jueves, 10 de mayo de 2018

El Dios capaz de hacer lo imposible {Tercera parte}



Hoy continuamos con el estudio de Encontrando a Jesús en el Antiguo Testamento. Puedes leer el artículo anterior en este enlace.
Si no pudiste descargar el cuestionario correspondiente al tema “El Dios capaz de hacer lo imposible” aun puedes hacerlo, está disponible en este enlace y es gratis.

Continuamos con este hermoso estudio “Encontrando a Jesús en el Antiguo Testamento” y reflexionamos si continuamente vemos a Jesús a lo largo de todos los pasajes de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.






Jesús es la cabeza de la nación grande compuesta de discípulos de todas las naciones como Él mismo mandó la gran comisión de Mateo 28:19-20 que dice: “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

La razón por la que somos Su familia es porque Cristo vivió una vida perfecta que nosotros no hubiéramos podido vivir ni lograr y Él murió completando la ley y aplacando la ira justa y santa de nuestro Dios.

Veamos Juan 11:51-52 que demuestra la anchura de esta promesa, y dice: “Ahora bien, no dijo esto de su propia iniciativa, sino que siendo el sumo sacerdote ese año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidos.”

Regresando a la torre de Babel, el Señor los esparció y ahora está recolectándolos. Se nota que Él los mandó a esparcir la tierra en Génesis, sabiendo que un día Él reunirá a todos en una sola familia, es importante entender que É es el rey sobre las naciones, y no solamente de aquellos que creen en Él, sino sobre todos. Y Él bendecirá o castigará según nuestra respuesta a lo que Él ha hecho por nosotros. Aquellos que acepten su regalo de la salvación y vivan por Él tendrán salvación eterna, sin embargo, aquellos que rehúsan aceptarlo tendrán condenación. Eso es algo que uno tiene que pensar bien porque el corazón es engañoso, Eclesiastés dice que todos nosotros creemos tener la razón siempre.

¿Creemos nosotras en el Dios que hace lo imposible?
Nos hemos basado en la vida de Abraham y en cómo Jesús aparece en su vida porque él puso su fe y confianza en la promesa de Dios de ese Mesías que vendría, del cual serían benditas todas las naciones de la tierra a través del hijo del Espíritu que fue Isaac, el hijo de la promesa.

Necesitamos pensar muy bien acerca de nuestra condición eterna, de la salvación que encontramos en Jesús por la sola fe en Él y que eso nos hace obrar en obediencia cuando ya somos salvas. Los judíos estaban esperando una tierra física o geográfica (El Canaán) sin embargo, Dios estaba prometiendo algo más allá de solo Canaán.

Esa es la razón por la cual Jesús dijo en Juan 14:2 “En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros.” Eso nos trae a la mente la torre de Babel, ellos querían fabricar una ciudad y Jesús está diciendo Mi Padre tiene una ciudad aquí, y tiene muchas moradas.

Jesús está en el final de su ministerio terrenal cuando habla de esto, dentro de poco Él iba a morir y resucitar y está tratando de explicar a sus discípulos que ellos no entienden el plan total de Dios, pero que confíen, que está ese cuidado y trabajo en favor de nosotros los redimidos.

No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros.
Juan 14:1-3

Esta escritura nos deja ver que es para aquellos que creen en Dios y en Jesucristo. Y como Él dijo en Mateo 28 que estaría con nosotros hasta el fin del mundo, aquí está diciendo que Él vendrá de nuevo.

Es bueno mencionar que es creer en Dios y en Jesucristo porque hoy en día casi todo el mundo cree en Dios. Pero la creencia en Dios no es solamente en el reconocimiento de un creador, sino que ese creador envió a un Salvador que es solamente Jesucristo y por la fe en Él. Además, que no solo es conocer de Jesús sino, conocer personalmente a Jesús, es decir, que Él me conozca a mí. Que tenga Señorío en mí.

Él vendrá para traernos a la ciudad eterna, en Hebreos 11:9-10 habla de la fe de la familia de Abraham y nos dice: “Por la fe habitó como extranjero en la tierra de la promesa como en tierra extraña, viviendo en tiendas como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa, porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.”

El versículo 13 nos explica que todos ellos murieron en fe sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto y aceptado con gusto desde lejos, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.

Hebreos 11:16 nos hace saber que la patria no era de este mundo, veamos:

Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, celestial. Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad.”

