en secreto en la regadera por la situación tan terrible que pasaba, esa mujer que cada noche esperaba que su esposo la mirara con deseo y terminaba de pie en la venta de la habitación sabiendo que ese hombre no la miraría más. Me auto-compadecía, sentía que no merecía su desprecio, en verdad le había dado los mejores años de matrimonio, vivía para él, de hecho, él era todo para mí. Había hecho de él un ídolo, y los ídolos son derribados por Dios tarde o temprano. Había esperado recibir de mi esposo lo que sólo Dios puede darme, había puesto mis ojos en él, mi esperanza, mis anhelos, mis sueños, había olvidado a Dios por centrarme en complacerlo a él y por recibir lo mismo de su parte. ¡Qué equivocada estaba!


Una mañana llegó a mí oficina un varón bastante atractivo aunque mayor que yo tal vez unos 20 o 25 años, caballeroso, simpático y con un sentido del humor que llamaba mi atención, era atento y me miraba con pasión y ternura a la vez; mi corazón latía rápidamente cuando lo escuchaba, sentía mariposas en el estómago lo que no sentía ya con mi esposo, eso debió ser una alarma que me impulsara a correr a los brazos de mi esposo y, sobre todo, a la presencia de Dios. Pero no fue así, para mi vergüenza lo digo, seguí… cada mañana me arreglaba para él lo viera o no, bajé de peso, cambié mi color de cabello, me tomaba fotos sensuales que le enviaba por correo y me encargaba que él las viera en Facebook. Anhelaba estar con él, necesitaba verlo, inventaba pretextos para poder salir y encontrarlo, aunque fuera 5 minutos.


Tuvimos un romance en secreto, pero la Gracia de Dios, su amor y misericordia me devolvió la razón, yo estaba perdida totalmente, para ese entonces ya era alcohólica y anoréxica pero no me había dado cuenta de lo mal que estaba. Gracias a Dios envió a alguien por mí; una mujer que, durante ese año de tormento nunca dejó de orar por mí, de pedir a Dios por Su misericordia y perdón. Ella me habló que el matrimonio es para toda la vida y que una crisis no debe derrumbarnos.


Yo creía conocer a Dios, pero no. Mi alma estaba sedienta y necesitada de amor que traté de llenarla con un hombre, con vicios y no con el autor del amor. Hoy a la distancia veo hacía atrás y pienso en las mujeres que están en la misma situación en la que me encontraba yo y les digo: hay solución, hay oportunidad de regresar antes de llegar al punto de no retorno, siempre hay señales que deben prender una alarma escandalosa y nos haga salir huyendo. No esperen a que esas alarmas suenen cuando ya han perdido su dignidad, su matrimonio, su familia o su salud; necesitan entregarse a Dios en verdad, arrepentirse genuinamente de esa manera de vivir, serle fiel a Dios en el pacto que hicieron el día de su boda, vivir de acuerdo a la sana doctrina que está en la Biblia, renovar su mente por medio de la Palabra de Dios (Rom. 12:2), memorizarla, orar en todo tiempo y rechazar por completo lo atractivo que parece el pecado. No se puede jugar con fuego y pensar que no saldrás quemado, así no funciona con el pecado, no podemos darle oportunidad de que nos atrape. Y si ya estás dentro, Dios es la respuesta, Él me ha perdonado y lo hará contigo, Él me redimió y lo hará contigo, sólo decide seguirle a Él y no mirar atrás.”



Hoy es el día de ponerte a cuentas con Dios para vivir de acuerdo a su voluntad y diseño divino, busca mujeres con quienes puedas apoyarte en oración y en estudio de la Palabra, y con el tiempo tu matrimonio puede ser restaurado y renovado, un día a la vez y con el favor de Dios así será.


En Su Gracia


K A R L A


Aquí puedes ver el video de "Mujeres en adulterio"


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