Una carta a mis hijos









Mis niños…

Han pasado años desde que me inauguraron como mamá. Tantas memorias que he ido guardando en mi corazón. Algunas más las he escrito por si algún día comienzan a borrarse de mi mente para tenerlas presente y así volver a vivir, aunque sea un instante en mi imaginación aquello que fue tan maravilloso y que están con tinta indeleble para recordar.


No crezcan tan rápido.
Si, sé que esa es mi frase favorita cuando hablo con ustedes, amo ver sus ojos grandes y expresivos tratando de asimilar el por qué no deben crecer tan rápido. En unos años más entenderán por qué en mi corazón esperaba que fueran niños por más tiempo. Y es que la vida de cada uno de ustedes ha sido un regalo de Dios, cambiaron por completo nuestra vida, nos desafiaron a ser mejores cada día, a buscar ser los padres que Dios quería que fuéramos para ustedes.

Cada etapa de su vida ha sido un momento memorable. Cada día hay algo nuevo que aprender con ustedes, cada día, aunque parezca rutinario y normal no es así, siempre es un día extraordinario, un día nuevo donde vivíamos por gracia de Dios, un día nuevo donde podíamos estar juntos, amarnos, hablar uno con otro, expresarnos esa unión y amor que solo viene de Dios.



En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios,
sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación
por nuestros pecados. Amados, si Dios así nos amó,
también nosotros debemos amarnos unos a otros.

1 Juan 4:10-11




Hemos aprendido a amarnos.
Son tan distintos uno de otro. Amarlos no era un desafío, pero era una obra de gracia. Tan distintos no sólo entre ustedes sino, distintos de nosotros. Aprendimos a amarnos con todos nuestros defectos, con cada virtud, con cada talento y cada limitación. Aprendimos que, como familia, nos complementamos y que, si usamos esa sinergia para mostrar a otros el amor de Dios, su fidelidad, gracia, bondad y misericordia los más beneficiados seríamos nosotros, porque Dios entonces es el centro de esta familia que Él ha formado.


Nunca dejen de amarse y ver por su hermano.
Cuando Dios nos llame a papá y a mí a su presencia (si acaso no ha regresado Jesucristo antes por nosotros y nos vayamos con Él), el día que bajemos al sepulcro, recuerden que ustedes son una muestra enorme del amor que nos tuvimos su papá y yo, una clara muestra del amor y gracia que Dios nos dio para extender su descendencia y buscar honrarle, glorificarle a Él con hijos que le amen eternamente.


Amor y perdón.
Que el amor sea imperante en sus vidas mis pequeños niños. Que no quepa en ustedes rencor ni enojo en contra de su hermano porque en cada hermano encontramos un amigo, alguien con quien crecimos, quienes saben de nosotros cosas que los de afuera quizá no sepan y aún así nos aman.

Que, en cada etapa de su vida, siempre puedan contar el uno con el otro. Permitan que esta familia que Dios formó les sea de ejemplo para la familia que en un futuro formarán.
Tenemos errores. Fallamos constantemente. No olviden eso jamás. Y eso es parte del humano, y eso nos ayuda a depender más y más de Dios, cada tropiezo que dimos sirvió para correr al trono de la Gracia de Dios y buscar su ayuda y guía para direccionar en el camino correcto nuestra vida, nuestra paternidad y sus vidas. Que ese sea un ejemplo para ustedes, que al recordar nuestras debilidades y fallos recuerden como corríamos al pie de la cruz de Cristo para recibir su perdón y su gracia, esa que nos ayuda a vivir cada día.


Lo que realmente importa.
Han sido el regalo más maravilloso que recibimos de parte de Dios después de la salvación por medio de Cristo, de su gracia y misericordia. Dios nos dio la oportunidad de guiarlos en este camino, pero ustedes son diseñados por Él, hechos por Él para Su Gloria, para que ustedes se gocen en Él por siempre. No lo olviden nunca mis niños, todo es por Él y para Él. Todo se trata de Cristo. Todo.


Y si… algún día viviremos eternamente junto a Él.

En Él encuentran libertad, no lo olviden. Sólo Él nos lleva al cielo. Jamás se separen de Él, no lo olviden.



Los amo mis niños.








En Su Gracia


K A R L A



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