Y esta ciudad se ve en Apocalipsis 21:10 donde nos dice: “Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios,” y el resto del capítulo explica toda su Gloria. En la misma forma que Abraham no entendía lo que Dios estaba haciendo, sin embargo, lo creyó por fe, nosotras también. Así como Abraham tenemos que hacer lo mismo, no vamos a entender todo, pero si podemos creerlo todo cuando viene de Dios porque en Él no hay sombra de variación, Él es veraz y nosotros no.

La promesa hecha a Abraham de hacer su descendencia más numerosa que las estrellas, fue hecha realidad en Jesucristo, la promesa de que su descendencia sería una bendición para todas las naciones también fue hecha realidad en Jesucristo.

Abraham vivió por fe y no por vista, nosotras tenemos que hacer lo mismo. Abraham creyó a Dios, aunque la lógica decía que era imposible, sin embargo, Dios estaba prometiendo al Mesías y por eso Génesis 15:6 nos relata: “Y Abram creyó en el Señor, y Él se lo reconoció por justicia.”

Nos recuerda al profeta Habacuc 2:4 diciendo “mas el justo, por la fe vivirá” Abraham vivió por fe y nosotros los creyentes de hoy también estamos llamados a vivir por fe.

Pablo nos habla sobre Abraham en Romanos 4:18-22 y cita:
“El creyó en esperanza contra esperanza, a fin de llegar a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.Y sin debilitarse en la fe contempló su propio cuerpo, que ya estaba como muerto puesto que tenía como cien años, y la esterilidad de la matriz de Sara; sin embargo, respecto a la promesa de Dios, Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, y estando plenamente convencido de que lo que Dios había prometido, poderoso era también para cumplirlo. Por lo cual también su fe le fue contada por justicia.”

Pablo continúa explicando en versículos 24 y 25 que su fe fue en Jesucristo, “sino también por nosotros, a quienes será contada: como los que creen en aquel que levantó de los muertos a Jesús nuestro Señor, el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación.”

Abraham sabía que era imposible que él mismo completara las promesas de Dios, sino que era solo Dios quien podía completarlas y él decidió creer en lo imposible porque creyó en el Dios de lo imposible y su fe en Dios fue lo que abrió el canal para que pudiera seguir la justicia del único justo que ha vivido: Jesucristo.

Génesis 15:6 no nos dice que Abraham fue justo, sino Dios. Se le reconoció por justicia, no porque era justo sino porque su creencia en el Mesías que vendría lo hizo justo a los ojos de Dios. Eso es lo que se conoce como la justificación.

¿Y qué de nosotras? ¿Hay cosas en nuestra vida que parece imposible? ¿Estamos creyendo a Dios?
Abraham tenía 100 años, era débil en su cuerpo para procrear, pero siguió teniendo hijos y se cumplió la promesa.

Romanos 1:17 nos enseña “El justo por la fe vivirá” que es Pablo citando a Habacuc.
¿Estamos confiando en las promesas de Dios? ¿Tenemos miedo de testificar de Jesús a las personas que nos rodean? Jesús dijo en Marcos 8:38 “sino también por nosotros, a quienes será contada: como los que creen en aquel que levantó de los muertos a Jesús nuestro Señor, el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación.” Y hemos leído también que Él salvará a personas de cada tribu, lengua y nación así que esto nos garantiza que en cada país habrá personas que creerán en Él. Así que vayamos y hagamos discípulos porque Él ha garantizado los resultados aún si nosotras no lo vemos. No nos pide que entendamos lo que está haciendo, sino que creamos en Él y en su perfecto obrar.

Pidamos a Dios que abra nuestro entendimiento para asimilar todas estas verdades y acercarnos en fe a Él con una vida de obediencia completa y rendición a Su voluntad.

Esta semana oramos y meditamos, evaluando si estamos creyendo a Dios, nuestra salvación depende de nuestra fe y la fe está probada por nuestras acciones.




Hasta aquí el estudio de este bello tema. ¡Nos leemos pronto!

En Su Gracia

K A R L A



Damos muchas gracias a Dios por cada hermana del ministerio Mujer para la Gloria de Dios quienes nos dieron la oportunidad de compartir este estudio, un estudio de mucha bendición y edificación para el cuerpo de Cristo. Visita también Soy Mujer de Valor y déjanos tus comentarios. ¡No olvides que puedes escuchar el estudio en vivo directamente en este enlace!
Te pedimos nos apoyes en oración, por ellas y por nosotras para que podamos seguir llevando el mensaje del evangelio para edificación de su pueblo y la expansión del reino de Cristo. Oren por nuestra protección también para seguir adelante con su encomienda.

La próxima semana estudiaremos “El Dios del pacto” ¡No te lo pierdas! ¡Dios te bendiga!


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