lunes, 17 de julio de 2017

Sumisa… ¿Yo?






Como hemos estado viendo a lo largo de este estudio, el ser una mujer piadosa como la que Pablo menciona en la carta a Tito es ir contra la corriente, contra la cultura actual. No es fácil ser una mujer como la que está descrita en la Palabra de Dios, no es una mujer que sea vista en el mundo como alguien a quien las mujeres desean imitar, pero eso no debe desalentarnos en absoluto porque para amar ese diseño y anhelar querer ser una mujer Bíblica, necesitamos haber entregado nuestra vida a Cristo y haber abrazado y amado el diseño que se nos dio como mujer. Vamos un día a la vez mujer, siendo perfeccionadas por Gracia de nuestro Señor.


Y esta introducción es por el tema que hoy hablaremos, la sumisión.

La antigua palabra griega traducida a sujetas es la palabra hupotasso”, que significa “debajo de, o estar sometido en rango”. Es una palabra que se toma del ejemplo de los militares y que nos habla acerca de los rangos y niveles que hay, cada uno de ellos tiene un rol específico y está obligado a respetar a aquellos de un rango superior.  


Entonces, conociendo el significado de la palabra nos podemos dar cuenta de que la sumisión es para todos, no solo para las mujeres, Tito 3:1 nos habla de la sumisión a los gobernantes, Romanos 13 a nuestras autoridades, Colosenses 3:20 nos habla de sumisión a nuestros padres, Tito 2:9 nos habla de estar sujetos a nuestros jefes y así podemos entender un poco más que la sumisión no significa que somos inferiores, sino que cada uno de nosotros tenemos un lugar en el que debemos cumplir el rol y propósito por el cual fuimos creados.


“a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos
para que la palabra de Dios no sea blasfemada.”

Tito 2:5


La sumisión es hermosa, es una bendición.

Cuando entendemos que nos sometemos a nuestro esposo por el amor que tenemos a Dios, cambia nuestra forma de verla. Pero es hasta que llegamos a Cristo entregando nuestra vida a Él que decidimos vivir para agradarle y glorificar su nombre en todo lo que hagamos, incluyendo por supuesto, la sumisión.


Todo comienza desde el Edén en Génesis 3:16, esa lucha por el poder y querer gobernar sobre el otro viene desde ahí, donde la mujer no se sometería y el varón buscaría enseñorearse de ella, pero, es gracias al Evangelio que entendemos que por obediencia a Dios, nos someteremos voluntariamente.


¿VOLUNTARIAMENTE? ¿O VOLUNTARIAMENTE A FUERZA?

La sumisión es un acto de obediencia a Dios y el reconocer que nos complementamos uno a otro. Somos iguales en valor y dignidad delante de Dios pero hay un liderazgo que se le ha dado al varón, como siervo, como protector de la familia.


No es voluntariamente a fuerza, o no debe ser así. No es que “tengo que someterme porque…” porque probablemente nuestra naturaleza nos dicta que no debemos someternos a nadie, menos a un varón que tal vez no nos valora.  Pero como mujeres redimidas comprendemos que es por amor y obediencia a Dios y Su Palabra; así no lo haremos a fuerza, sino con alegría de saber que estamos cumpliendo con lo establecido por Dios para nosotras.


Hemos hablado de morir a nosotras mismas y en la sumisión es necesario hacerlo por rendición a Cristo, pero necesitamos de la Gracia de Dios, su ayuda, porque en nuestras fuerzas no lo lograremos. Basta con echar una miradita al pasado y darnos cuenta de que no hacíamos las cosas bien en este tema particularmente.


Ahora es más común escuchar mensajes donde se promueve que no debemos sujetarnos ni someternos al varón porque tenemos las mismas oportunidades que ellos, somos igual de capaces y en ocasiones superiores. Pero, eso no es lo que la Palabra de Dios nos dice a nosotros los creyentes, a nosotras se nos dice que nos sometamos en amor a nuestro esposo para que la Palabra de Dios no sea blasfemada, para que el evangelio no sea avergonzado.


Y puede ser que en este momento estés pasando por una situación donde no es sencillo someterse a tu esposo, porque sucede muy a menudo que, aun siendo cristianas nacidas de nuevo, redimidas y haciendo la voluntad de Dios, este tema sea una lucha constante y créeme hermana, lo será toda la vida hasta que decidamos entregar nuestras cargas a Dios y a acudir a Él en oración por ayuda buscando Su Gracia para lograrlo.


Me han preguntado si es necesario obedecer y estar sujetas a su esposo cuando él no asume su rol como sacerdote del hogar, o no es creyente, ni proveedor del mismo, es infiel y no toma en cuenta a su mujer. Yo no puedo dar mi opinión en cada caso particular porque no conozco en sí su matrimonio y en ocasiones ni al varón conozco, pero Dios sí sabe y conoce perfectamente la situación de cada una de nosotras. Él sabe lo que estamos pasando, las luchas que tenemos, sabe si el rol de cabeza del hogar está sin protección; Él sabe cuando sus hijas están siendo menospreciadas y desvaloradas. ¿Y sabes qué? Esto debe alentarnos a vivir más de acuerdo a la voluntad de Dios, de obedecerle porque en ello hay bendición.


Sabremos si somos mujeres sujetas a nuestro esposo en los momentos en los que no estamos de acuerdo con ellos, por ejemplo, en una decisión que ellos están tomando. Es fácil creer que somos sujetas cuando las cosas se están haciendo como nosotras esperamos que se hagan, pero, ¿qué pasa cuando las cosas no son así? Si sale a relucir el querer manipular y cambiar las cosas porque creemos que es lo mejor sin tomar en cuenta las decisiones de nuestro esposo, entonces estamos fallando. ¿Qué podemos hacer? Obedecer. ¿Y si se equivoca en la decisión? Tú y yo debemos estar confiadas en que estamos obedeciendo a la Palabra de Dios y cumpliendo con el llamado que se nos ha dado.  Si él se equivoca en una decisión, confiemos en la soberanía de Dios y en que Él lo ha permitido por una razón que sólo Él y el tiempo nos lo mostrará.


Si la Palabra de Dios nos dice que: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres.” (1 Pedro 3:1) necesitamos creerlo, confiar en que las promesas de Dios son verdaderas y son cumplidas en Su tiempo para saber esperar que algún día nuestra obediencia será recompensada y que si hemos honrado a Dios y Su Palabra Él nos honrará, como está escrito. (1 Samuel 2:30).


Hay esperanza, confiemos en que el mejor lugar para una mujer es estar cumpliendo su llamado dentro de la voluntad de Dios, ese es el camino más seguro. Obedezcamos a Dios, la sumisión parece no ser sencilla pero en verdad vale la pena intentarlo cada día.


Confiemos, descansemos en el Señor, aferrémonos a Él, busquemos Su Gracia, su ayuda, encomendemos la causa a Cristo y busquemos la ayuda del Espíritu Santo porque en nuestras fuerzas es muy difícil que podamos hacerlo, rindamos nuestra voluntad a Dios y caminemos sus caminos. 





En Su Gracia


K A R L A 

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