miércoles, 26 de julio de 2017

¿Somos buen testimonio?






a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos,
 para que la palabra de Dios no sea blasfemada.
Tito 2:5


Hoy terminamos de estudiar las características de la mujer piadosa que menciona Pablo en su carta a Tito.


Al estudiar este libro, sobre todo el capítulo 2:1-5 ha sido de muchísima bendición. Estas semanas he estado un tanto ausente porque son vacaciones de verano y tengo casa llena pero no quería dejar pasar la oportunidad de escribirte acerca de la segunda parte del versículo 5 porque me ha tocado de manera increíble.


Bueno, todo el capítulo, pero este me ha quebrantado… cuando lees todo el contexto y en sí el llamado específico a la mujer y ves que finaliza diciendo: para que la palabra de Dios no sea blasfemada, ¡Ah! Es doloroso darse cuenta que cuando estamos fallando conscientemente en ese llamado, estamos avergonzando el evangelio. 


La palabra “Blasfemada” en el griego es blasphemeo” que significa: Difamar, blasfemar, uso abusivo o lenguaje escandaloso sobre Dios o los hombres. Entonces, conociendo la definición de esa palabra podemos darnos cuenta que a los ojos de Dios es hablar mal de Él delante de los hombres si no vivimos de acuerdo a lo que está escrito.



¿Qué características tiene la mujer piadosa? ¿Recuerdas?


Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Tito 2:3-5



Debo confesar que he fallado en todos esos puntos. Gracias a Dios por su bondad y porque nos permite reconocer nuestros fallos para así poder depender más de Él buscando cada día ser más como Su Hijo amado Jesucristo. Estoy tan agradecida de este estudio, pude darme cuenta de cada debilidad que tengo, de donde debo fortalecerme más en el Señor y en el poder de Su fuerza y cómo es que debo depender de Él todo el tiempo.


El saber que a través de nuestras actitudes podemos estar (tal vez sin darnos cuenta) blasfemando la Palabra de Dios, es doloroso. Es como si todo cuanto hacemos por el Señor se viera opacado por esas malas actitudes.


Recién terminamos el reto de 30 días para esposas del ministerio Aviva Nuestros Corazones y en verdad fue hermoso, confrontador y de mucha bendición. Nos mostró a muchas de nosotras los puntos exactos en los que fallamos como esposas para retomar el diseño divino con el cual fuimos formadas. Ahora estoy leyendo el libro Suficientemente Madre que hace meses nos regaló el ministerio de Soldados de Jesucristo y también ha sido de mucha bendición. ¿Por qué te menciono esto? Porque con frecuencia no nos damos cuenta de los errores que estamos cometiendo hasta que alguien más nos los hace saber, estamos tan acostumbradas a vivir de una manera que cuando nos mencionan los fallos y tenemos una actitud soberbia, creemos que es algo personal y que en realidad no saben nada de nuestra vida.


Lo cierto es que, nuestra actitud, nuestras palabras y en sí nuestro testimonio, deja ver qué tan parecidas somos a nuestro Señor Jesucristo. Dice la Palabra que todo cuanto hacemos debe glorificar aDios, pero, ¿es así en todos lados? Cuando Pablo le dice a Tito la serie de características que una mujer/anciana piadosa debe tener, claramente es que ella debe mostrar ese espíritu transformado y redimido en todo lugar y aun cuando nadie la ve.


Hablamos de que siendo influencia a la siguiente generación ¿están viendo en nosotras realmente un modelo a seguir? Y no hablo de las mujeres que probablemente guías en la iglesia o en un grupo de estudio, no hablo de las mujeres con quienes conversas al salir del colegio de tus hijos, ni tampoco me refiero a aquellas mujeres con quienes has formado una amistad a distancia. Hablo de tu entorno, de tu principal ministerio ¿qué tanto de Cristo muestras o mostramos a nuestro esposo e hijos? ¿Somos fieles administradoras de la Gracia de Dios y fieles representantes del evangelio en casa?


Si nuestro testimonio delante de nuestro esposo e hijos no los lleva más a Cristo, algo estamos haciendo mal. Si ellos en lugar de acercarse a Dios o a la Palabra, por causa nuestra se alejan, creo que debemos ponernos a cuentas con Dios inmediatamente y pedir que nos muestre lo que estamos haciendo mal. (Salmo 139:23-24)

 
 Si, sé que la salvación es personal y que el Señor nos ha predestinado desde antes de la creación del mundo para que fuésemos sus hijos, eso lo tengo claro, pero, qué pasa con la exhortación del Apóstol Pedro a nosotras las mujeres cuando nos dice:


Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos,
de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra,
 puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres 
al observar vuestra conducta casta y respetuosa.

1 Pedro 3:1-2



¿Es nuestra conducta congruente con lo que predicamos del Evangelio? ¿Nuestro esposo puede dar testimonio de que en verdad hemos sido redimidas por Dios y estamos viviendo en Su Palabra dentro y fuera de casa? ¿Y qué de nuestros hijos? Ellos nos observan y saben cuándo amamos de dientes para afuera, saben cuándo somos amables y caritativas con alguien externo y en casa despotricamos contra esa misma persona o contra alguien más. ¿Qué tan fielmente estamos presentando el Evangelio que amamos?  


Necesitamos vivir el Evangelio. Amar y abrazar el diseño que Dios nos ha dado en su eterna Sabiduría y Soberanía. Necesitamos decir ¡Sí, Señor yo quiero vivir de acuerdo a tu Palabra!


Hoy es un nuevo día, ha extendido su misericordia, aprovechemos bien el tiempo y corramos al trono de Su Gracia para implorar perdón de pecados, para reconocer delante de Él en lo que hemos fallado y pedir Su ayuda para renovarnos y vivir para Su Gloria.


Te animo a que el día de hoy puedas ir donde tu Padre Eterno recordando que Jesucristo nos ha acercado a Él, Él es nuestro abogado y Dios nuestro juez justo, pongámonos a cuentas con Él. Recuerda que:


Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados,
esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia,
 aborrecibles y odiándonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios
 nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad, Él nos salvó, no por obras de justicia
que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del
lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que Él derramó
sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que
justificados por su gracia fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida
eterna. Palabra fiel es ésta, y en cuanto a estas cosas quiero que hables con firmeza,
para que los que han creído en Dios procuren ocuparse en buenas obras.
Estas cosas son buenas y útiles para los hombres.

Tito 3:3-8



Hoy aún tenemos tiempo mujer, mañana no sabemos.


En Su Gracia

K A R L A










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