Jesús, el único que puede ser favorito {Primera parte}




Para comenzar…
Como cada lunes, te comparto el cuestionario del tema de esta semana con las preguntas para completar de acuerdo con tu estudio y preguntas para reflexionar.

Oremos pidiendo que el Espíritu Santo nos dé sabiduría y nos muestre lo que Dios desea mostrarnos, a través de los versículos que estudiaremos.







Hoy queremos descubrir dónde podemos encontrar a Jesús en la vida de Jacob hijo de Isaac y Rebeca. Recordemos un poquito de la vida de Jacob. Su hermano Esaú era el primogénito, sin embargo, Rebeca y Jacob sabían desde antes que Esaú naciera que iba a servir a Jacob, como leemos en Génesis 25:21-23

Y oró Isaac al Señor en favor de su mujer, porque ella era estéril; y lo escuchó el Señor, y Rebeca su mujer concibió. Y los hijos luchaban dentro de ella; y ella dijo: Si esto es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar al Señor. Y el Señor le dijo:
Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos se dividirán desde tus entrañas;
un pueblo será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor.


¿Estamos buscando una relación con Dios o solo sus bendiciones?

Resaltemos como madre un error que podemos ver en toda la historia de Isaac y Rebeca, el favoritismo. Amamos a nuestros hijos pues son regalos de Dios, sin embargo, hay unos hijos que quizás por razones de personalidad tiene más afinidad con uno de los padres, ya sea por que tienen algo en común o porque tienen temperamentos afines, Génesis 25:27-28

Los niños crecieron, y Esaú llegó a ser diestro cazador, hombre del campo; pero Jacob era hombre pacífico, que habitaba en tiendas. Y amaba Isaac a Esaú porque le gustaba lo que cazaba, pero Rebeca amaba a Jacob.”


Vemos aquí la afinidad de un padre con uno por ser cazador mientras que el otro era más tranquilo. Recordemos que los padres sabían la situación en la que vivían era opuesto a lo que normalmente ocurría, todo esto producía celos entre estos hermanos porque había un favoritismo muy marcado. Y por esto ellos necesitaban ser sabios en cómo manejarlos, sin embargo, fueron necios, fallaron en esto.

Y cuando leemos la historia, podemos ver que el conflicto mayor entre los hermanos fue producto justamente de este favoritismo.

Aun en nuestro rol como madres necesitamos morir a nuestros deseos y vivir como Efesios 4:22-24 nos instruye: que, en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, y que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente, y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad.”

Si Rebeca e Isaac hubieran manejado la situación con más sabiduría, ni ellos ni sus hijos hubieran pasado tanto dolor y trabajo. Ellos sabían que el mayor iba a servir al menor, debían tener más sabiduría para prepararlos para eso. Viendo a Jacob en Génesis 25, leemos que Esaú llegó del campo agotado y Jacob había preparado un potaje, y en lugar de ofrecerle comida a su hermano cuando este pidió para compartirle, leamos como le respondió Jacob en el versículo 31 Pero Jacob le dijo: Véndeme primero tu primogenitura.” y sabemos que la respuesta en los versículos 32-34 dice:

Y Esaú dijo: He aquí, estoy a punto de morir; ¿de qué me sirve, pues, la primogenitura? Y Jacob dijo: Júramelo primero; y él se lo juró, y vendió su primogenitura a Jacob. Entonces Jacob dio a Esaú pan y guisado de lentejas; y él comió y bebió, se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.

Obviamente, el comportamiento de ambos hermanos fue malo. Por un lado, Jacob por amor a su hermano debió ofrecerle comida y no aprovecharse de la situación; por otro lado, Esaú debió apreciar más su primogenitura.

Y es que recordemos que quien recibía la primogenitura, le correspondía a él solo, el total de la mitad de la herencia de la familia, y la otra mitad entonces, era dividida entre los otros hermanos. El primogénito también se convertía en el líder de la familia cuando el padre moría, obviamente Esaú solamente pensó en las implicaciones a corto plazo y no en su futuro; lo cual nos revela un poco de su personalidad.

En Génesis 26, Dios renueva el pacto que Dios hizo con Abraham a Isaac en los versículos 2-5:

Y se le apareció el Señor, y dijo: No desciendas a Egipto; quédate en la tierra que yo te diré. Reside en esta tierra y yo estaré contigo y te bendeciré, porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré contigo el juramento que juré a tu padre Abraham. Y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y en tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque Abraham me obedeció, y guardó mi ordenanza, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.

Esto demuestra lo que 2 Timoteo 2:13 nos enseña: si somos infieles, El permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo.” increíble como el Antiguo y en Nuevo Testamento se entrelazan. Esta fidelidad de Dios se manifestó de nuevo con Jacob en génesis 27 leemos cuando Jacob engañó a su padre y hermano con ayuda de su madre. Vemos claramente el favoritismo de los padres en esta historia y cómo esto afectó a la familia entera.

Recordemos que en el capítulo 25 Dios les dijo que Esaú, el favorito de Jacob, serviría a Isaac, el favorito de Rebeca y ya sabemos que Jacob tenía la primogenitura porque Esaú se la entregó. Ahora veamos a Isaac en Génesis 27:1-4 tratando de alterar la voluntad de Dios con su favorito Esaú:

Y aconteció que, siendo ya viejo Isaac, y sus ojos demasiado débiles para ver, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él le respondió: Heme aquí. Y dijo Isaac: Mira, yo soy viejo y no sé el día de mi muerte. Ahora pues, te ruego, toma tu equipo, tu aljaba y tu arco, sal al campo y tráeme caza y prepárame un buen guisado como a mí me gusta, y tráemelo para que yo coma, y que mi alma te bendiga antes que yo muera.

