El Eterno y sumo sacerdote {Tercera parte}





Hoy continuamos con el estudio de Encontrando a Jesús en el Antiguo Testamento.  Si no pudiste descargar el cuestionario correspondiente al tema “El eterno y sumo sacerdote” aun puedes hacerlo, está disponible en este enlace y es gratis.

Continuamos con este hermoso estudio “Encontrando a Jesús en el Antiguo Testamento” y reflexionamos si continuamente vemos a Jesús a lo largo de todos los pasajes de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.





Nuestra salvación es eterna porque Jesús está eternamente intercediendo por nosotros, como Romanos 8:34 nos enseña “¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” Su vida perfecta que canceló nuestra deuda con el Padre es lo que determina su abogacía que también es eterna como 1 Juan 2:1 nos explica “Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.”

El último principio es que Él intercede por los que por medio de Él se acercan a Dios; el tiempo del verbo acercar está en acción continua, no es algo que hacemos el día que aceptamos a Cristo, sino que es algo que hacemos continuamente.

Pudiéramos pensar que si no cumplo la ley es porque perdí la salvación, sin embargo, es increíble que ni esto lo podemos hacer, Dios no dejó la salvación en nuestras manos para que dependa de nosotros como Hebreos 13:20-21 nos enseña “Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando El en nosotros lo que es agradable delante de El mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

Algo que agrada a Dios es cuando seguimos acercándonos y seguimos dependiendo de Él para todo.

Leamos hebreos 10:19-22 que demuestra el cambio que ha ocurrido en nosotros por el sacrificio de Cristo “Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que El inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne, y puesto que tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios,  acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura.”

El tema del libro de levítico es la santidad de Dios vs nuestra pecaminosidad y la necesidad de un sacrificio santo para cancelar la deuda que tenemos con Dios.

En todo el Antiguo Testamento y especialmente en Levítico, había una separación constante entre el hombre y Dios, en el día de la expiación que ocurría anualmente; en aquél entonces el sacerdote entraba en el santísimo dos veces al año, una para ofrecer sacrificio por sus propios pecados y la otra para ofrecer sacrificio por los pecados del pueblo.

Los libros históricos nos relatan que el sumo sacerdote elegido anualmente entraba con un cordón con una campana atada a su tobillo porque él no sabía si Dios iba a aceptar el sacrificio que hacía por sus pecados personales, y entonces, al entrar al atrio el Señor podía matarlo. Como nadie más podía entrar, el cordón era puesto para que alguien pudiera sacarlo. Esto no fue algo que ellos inventaron, sino que tenían ejemplo de otros sacerdotes que habían muerto al no realizar los sacrificios conforme Dios les ordenó. Levítico 10:1-2 nos cuenta lo que les pasó a los hijos de Aarón “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron sus respectivos incensarios, y después de poner fuego en ellos y echar incienso sobre él, ofrecieron delante del Señor fuego extraño, que Él no les había ordenado. Y de la presencia del Señor salió fuego que los consumió, y murieron delante del Señor.” Esto pudiera parecer cruel, pero es lo justo porque es un Dios Santo.

Cuando Jesús murió, la cortina que separaba el santísimo del área santa fue rota de arriba hacia abajo, significando que la separación que había hasta ese momento entre Dios y el hombre, terminaba, porque Dios aceptó el sacrificio y la deuda fue saldada con la muerte de nuestro sumo sacerdote Jesús. Y ahora como hebreos 10 nos dice podemos acercarnos con un corazón sincero, con la certidumbre de nuestra fe porque el corazón ha sido purificado de nuestra mala conciencia y nuestro cuerpo ha sido lavado con agua pura, por la sangre de Cristo Jesús.

La forma en que nuestra conciencia mala ha sido cambiada es por la morada del Espíritu Santo que Él nos ha dado y nos ha dado la mente de Cristo que leemos en 1 Corintios 2:16.

Esta semana, oremos y evaluemos si estamos acercándonos a Dios continuamente en nuestro diario vivir.



Hasta aquí el estudio de este bello tema. ¡Nos leemos pronto!

En Su Gracia

K A R L A


Damos muchas gracias a Dios por cada hermana del ministerio Mujer para la Gloria de Dios quienes nos dieron la oportunidad de compartir este estudio, un estudio de mucha bendición y edificación para el cuerpo de Cristo. Visita también Soy Mujer de Valor y déjanos tus comentarios. ¡No olvides que puedes escuchar el estudio en vivo directamente en este enlace!
Te pedimos nos apoyes en oración, por ellas y por nosotras para que podamos seguir llevando el mensaje del evangelio para edificación de su pueblo y la expansión del reino de Cristo. Oren por nuestra protección también para seguir adelante con su encomienda.

La próxima semana estudiaremos “Jesús en el cordero de pascua” ¡No te lo pierdas! ¡Dios te bendiga!



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