El Dios del pacto {primera parte}


Para comenzar…
Como cada lunes, te comparto el cuestionario del tema de esta semana con las preguntas para completar de acuerdo con tu estudio y preguntas para reflexionar.

Oremos pidiendo que el Espíritu Santo nos dé sabiduría y nos muestre lo que Dios desea mostrarnos, a través de los versículos que estudiaremos.





¿Tu corazón ha sido circuncidado por Cristo? “Pues el Señor tu Dios es Dios compasivo; no te abandonará, ni te destruirá, ni olvidará el pacto que El juró a tus padres.” Deuteronomio 4:31

La semana pasada estudiamos la vida de Abraham y como él mantuvo su fe esperando que Dios cumpliera su propósito en proveer el Mesías a través de su descendencia con Sara; a pesar de que ella fue estéril toda la vida él siguió creyendo a Dios. Sara tenía 90 años cuando nació Isaac, la fe en Dios a pesar de la imposibilidad de la situación fue lo que le otorgó la salvación y abrió el canal para que el Mesías entrara en el mundo para todos nosotros.

Hay tantas cosas que habían ocurrido con Abraham y su familia que es necesario que paremos un momento y busquemos las analogías que usó Dios para mostrarnos a Jesús en esta familia. Dios había prometido a Abraham un hijo a través de Sara, sin embargo, él tuvo que esperar 25 años antes de ver cumplida la promesa.

Pudiéramos preguntarnos ¿acaso Dios no había podido darle su hijo antes? Por supuesto que sí, pero Dios le había dicho a Abraham que él tendría a su hijo cuando Sara se embarazara después de años siendo estéril.Y es que era una manera tan evidente de que ellos supieran que había sido obra de Dios y no de ellos.

Sin embargo, la forma de entender lo que Dios está haciendo es haciendo diversas preguntas. Dios esperó hasta que Sara estuviera en la menopausia porque Génesis 18:11 nos dice: “Abraham y Sara eran ancianos, entrados en años; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres.” Entonces vemos que es obvio que Dios quiere que no quepa ninguna duda de que es Él haciendo el trabajo.

Como hablamos la semana pasada, Isaac era el hijo de la promesa, y debemos preguntarnos ¿de qué promesa? de la que está escrita en Génesis 12:3 que dice: “Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.” Para bendecir todas las naciones y no solo a los judíos, tendría que haber alguien que fuera universal, que bendijera a todas las naciones y ¿quién era esa persona que podía bendecir a todas las naciones? El Mesías Jesucristo.

Los judíos no entendían esto, y de hecho aún no lo entienden; sin embargo, Dios estaba revelando su plan a través de estos acontecimientos. Entonces, ¿por qué Dios esperó que Sara tuviera 90 años? Una situación totalmente imposible para que ella tuviera el hijo a través de quien vendría el Mesías. Especulamos que es para que cada una de nosotras entendamos que la salvación no depende de nosotras mismas, sino que viene de Dios, es totalmente de Él.

En Juan 15:16 Jesús nos dice: “Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros, y os designé para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.” Pablo lo confirma en Romanos 3:11 cuando dice: “No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios” Pablo también lo explicó en efesios 2:1,5 que dice: “Y Él os dio vida a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados)”

Entonces, no depende de nosotras, sino que todo es de Dios. Es increíble que, en pasajes bien conocidos, a menos que indaguemos pasamos por alto que está apuntando hacia Jesús. La promesa que Dios dio a Abraham y Sara, era una promesa física con una dimensión espiritual y eterna que ellos no entendían totalmente cuando les fue dada.

Nosotras no queremos cometer el mismo error que ellos y no ver la perspectiva eterna de lo que está ocurriendo. Efesios 1:3 nos informa: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” se nota que está hablando de bendiciones espirituales y no necesariamente físicas; nosotras no podemos transferir las promesas a todo lo que queremos. He oído a personas decir “me gusta esto y voy a pisarlo y reclamarlo para mí, Dios es quien decide lo que tenemos en esta vida. La pregunta que tenemos que hacernos es ¿Estamos satisfechas en lo que Él nos ha regalado?

