miércoles, 16 de agosto de 2017

Fe y obediencia a la Palabra de Dios {Santiago 1:19-27}





Hoy estudiaremos acerca de la obediencia a la Palabra de Dios y cómo es que respondemos a ella.

Anteriormente hablamos acerca de la fe en las pruebas y en las tentaciones, en cómo poder diferenciarlas, reconocerlas y actuar de manera correcta y oportuna. Pero, ¿Qué pasa cuando alguien nos llama la atención acerca de algo que estamos haciendo de manera errónea de acuerdo con la Palabra de Dios? ¿Cómo reaccionamos cuando nosotras mismas la estamos leyendo y encontramos que estamos haciendo lo contrario a lo que en ella dice?


Hay una frase que me gusta mucho y que dice: “tenemos dos oídos porque necesitamos oír más de lo que hablamos, por eso solo tenemos una boca”.


Santiago nos aconseja:


Esto sabéis, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír,
 tardo para hablar, tardo para la ira; pues la ira del hombre 
no obra la justicia de Dios.

Santiago 1:19-20


Es un versículo que lo podemos aplicar en nuestra vida diaria y por supuesto en nuestra relación con Dios.

·        No hablemos de más.
·        Escuchemos bien.
·        No nos enojemos sin razón.


En nuestra vida diaria es fácil enojarnos cuando alguien tiene una opinión diferente a la nuestra, cerramos nuestros oídos y determinamos alejarnos airadas u ofendidas sin siquiera dar oportunidad al diálogo.


De todas las ocasiones que alguien opinaba diferente a Jesús, ¿Cuántas veces cerró sus oídos, habló de más y se fue? Nosotras vivimos en un mundo donde continuamente hacen cosas contrarias a la Palabra de Dios ¿cómo actuamos? ¿Miramos a otros con compasión o vamos por la vida agrediendo a quienes piensan distinto?


Mucho que aprender de Nuestro Señor. Aun, necesitamos una actitud humilde ante la Palabra de Dios. Tal vez hayas pasado lo siguiente, que mientras lees tu Biblia encuentras alguna escritura que confronta tu vida, te muestra que en realidad lo que has creído o practicado no es del todo correcto. ¿Qué haces? Tal vez cierras tus oídos, sigues leyendo pero con un tantito de rebeldía o enojo porque te ha mostrado el error y prefieres dejar de lado un tiempo el estudio de la Palabra y te refugias leyendo o escuchando solo aquello que va de acuerdo con tu creencia personal, sin darte cuenta de ese enojo contra la Palabra porque ha expuesto tu error o pecado.

O quizá no, tal vez en realidad tu espíritu es enseñable a la Palabra y receptivo a su voz.


         Ser prontos para oír la Palabra de Dios con un espíritu humilde y enseñable, estar siempre centradas en Dios.
         Tardo para hablar, no actuar de manera precipitada que nos pueda llevar a pecar.
         Tardo para airarse, recibamos con gratitud y mansedumbre lo que la Palabra tiene para decirnos.


Por lo cual, desechando toda inmundicia y todo resto de malicia,
recibid con humildad la palabra implantada,
que es poderosa para salvar vuestras almas.

Santiago 1:21


Nada mejor que escuchar lo que Dios tiene para decirnos a través de Su Palabra, tanto por aprender, hacer, vivir; Su Palabra nos muestra la manera en que nuestra vida es agradable a los ojos de Dios.


Pero, ¿De qué manera la recibimos? ¿Realmente la escuchamos? ¿Nos tomamos tiempo para escuchar la voz de Dios a través de Su Palabra? Santiago 1:22 dice:


Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores
que se engañan a sí mismos.


Pongan en práctica la Palabra. Es hermoso conocer la Palabra de Dios, apasionante estudiarla, pero, aún más hermoso y gratificante es vivirla y practicar lo que ella nos enseña.


¿Por qué leer y aprender de la Palabra de Dios si viviremos de manera contraria? ¿Aprenderías a tocar el piano para nunca componer una melodía? Pasa lo mismo con la Palabra de Dios, más aún cuando desde pequeñas aprendimos a hacer todo de manera errónea, Su Palabra nos muestra qué cambiar, cómo hacerlo y para qué hacerlo.


Nuestra vida debe ser evaluada a través de la Palabra de Dios continuamente.


·        ¿Qué tanto me parezco a Cristo?
·        ¿Qué de todo lo que aprendí hoy o esta semana estoy llevando a cabo?
·        ¿A qué debo renunciar por amor a Cristo?
·        ¿Cómo puedo reflejar que Cristo vive en mí?



Porque mucho me temo que, si conocemos demasiado sin aplicar, sin vivirlo, como lo menciona Santiago 1:22, nos estamos engañando…


Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor,
es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo; 
pues después de mirarse a sí mismo e irse,
inmediatamente se olvida de qué clase de persona es.

Santiago 1:23-24


Sucede que cuando no prestamos atención, pequeños grandes detalles los pasamos por alto. Eso mismo pasa cuando leemos la Palabra de Dios “por encima” solamente, la leemos sin detenernos a meditar en ella, con conciencia de que algo tiene para decirnos. Si la leemos solo para cumplir con un tiempo específico perderemos lo hermoso que tiene en todo.


La Palabra es como un espejo que refleja lo que hay en nuestra vida, nuestra alma, nuestro corazón. Si no tomamos el tiempo para conocerla. ¿Cómo sabremos donde es que necesitamos pulirnos más, corregir y cambiar?



Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad,
y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino
un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace.

Santiago 1:25


Santiago nos anima a buscar en la Palabra de Dios, hacerla parte de nuestra vida y no solo escucharla y hacer caso omiso. Necesitamos detenernos en la Palabra y examinar nuestra vida a la luz de ella y para eso se requiere tiempo.


Y, por último, es necesario aplicar lo que nos dice Su Palabra, lo que hemos aprendido, lo que nos ha revelado de nuestra condición y corazón.


Si alguno se cree religioso, pero no refrena su lengua,
sino que engaña a su propio corazón, la religión del tal es vana. 
La religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es ésta:
 visitara los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, 
y guardarse sin mancha del mundo.

Santiago 1:26-27


Leyendo estos versículos me hicieron pensar ¿Qué tanto muestro a Cristo a través de mis palabras? Y es que podemos tener mucho conocimiento bíblico, pero si no controlamos la lengua tendemos a pecar.


Ahora, podemos proclamar que somos mujeres cristianas piadosas, hablar mucho acerca de lo que hacemos para Dios y lo que conocemos de Su Palabra, pero, ¿realmente vivimos lo que predicamos? Hay un abismo entre solo decir qué hacer y realmente estarlo haciendo. ¿Cómo afirmamos la fe que tenemos en Dios en cuanto a Su Palabra?


Fe genuina es una continua obediencia a la Palabra de Dios.


Necesitamos compartir el Evangelio y afirmarlo con nuestra vida. Porque no es lo que sepamos, sino lo que hacemos lo que muestra quienes somos en Cristo. Padre, moldéanos conforme a tu Palabra.



En Su Gracia


K A R L A




PARA MEDITAR

Descarga las siguientes hojas que podrás imprimir
para agregarlo a tu diario devocional.








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