martes, 29 de agosto de 2017

¿Cómo controlar la lengua? {Santiago 3:1-12}







Las palabras que decimos y la forma en la que nos expresamos al hablar, nos identifica de entre todos los demás, dice lo que somos.

La lengua muestra si somos creyentes o no.

¿Recuerdas al apóstol Pedro antes de negar a nuestro Señor Jesucristo? (Mateo 26:73) Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre.

Le hemos dado poca importancia al habla en nuestra vida, estamos tan acostumbradas a hacerlo que sin darnos cuenta muchas veces al día pecamos con nuestra boca. Veamos la enseñanza de Santiago acerca de este tema y vivamos de acuerdo a la Palabra de Dios.


Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, 
sabiendo que recibiremos mayor condenación.
Santiago 3:1


Estudiar la Palabra de Dios es maravilloso, compartirla es un regalo de Dios definitivamente, pero se debe tener mucho cuidado con ello; si bien es cierto que hemos sido llamados a predicar las buenas nuevas es diferente a ser maestros de la Palabra.


Es una enorme responsabilidad enseñar la Palabra de Dios porque necesitamos conocerla para evitar dar una enseñanza falsa o que contradiga la propia Palabra y necesitamos, sobre todo vivirla, de lo contrario estamos siendo incoherentes con lo que estamos enseñando.


No podemos compartir cuando no sabemos mucho, pero si tenemos la oportunidad de hacerlo, entonces mayor es nuestra responsabilidad de estudiar. Muchos con el afán de querer ser maestros han dado enseñanzas erróneas del Evangelio, tengamos cuidado con ello.


Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, 
éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.

Santiago 3:2


Todos hemos pecado con la lengua, todos hemos caído más de una vez en la imprudencia de hablar antes de pensar. Si no ofendemos con nuestros labios habla de que somos maduros espiritualmente. Si somos capaces de refrenar nuestra lengua, será más sencillo refrenar todo lo demás en nuestra vida.


He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, 
y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas 
de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón 
por donde el que las gobierna quiere.

Santiago 3:3-4



Un pequeño freno es capaz de evitar que un caballo salga desbocado y lastime a alguien o a sí mismo.

Un pequeño timón es capaz de darle dirección a un lugar seguro a un gran barco en medio de una tormenta.


¿Qué no hará la lengua con nosotras? al hacer esta comparación, Santiago nos muestra el poder que tiene la lengua ya sea para dañar o para poner a salvo a una persona, para dar vida o para dar muerte.


Yo dije: Atenderé a mis caminos,
    Para no pecar con mi lengua;
    Guardaré mi boca con freno,
    En tanto que el impío esté delante de mí.

Salmo 39:1


Seamos buen testimonio con nuestra lengua, un caballo desbocado es mortal y una lengua desbocada también lo es.


Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. 
He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, 
y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, 
y ella misma es inflamada por el infierno.
Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, 
se doma y ha sido domada por la naturaleza humana;
pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, 
llena de veneno mortal.

Santiago 3:5-8


Hay un dicho que cita: “Pueblo chico, infierno grande” y es que basta una pequeña palabra o frase dicha en el momento menos indicado, con las intenciones incorrectas para encender un caos en una comunidad.


La lengua, un pequeño miembro que puede hacer tanto daño no solo al que escucha nuestras palabras, sino a nosotras mismas.


¿Te has escuchado hablar cuando estás enojada? ¿Has escuchado lo que le dices a tus hijos cuando estás con el estrés al máximo? ¿Qué dice tu boca cuando las cosas no salen como querías que salieran? Todo eso daña y deja ver lo que hay en nuestro corazón. ¿Cuántas veces hubieras preferido no hablar para guardar tu alma de angustias? (Prov. 21:23) ¿Cuántas veces hemos dañado a otros y a nosotras mismas por no dominar lo que decimos? ¿Qué hay en nuestro corazón?


Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, 
que están hechos a la semejanza de Dios.
 De una misma boca proceden bendición y maldición. 
Hermanos míos, esto no debe ser así.
 ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?

Santiago 3:9-11


Mira el contraste y lo que vivimos diariamente. Podemos estar alabando y adorando a Dios durante horas y algo irrumpe nuestra paz o no sale como lo esperábamos y explotamos y decimos cosas que no debíamos. Santiago nos instruye que esto no debe ser así, entonces, ¿cómo podemos hacer que nuestra boca dé solo agua dulce y no una combinación de dulce y salada?


El versículo 12 dice: “Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce”. ¿Qué fruto estamos dando?


No podemos dar los frutos buenos del Espíritu si vivimos en la carne y nos alimentamos con cosas que satisfacen a la carne.


Mateo 12:34 dice: ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.


Para tener una lengua que hable palabras que alienten, animen, amen, estén llenas de bondad, gratitud… necesitamos llenar nuestro corazón con todo ello y eso lo adquirimos ciento por ciento en la Palabra de Dios, en Su Presencia, en una comunión genuina con nuestro creador.


Entreguemos al Señor nuestra lengua, nuestro corazón, entreguemos nuestra forma de hablar, pidámosle que nos renueve desde dentro, pidámosle nos dé un espíritu enseñable y dejémonos guiar en nuestro caminar con Él para hablar palabras que edifiquen y sean de bendición para otros.


No dejemos de orar hermana, Dios nos ayude a parecernos más a Su Hijo Jesucristo.


En Su Gracia


K A R L A




PARA MEDITAR

Descarga las siguientes hojas que podrás imprimir
para agregarlo a tu diario devocional.





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