El Reino que perdura eternamente {segunda parte}



Hola mi amada hermana, en la primera parte de este estudio hablamos acerca del día de Pentecostés. ¿Qué ocurrió ese día? Hoy continuamos escudriñando a través de esa historia para encontrar la similitud en los habitantes de Sinar y por qué hay una conexión para encontrar a Jesús en ella.

Recuerda que, si no has descargado el cuestionario correspondiente a este tema, lo puedes hacer directamente aquí, sin costo alguno para que puedas ir contestándolo conforme estudies con nosotras. 
El día de hoy nos formulamos la pregunta: ¿Estoy construyendo mi propio Reino?





 El amor de Dios es un gran regalo. Esta relación con el Señor es algo que no tiene precio, nosotras éramos sus enemigas y por la sola fe en el hijo de Dios, hemos venido a ser familia, suyas y esto no es sencillo de explicar para quienes no han nacido de nuevo. Pero cuando eres nacido de nuevo tú tienes ese sentir, ese anhelo lo tendremos por toda la eternidad; según avancemos en nuestro proceso de santificación le experimentamos más, le obedecemos más, y en la eternidad ya todo será color de rosa.
Hay otra cosa que el día de Pentecostés revirtió, recordamos que en Genesis 11:4 nos dice: Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta los cielos, y hagámonos un nombre famoso, para que no seamos dispersados sobre la faz de toda la tierra.” Ellos por su propia voluntad estaban tratando de edificar una torre para llegar a los cielos, y si evaluamos la Biblia panorámicamente desde el jardín del Edén, Dios ha demostrado que Él nos busca a nosotras, ¿Qué ocurrió en Pentecostés?

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse.
Hechos 2:1,4

La parte de la historia de Babel nos recuerda el jardín de Edén, ellos querían ser como Dios. No es diferente hoy en día, la gente está buscando la fama, la riqueza, el poder para con ello ser como Dios. sin embargo, es fútil porque Dios nos ha dicho en Isaías 48:11 … Mi gloria, pues, no la daré a otro.” Nosotras somos sus criaturas pero cuando respondemos a su llamado nos asegura en Juan 1:12 Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre”  así que las criaturas se convierten en hijos e hijas cuando creen en el nombre de Jesús, y nuestra fama, nuestro poder, nuestra riqueza está donde nuestra ciudadanía está localizada, en el reino de los cielos, no necesariamente en este mundo.

Otra cosa que podemos ver en el día de Pentecostés es la comunicación. ¿Cuál fue la respuesta de Dios a las personas de Sinar? Génesis 11:7-8 nos dice: Vamos, bajemos y allí confundamos su lengua, para que nadie entienda el lenguaje del otro. Así los dispersó el Señor desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.” ¿Y qué hizo el Señor en el día de Pentecostés? Hechos 2:4 nos dice: Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse.”  Si hay una cosa que he aprendido en mi caminar con el Señor, es que sus caminos no son nuestros caminos como Isaías 55:9 nos dice, nuestra obligación es seguir sus huellas y no hacer las cosas en nuestra forma.

Él tiene un plan. Su plan es perfecto y Su sabiduría es incomparable e inescrutable. Hechos 2:5-6 nos muestra el impacto que tuvo en los ahí presentes: Y había judíos que moraban en Jerusalén, hombres piadosos, procedentes de todas las naciones bajo el cielo. Y al ocurrir este estruendo, la multitud se juntó; y estaban desconcertados porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.” ¿Quién pensaría que Dios obrara así? Y de nuevo, Dios está demostrando que Él está haciendo la obra, no nosotras. Dios separa a su pueblo del mundo para crear su familia; y mira el impacto que tuvo en Hechos 2:44-47 nos dice: “Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos.”
El juicio de Dios en Sinar fue reemplazado con una bendición para Su pueblo, y podemos notar el otro lado de la moneda en que el juicio fue para dispersar y separar las personas para que no pudieran entender uno al otro; eso estaba impidiendo la obra pecaminosa que estaba realizando, ahora con la regeneración de nuestra mente lo vemos de una forma totalmente diferente para evaluar la vida.

Esto nos separa del mundo mientras nos une a nuestra familia, la iglesia. Aunque no es otra lengua realmente, nuestra forma de hablar es entendible solamente por los otros cristianos, mientras el mundo no lo entiende como 1 Corintios 2:14 nos explica: Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente.”

La única forma de hacer la obra de Dios es en la forma que Él quiere. Si te sientes frustrada en lo que estás haciendo, nosotras recomendamos parar, orar y evaluar si lo que estás haciendo es lo que el Señor realmente quiere para ti, quizás no estás haciéndolo en la forma o en el tiempo que Él quiere que lo hagas. El pastor Miguel Núñez dice que es maravilloso cuando se intercepta la voluntad de Dios con el tiempo de Dios, porque ambos son importantísimos.

