El eterno y sumo sacerdote {Primera parte}




Para comenzar…
Como cada lunes, te comparto el cuestionario del tema de esta semana con las preguntas para completar de acuerdo con tu estudio y preguntas para reflexionar.
Oremos pidiendo que el Espíritu Santo nos dé sabiduría y nos muestre lo que Dios desea mostrarnos, a través de los versículos que estudiaremos.
¿Es una meta de nuestra vida acercarnos más a Cristo?




Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotrospero sin pecado.
Hebreos 4:14-15

La semana pasada estudiamos a Jesús en el tabernáculo e identificamos cómo Jesús estuvo presente en diferentes formas. Esto nos debe resultar lógico porque el tabernáculo era el sitio donde se hacían los sacrificios y aquello apuntaba hacia la redención.

Hoy queremos buscar a Jesús en el sacerdocio. La forma en la que Dios instituyó el sacerdocio a través de Moisés fue consagrando a su hermano Aarón y sus hijos, esto lo puedes leer en Levítico 8.
Leamos los versículos 33- 34

Y no saldréis de la entrada de la tienda de reunión por siete días, hasta que termine el período de vuestra consagración; porque por siete días seréis consagrados. El Señor ha mandado hacer tal como se ha hecho hoy, para hacer expiación a vuestro favor.”

Dios nos está comunicando varias cosas aquí: primero, que somos pecadores, incluyendo los sacerdotes. Segundo, que el pecado es serio ante los ojos de Dios, y tercero, que ellos necesitaban consagrarse antes de presentarse ante Dios, cuarto punto que Dios nos muestra, es que Él mismo fue quien instituyó la forma en la que ellos tenían que consagrarse y quinto es que el perdón del pecado incluía el sacrificar un animal inocente.

Al leer el capítulo 8 podemos notar que los primeros en ser lavados fue la familia de Aarón, quienes luego se vistieron con la ropa real del sacerdocio incluyendo una tiara y una diadema santa de oro; luego Moisés los ungió a ellos, al tabernáculo y todo lo que en él había con aceite para consagrarlos.

El versículo 14 nos relata que Moisés “Entonces trajo el novillo de la ofrenda por el pecado, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del novillo de la ofrenda por el pecado.”

Aarón y sus hijos debían pedir perdón por sus propios pecados y por eso tenían que poner las manos en el animal antes de que Moisés lo degollara. El versículo 21 nos dice: “Después de lavar las entrañas y las patas con agua, Moisés quemó todo el carnero sobre el altar. Fue holocausto de aroma agradable; fue ofrenda encendida para el Señor, tal como el Señor había ordenado a Moisés.”

Para nosotras hoy en día que vivimos después de la crucifixión de Jesucristo, el simbolismo de eso nos resulta extraordinario y todo apuntando hacia Jesús. Ahora queremos ver cómo el sacerdocio también apunta a Jesús, el sacerdote era el intermediario entre el hombre pecador y el Dios santo. El sacerdote debía representar al Dios santo ante el pueblo.

Como todos somos pecadores, cada sacerdote tenía que limpiarse del pecado para poder interceder por el pueblo. Leamos Hebreos 8:1-2 “Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es éste: tenemos tal sumo sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre.”

Leamos también los versículos anteriores porque explican exactamente lo que estamos diciendo: Hebreos 7:26-28 nos dice: “Porque convenía que tuviéramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos, que no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, cuando se ofreció a sí mismo. Porque la ley designa como sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento, que vino después de la ley, designa al Hijo, hecho perfecto para siempre.”

Los sacerdotes levíticos eran pecadores al igual que nosotras y por ende podían entender nuestros pecados. Hebreos 4:15 nos dice: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotrospero sin pecado.”
Jesús se hizo hombre y sufrió la mismas tentaciones que tenemos nosotras al vivir en un mundo caído y aunque Jesús no pecó, Él experimentó lo que sufrimos nosotras con las tentaciones.

Y por esto Hebreos 2:17 nos dice: “Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo.” Como leemos en Levítico 8 Dios eligió a Aarón para ser el oficio del sacerdocio, Dios eligió a Jesús para ser nuestro sumo sacerdote como leemos en Hebreos 5:5-6 “De la misma manera, Cristo no se glorificó a sí mismo para hacerse sumo sacerdote, sino que lo glorificó el que le dijo: Hijo mío eres tú, Yo te he engendrado hoy; como también dice en otro pasaje: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.”

Este es uno de los pasajes que las personas usan para decir que Jesús no es Dios porque dice “Yo te he engendrado hoy” Jesús no pudiera ser Dios si no fuera eterno y Él lo es. Sin embargo, tenemos que recordar siempre que para interpretar las escrituras tenemos que hacerlo a partir de las mismas escrituras. Jesús mismo dijo a los judíos en Juan 8:58 “En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy.” Y Juan 1:1 que todos lo sabemos de memoria “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.”

Entonces, si la segunda persona de la Trinidad no nació por definición, debemos preguntarnos qué quiere decir Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy. Lo que encontramos es que Jesús no se glorificó a sí mismo, sino que al igual que como los levitas fueron elegidos por Dios, Dios Padre eligió y designó a Jesús para ser nuestro sumo sacerdote.

Salmos 110:4 leemos donde Dios lo predijo “El Señor ha jurado y no se retractará: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.” Los sacerdotes venían de la línea familiar de Aarón, sin embargo, Jesús vino de Melquisedec. ¿Por qué es así?

Encontramos varios principios. Primero, en el Antiguo Testamento había una separación entre los levitas y los reyes, sin embargo, Melquisedec fue sacerdote y rey así como Jesús. Segundo, hebreos 7:3 explica que Melquisedec no tuvo genealogía al igual que Jesús, entonces su sacerdocio duraría por siempre. “sin padre, sin madre, sin genealogía, no teniendo principio de días ni fin de vida, siendo hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote a perpetuidad.” Es decir, que lo Jesús hizo hace más de dos mil años es válido hoy en día y por siempre para todos nosotros.

El tercer punto es que el reino de Cristo sustituyó al reino de los levitas y por esto se anuló la necesidad de tener sacerdotes, lo que aprendemos en levítico son los simbolismos y el tipo de sacrificios y ofrenda que fueron necesarios cumplir a través de Jesús.

Y no es solamente que quedó anulado el sacerdocio de los levitas, sino que cambió el sacerdocio para todos los cristianos, como leemos en 1 Pedro 2:9 “Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” en el Antiguo Testamento los sacerdotes debían ser más santos que el pueblo y sabemos que muchas veces esto no fue la realidad.





Recuerda de orar y visitar Mujer para la Gloria de Dios para que puedas escuchar el estudio y contestar tu cuestionario mientras eres edificada con la hermana Cathy Scheraldi de Núñez, quien nos ha dado la oportunidad de compartir este bello estudio de su autoría.

¡Nos leemos pronto!

En Su Gracia

K A R L A


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