Rebeca, al no confiar en la promesa de Dios, comienza a maquinar en contra de su esposo e hijo mayor en Génesis 27:5-10 “Rebeca estaba escuchando cuando Isaac hablaba a su hijo Esaú. Y cuando Esaú fue al campo a cazar una pieza para traer a casa, Rebeca habló a su hijo Jacob, diciendo: He aquí, oí a tu padre que hablaba con tu hermano Esaú, diciéndole: “Tráeme caza y prepárame un buen guisado para que coma y te bendiga en presencia del Señor antes de mi muerte.” Ahora pues, hijo mío, obedéceme en lo que te mando. Ve ahora al rebaño y tráeme de allí dos de los mejores cabritos de las cabras, y yo prepararé con ellos un buen guisado para tu padre como a él le gusta. Entonces se lo llevarás a tu padre, que comerá, para que te bendiga antes de su muerte.”

Al leer esto, viene a nuestra mente la historia de Gálatas 6:7 donde dice: No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará.”

¿Qué estaría pensando Rebeca?

Veamos en Génesis 27:11-12 la reacción de Jacob a la sugerencia de su madre: “Jacob dijo a su madre Rebeca: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velludo y yo soy lampiño. Quizá mi padre me palpe, y entonces seré para él un engañador y traeré sobre mí una maldición y no una bendición.”

Él no está preocupado porque engañará a su padre y hermano, sino porque si el engaño no funciona, él recibirá una maldición. Su respuesta fue tan pecadora, no solamente por obedecer al engaño que estaban tramando, sino también por su preocupación, nada que ver con Dios o con la honra a su padre y el engaño a su hermano. No quería parecer lo que era: el engañador.

Increíble lo engañoso que puede ser nuestro corazón. Rebeca le estaba dando un horrible ejemplo a su hijo, sin embargo, Jacob ya era un adulto, no un niño inocente que no pudiera cuestionar lo que su madre pedía. Se estima que para este momento Jacob debía tener alrededor de 40 años, o sea, un hombre con suficiente edad como para reconocer que lo que su madre le estaba pidiendo hacer estaba mal. Rebeca cocinó el guisado y buscó las vestiduras de Esaú y vistió a Jacob.

Vemos su respuesta en Génesis 27:18-19 donde dice: “Entonces él fue a su padre, y dijo: Padre mío. Y éste respondió: Aquí estoy. ¿Quién eres, hijo mío? Y Jacob dijo a su padre: Soy Esaú tu primogénito. He hecho lo que me dijiste. Levántate, te ruego. Siéntate y come de mi caza para que me bendigas.”

Aun la presencia física de su padre no frenó a este hijo para mentirle y engañarlo, y vemos que el Señor le dio otra oportunidad para arrepentirse cuando leemos en el versículo 20 que dice: E Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la has encontrado tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque el Señor tu Dios hizo que así me acaeciera.”

Él está en medio de una mentira y engaño y está implicando a Dios mismo. ¿No te recuerda esto a alguien? Leamos Génesis 3:11-12 “Y Dios le dijo: ¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual te mandé que no comieras? Y el hombre respondió: La mujer que tú me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.”  Nota “la mujer que TÚ me diste.”

Sin embargo, creo que esto es peor porque Jacob está diciendo una mentira sobre Dios para engañar a su papá. Jacob se acerca a su papá para que este pueda sentir sus manos velludas. Isaac dice en Génesis 27:22 Jacob se acercó a Isaac su padre, y él lo palpó y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú.” Y Dios le da otra oportunidad de arrepentirse cuando Isaac le pregunta de nuevo en el versículo 24 “¿eres en verdad mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: yo soy.”

Jacob sirve la comida que su madre había hecho a Isaac, le pide a Jacob acercarse para besarlo, Jacob lo besó y luego Isaac lo bendijo. ¿Se percatan que parte del engaño es un beso? ¡un beso! Este es un gran engaño, hay mucha maquinación, mucha maldad y nos recuerda como Judas entregó a Jesús, como leemos en Lucas 22:47 que dice: “Mientras todavía estaba El hablando, he aquí, llegó una multitud, y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos, y se acercó a Jesús para besarle.”

Jesús era omnisciente y entendió lo que estaba pasando, y esto lo leemos en el versículo 48 Pero Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?” muchas veces nosotras no podemos entenderlo todo, y por eso es tan importante que estemos caminando en su discernimiento, como Colosenses 2:6 nos dice: Por tanto, de la manera que recibisteis a Cristo Jesús el Señor, así andad en Él” no tomemos nuestras acciones a la ligera, sepamos que en todo momento estamos hablando y testificando de Cristo en nuestra vida si nos hemos confesado como cristianas.


Con esta afirmación terminamos el día de hoy, esperamos nos acompañes el próximo miércoles para continuar estudiando “Jesús, el único que puede ser favorito” en este bello estudio de “Encontrando a Jesús en el A.T.”

Recuerda de orar y visitar Mujer para la Gloria de Dios para que puedas escuchar el estudio y contestar tu cuestionario mientras eres edificada con la hermana Cathy Scheraldi de Núñez, quien nos ha dado la oportunidad de compartir este bello estudio de su autoría.

¡Nos leemos pronto!

En Su Gracia

K A R L A

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