Dios siempre contesta nuestras oraciones de una de las siguientes 3 formas: Si, No o espera. Quizás estás haciendo algo que Dios quiere que otra persona haga, o que lo delegues o que pidas ayuda, o quizás estás haciéndolo de alguna forma o actitud pecaminosa, pues, en ocasiones hacemos cosas buenas con actitudes caídas, erróneas.
Recordemos que Dios mira el corazón. Quizás estás haciéndolo en una forma que no le agrada y te está diciendo que eso que estás haciendo está perfecto, sin embargo, no es el tiempo. Como claramente lo vemos en la historia de Moisés; él está recibiendo un llamado, sin embargo, años pasaron antes de que él comenzara a sacar a las personas de Egipto.

Necesitamos evaluarnos y ver las motivaciones del por qué estamos haciendo lo que estamos haciendo, porque Dios tiene un plan para cada una de nosotras y muchas veces nuestras motivaciones son pecaminosas, y mira a Moisés, si él no hubiera pasado esos 40 años en el desierto, él no tenía el carácter listo para sacar a esa gente de Egipto. El Señor trabaja en las personas, en nosotras y es haciendo todo para que los acontecimientos se intercepten, porque Él tiene su propósito y es para nuestro bien.

Dios nos guarda, pero no siempre lo vemos porque creemos estar bien pues tenemos el corazón engañoso y nos justificamos y nos auto decepcionamos creyendo que estamos viviendo para Dios, cuando en realidad hacemos lo que hacemos con motivaciones egoístas. Y esto no es diferente para las personas en el ministerio, siempre tenemos que preguntarnos: ¿Estamos trabajando para Dios o para mí iglesia? O aun peor ¿Para brillar nosotras? el corazón es engañoso, tenemos que pausar y ver nuestras motivaciones. Quizás decimos que estamos haciendo las cosas para Dios cuando en realidad estamos haciéndolo tratando de lucir mejor que las otras mujeres, o mejor que otras iglesias o que otras culturas u otros ministerios, etc.

La pregunta de esta semana es: ¿Estamos construyendo solo nuestro reino o estamos edificando para que el Reino de Dios se esparza por toda esta tierra?
Cuando hacemos un freno y vemos que estamos haciendo las cosas con motivaciones incorrectas, es necesario arrepentirnos y pedir perdón a Dios. Esto debiéramos hacerlo continuamente pues el orgullo y egoísmo son como una mala yerba, cada vez que creemos que lo hemos arrancado, sale nuevamente.

Las personas en Sinar estaban tratando de hacerse un nombre para sí mismos Génesis 11:4 
Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta los cielos, y hagámonos un nombre famoso, para que no seamos dispersados sobre la faz de toda la tierra.”  Su meta obviamente no era glorificar a Dios. Para resumir lo que estamos diciendo, no es que debemos hacer las cosas que Dios quiere y que las hagamos en la forma en la que Él quiere, sino que también, debemos hacerlo con las motivaciones e intenciones que Dios quiere que tengamos, pues es principalmente para la Gloria de Dios y no para nosotras.

Al leer este pasaje nos damos cuenta que, los habitantes de Sinar no solamente estaban edificando una torre, sino una ciudad, y Él nos ha dicho que nuestra ciudad, o nuestro hogar no es aquí, sino que somos peregrinos porque el Señor está preparando una ciudad para nosotras, la Nueva Jerusalén como leemos en Apocalipsis 21:2 que nos dice: Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo.”

Ahí es donde está nuestra ciudadanía, y Jesús explicó que su Padre tenía muchas mansiones, leamos en Juan 14:3 Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros.” Pero nota que en todo esto Cristo dice “Yo, yo, yo” porque Él es quien nos salva, nos cambia, Él hace toda la obra que estamos realizando y después, Él va a volver por nosotros. Es Él, Él, Él y solamente Él. Tenemos que ser obedientes para que Él nos use.

Cristo ha preparado un lugar para cada uno de sus hijos. Filipenses 3:20-21 nos recuerda. “Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aún para sujetar todas las cosas a sí mismo.”  nos da esperanza con la lucha que tenemos con el pecado remanente, con las luchas diarias porque Él está preparando una morada y nuestra ciudadanía está allá. Es posible que no tengamos dinero para comprar casas en esta vida, pero la de allá está asegurada, Cristo ya la compró y tiene nuestro nombre en ella.

Confirmando que todo debe ser como Dios quiere, Salmos 127:1 nos ayuda a entender más este concepto: “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican, si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia”. Esto es lo que sucedió en la ciudad de Sinar, y lo que nos pasará a nosotras si no caminamos como Él quiere.



Por hoy terminamos el estudio esperando que haya sido de mucha bendición, te pedimos que no dejes de visitarnos el próximo viernes para terminar con este tema de “El reino que perdura Eternamente”

Recuerda de orar y visitar Mujer para la Gloria de Dios para que puedas escuchar el estudio y contestar tu cuestionario mientras escuchas y eres edificada con la hermana Cathy Scheraldi de Núñez, quien nos ha dado la oportunidad de compartir este bello estudio de su autoría.

¡Nos leemos pronto!

En Su Gracia
K A R L A


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