Jesús en el día de Pentecostés {Tercera parte}


Hoy continuamos con el estudio de Encontrando a Jesús en el Antiguo Testamento. Si no pudiste descargar el cuestionario correspondiente al tema “Jesús y el pan sin levadura” aun puedes hacerlo, está disponible en este enlace y es gratis.

Continuamos con este hermoso estudio “Encontrando a Jesús en el Antiguo Testamento” y reflexionamos si continuamente vemos a Jesús a lo largo de todos los pasajes de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.





En Santiago 3:1 Dios nos avisa “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos un juicio más severo.” Ojo con aquellos que tienen llamados a liderazgo pues es una gran responsabilidad la que Dios demandará. Del mismo modo a los padres y madres porque también aplica en el hogar pues nuestros hijos harán lo que nosotros le permitamos.

Enfoquémonos en Hechos 2 haciendo la comparación en la fiesta de pentecostés y tan pronto como los discípulos fueron bautizados en el Espíritu Pedro sale y predica su primer sermón, el cual no fue evangélico sino más bien confrontador y los resultados fueron divinos, aunque sabemos que el evangelio confronta.

Leamos cómo Pedro terminó su sermón en Hechos 2:36 “Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.” Él fue bastante confrontador y directo, sin embargo, vemos el resultado en los versículos 41-42 donde dice “Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil almas. Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración.”

Algo que nos llama la atención es ¿Cuántos murieron después de adorar el becerro? Tres mil personas y ¿cuántos fueron bautizados en ese tiempo de pentecostés en el Nuevo Testamento? Tres mil personas. El mismo número de personas que rehusó seguir a Dios en la fiesta de pentecostés en el Antiguo Testamento, fue la cantidad de salvos en el pentecostés de hechos 2. Dios es un Dios de detalles.

Comparemos el Antiguo y el Nuevo Testamento. La ley dada a Moisés fue escrita en tablas de piedra, sin embargo, la nueva ley ha sido escrita en los corazones del pueblo como dijo Jeremías 31:33 “porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días —declara el Señor—. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.”

Solamente por tener la ley conlleva la muerte como Romanos 7:9-10 “Y en un tiempo yo vivía sin la ley, pero al venir el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí; y este mandamiento, que era para vida, a mí me resultó para muerte” el Espíritu nos trae la vida como 2 Corintios 3:6 nos enseña “el cual también nos hizo suficientes como ministros de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.” Jesús mismo dijo a sus discípulos en Juan 6:63 “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.”

La ley en el Antiguo Testamento fue llamada el ministerio de la muerte porque ninguno podía cumplirla, sin embargo la ley del Espíritu Santo es el ministerio de la gloria como 2 corintios 3:7-9 nos instruye “Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, de tal manera que los hijos de Israel no podían fijar la vista en el rostro de Moisés por causa de la gloria de su rostro, que se desvanecía, ¿cómo no será aún con más gloria el ministerio del Espíritu? Porque si el ministerio de condenación tiene gloria, mucho más abunda en gloria el ministerio de justicia.”

Finalmente, la ley era basada en el sacrificio de sangre de animales que se ofrecían continuamente como nos relata el Antiguo Testamento, porque el ser humano por sí mismo no es capaz de quitar el pecado del hombre, sin embargo el Nuevo Pacto está basado en la sangre de Jesús a través de un pacto nuevo como hebreos 12:24 nos recuerda “y a Jesús, el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la sangre de Abel.” Como el pecado arruinó a un hombre creado en un principio perfecto y sin pecado, es decir Adán, solo un hombre perfecto y sin pecado podía pagar el precio una vez y para siempre y este es Jesús, quien pagó el precio por todos nuestros pecados, pasados, presente y futuros como hebreos 10:10 nos dice: “Por esta voluntad hemos sido santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo ofrecida de una vez para siempre.”

La realidad es que la fiesta de las semanas o Shavuot apuntaba hacia la necesidad de un salvador, Jesucristo. Él vino por los judíos y los gentiles haciéndonos a todos parte de un solo cuerpo al creer en su nombre. En el Antiguo Testamento se hace referencia al pueblo de Dios como un solo grupo basado en su nacionalidad de origen hebrea, más en el Nuevo Testamento, Su Pueblo, se refiere a todo el que confiesa a Jesús como su Salvador.
Aunque claro está que en el Antiguo Testamento hubo personas como Raab y Rut que demostraron que, en ese tiempo, la salvación era por fe porque ellas no eran parte del pueblo de Dios, no eran judías, pero Dios las eligió para que en su momento confesaran fe por el Dios de Israel.

Después de Cristo la fe fue mejor definida dando un nombre a la persona, Jesucristo.



Llegamos al final de esta serie dando gracias a Dios por su discernimiento y sabiduría a nuestra hermana Cathy Scheraldi de Núñez de Mujer Para la Gloria de Dios hacer estos estudios de tanta bendición para poder escudriñar y encontrar a Jesucristo en el Antiguo Testamento.

Oramos a Dios a que nos ayude a apreciar la profundidad de lo que ha hecho por nosotras y que lo sigue haciendo a través de Cristo. Al finalizar esta serie nos vamos con la convicción de que toda la Escritura es inspirada por Dios y de que Jesús es el centro de toda la Escritura.

En Su Gracia

KARLA



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