24 horas







Todos los días son una nueva oportunidad de vivir para la Gloria de Dios, cuando pienso en su misericordia diaria y en como nos sigue sustentando, imagino a nuestro Padre Celestial dándonos otra oportunidad, 24 horas más para acercarnos a Él, 24 horas más para deleitarnos en Él, 24 horas más para depender totalmente de Él.


24 horas…

Quizás no parezca mucho tiempo, de hecho, hay días en los que cómo nos gustaría que fueran de 36 horas; más tiempo para poder terminar los pendientes y esa lista “por hacer” que no más no le vemos final. Más tiempo tal vez para seguir disfrutando de un pariente lejano a quien no veremos en mucho tiempo, más tiempo para poder llegar donde un moribundo espera por nuestra presencia para poder partir.


Más tiempo…

Vías rápidas, luces fugaces en un vaivén sinigual, sonidos sigilosos que a su vez son estruendosos en nuestro corazón, momentos que pasan imperceptibles a otros y que son tan importantes en nuestro vivir.


¿Dónde estás?...

24 horas en las que vivimos, ¿cuántas respiraciones damos en ese periodo de tiempo? ¿Cuántas pulsaciones de nuestro corazón? ¿Cuántas canciones cantamos en ese tiempo? ¿Cuántas veces volteamos al cielo en 24 horas? Somos tan solo una neblina, vivimos un instante en este lado de la Gloria, y en ese breve periodo de tiempo ¿dónde estamos realmente? ¿Dónde posamos nuestra esperanza? ¿Hacia dónde miran nuestros ojos?


Días nuevos…

Llegará un momento en el que al cerrar nuestros ojos los abriremos en la presencia de nuestro Señor Jesucristo, ¡oh, qué glorioso día! Ver por fin su rostro, tocarle, escucharle audiblemente, verle sonreír… nada es comparable a Él, nada tan anhelado como su presencia, su regreso, estar en la eternidad a su lado. ¡oh mi Dios! cada día en esta tierra nos está preparando para esa eternidad.


Que nuestros días sean con una nueva visión, con una mente renovada y celestial, que esas 24 horas estemos convencidas que esta no es nuestra morada final, hay un lugar donde estaremos mejor, un lugar donde no habrá llanto ni dolor, un lugar lleno de su amor, su presencia, su calor. Que esas 24 horas sean invertidas en lo eterno, que los afanes de este mundo no nos alejen del propósito que tenemos: “Vivir para la Gloria de Dios y gozarnos en Él para siempre”.


Contigo…

24 horas contigo amado Dios, 24 horas en las que pueda vivir para ti. Cada minuto, con errores, pero con unas inmensas ganas de querer agradarte, de glorificarte en todo cuánto haga. Tú eres mi rey, reina en mi vida por siempre…


Bendice, alma mía, al Señor,
y bendiga todo mi ser su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él es el que perdona todas tus iniquidades,
el que sana todas tus enfermedades;
el que rescata de la fosa tu vida,
el que te corona de bondad y compasión;
el que colma de bienes tus años,
para que tu juventud se renueve como el águila.

El Señor hace justicia,
y juicios a favor de todos los oprimidos.
A Moisés dio a conocer sus caminos,
y a los hijos de Israel sus obras.
Compasivo y clemente es el Señor,
lento para la ira y grande en misericordia.
No contenderá con nosotros para siempre,
ni para siempre guardará su enojo.
No nos ha tratado según nuestros pecados,
ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades.
Porque como están de altos los cielos sobre la tierra,
así es de grande su misericordia para los que le temen.
Como está de lejos el oriente del occidente,
así alejó de nosotros nuestras transgresiones.
Como un padre se compadece de sus hijos,
así se compadece el Señor de los que le temen.
Porque Él sabe de qué estamos hechos,
se acuerda de que somos sólo polvo.
El hombre, como la hierba son sus días;
como la flor del campo, así florece;
cuando el viento pasa sobre ella, deja de ser,
y su lugar ya no la reconoce.
Mas la misericordia del Señor es desde la eternidad hasta la eternidad, para los que le temen,
y su justicia para los hijos de los hijos,
para los que guardan su pacto
y se acuerdan de sus preceptos para cumplirlos.

El Señor ha establecido su trono en los cielos,
y su reino domina, sobre todo.
Bendecid al Señor, vosotros sus ángeles,
poderosos en fortaleza, que ejecutáis su mandato,
obedeciendo la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, vosotros todos sus ejércitos,
que le servís haciendo su voluntad.
Bendecid al Señor, vosotras todas sus obras,
en todos los lugares de su dominio.
Bendice, alma mía, al Señor.

Salmos 103









En Su Gracia

K A R L A 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Oremos por nuestro esposo {De la cabeza a los pies}

¿Matrimonio sin sexo?

12 formas de llegar al corazón de un hijo Rebelde

No soy la mujer maravilla