Veamos otro acontecimiento que demuestra que todo es de parte de Dios y no de nosotras, leamos Génesis 15:1 que dice: “Después de estas cosas la palabra del Señor vino a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram, yo soy un escudo para ti; tu recompensa será muy grande.” Abraham le recuerda a Dios Su promesa y también le recuerda que él está sin hijos, Dios entonces “lo llevó fuera, y le dijo: Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y Abram creyó en el Señor, y Él se lo reconoció por justicia.” (Gén 15:5-6).

Abraham creyó a Dios, sin embargo, por la imposibilidad de la situación todavía tenía sus dudas porque aun no tenían hijos, y le pregunta al Señor en el versículo 8 “Oh Señor Dios, ¿cómo puedo saber que la poseeré?”

Leamos la forma en la que Dios le contesta: “Él le respondió: Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón. él le trajo todos éstos y los partió por la mitad, y puso cada mitad enfrente de la otra; mas no partió las aves. Y sucedió que a la puesta del sol un profundo sueño cayó sobre Abram, y he aquí que el terror de una gran oscuridad cayó sobre él” (Gén 15:9-10,12). Luego Dios le explica que la nación judía iba a pasar por tiempos difíciles en el exilio por cuatro generaciones. Después Dios castigará a la nación a quien sirvan y ellos regresarán a la tierra. Miremos el pacto que Dios hizo con Abraham (Génesis 15:17)

Y aconteció que cuando el sol ya se había puesto, hubo densas tinieblas,
y he aquí, apareció un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre
las mitades de los animales. En aquel día el Señor hizo un pacto con Abram, diciendo:
A tu descendencia he dado esta tierra,
desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates.


Hoy nos preguntamos: ¿Mi corazón ha sido circuncidado por Cristo?
Para entender bien lo que estamos leyendo y ver a Jesús en la historia, tenemos que conocer la cultura y sus prácticas en aquel tiempo porque son completamente ajenas a nosotras. En nuestra cultura cuando tenemos un acuerdo, cada parte busca un abogado y hace un contrato donde ambos lo firman. La forma en la que se hacía un pacto en aquel entonces, en los tiempos de Abraham, era precisamente sacrificando un animal y dividiéndolo en dos; cada parte caminaba entre el animal sacrificado simbolizando que si rompía el pacto, esto le ocurriría a quien lo rompiera. Es decir, sería cortado en dos si fallaba en cumplir la parte del pacto.

¿Quién pasó entre las mitades de los cadáveres? Solamente Dios. Génesis 17:1 “Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció, y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto.” Dios sabía que eso era imposible para Abraham como lo es para nosotras también, como Abraham no podía cumplir ese pacto, no fue invitado a pasar entre los animales, solo Dios lo hizo. ¡Qué misericordia de nuestro Dios! nos trae a la mente 1 Corintios 10:13 “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla”.

Abraham entendió que fue Dios haciendo el pacto con él, y como estaba hablando de nuevo sobre su descendencia. Dios está confirmando que es él quien mandará al Mesías,  como Abraham no podía vivir una vida perfecta, el Mesías sí lo haría y será transferido a nuestra cuenta como si fuéramos nosotros quien lo vivía.

No queremos pasar por alto que Dios estaba demostrando que el Mesías iba a pagar el precio por nuestros pecados; Dios ordenó a Adán y Eva en Génesis 2:16-17 “Y ordenó el Señor Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás.” Y siguieron viviendo, Dios tenía un plan ya. Puesto que pecaron y aunque murieron espiritualmente, no murieron físicamente por el plan de redención que ya tenía preparado. La muerte física les llegó eventualmente, una muerte que no llegaría a menos que comieran de ese árbol, lo cual sucedió.



Con esta afirmación terminamos el día de hoy, esperamos nos acompañes el próximo miércoles para continuar estudiando “El Dios del pacto” en este bello estudio de “Encontrando a Jesús en el A.T.”


Recuerda de orar y visitar Mujer para la Gloria de Dios para que puedas escuchar el estudio y contestar tu cuestionario mientras eres edificada con la hermana Cathy Scheraldi de Núñez, quien nos ha dado la oportunidad de compartir este bello estudio de su autoría.


¡Nos leemos pronto!

En Su Gracia

K A R L A

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